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Ante el avance de la lucha feminista y la creciente visibilización de la violencia machista, una gran cantidad de varones se plantea qué hacer para oponerse al patriarcado, sin caer en el protagonismo, la invasión de espacios ajenos o la falsa deconstrucción.

 

Texto Eduardo Santachita.

 

Mientras Diego espera que Camila, su cónyuge, vuelva de jugar al fútbol, le pregunta por whatsapp a su hermana mayor si “37 y tres rayitas” es fiebre, porque “la nena estaba medio caída”. “¿Le doy algo, la llevo a la guardia?”, inquiere el joven padre desde el celular. Su hermana interrumpe la recorrida de rostros en Tinder para responderle: “Es re poquito, esperá y después contame cómo sigue”.

“La masculinidad es una construcción social, no un dato biológico, es un rol que se asigna a aquellas personas que son entendidas como varones al nacer”, explica el psicólogo Luis Ávalos, responsable del área de masculinidades de la Red de Psicólogxs Feministas. “Nadie nace varón”, dice. Según el especialista, existe la idea de un varón hegemónico. “Es la masculinidad oficial, los hombres que podés ver en publicidades de revistas, los ídolos… pero hay otras masculinidades”, sostiene. Y describe: “Si soy varón se espera que sea fuerte, que me guste el deporte y las mujeres, y tengo habilitada la posibilidad de la violencia”. En ese punto coincide con Cristian Jaime, que también es psicólogo y forma parte de la Asociación Civil Infancias Libres, donde da charlas sobre niñez trans. “Los monarcas, desde el siglo XVI, eran los únicos que podían dar muerte y, por supuesto, eran varones”, dice Jaime. “Desde Aristóteles hasta las neurociencias se nos explica que mujeres y hombres tienen una diferencia no sólo física, sino cognitiva; incluso se ha planteado que la mujer sólo tenía ‘sentido común’, sin posibilidad de abstracción”, subraya. Además, Ávalos usa un ejemplo cotidiano para explicar que la violencia es constitutiva de la masculinidad: “Si un varón va por la calle con una chica y otro hombre le dice una grosería, se espera que él se agarre a trompadas. Tiene incorporado el derecho a la violencia, y aunque pueda no ejercerlo, está llamado a proteger lo suyo, su patrimonio”.

 

Camino a desandar

La organización familiar, aunque hoy sea más diversa, es patriarcal. “Nadie te educó para que las tareas de cuidado puedan ser tuyas, y es un laburazo”, dice Andrés Arbit, realizador audiovisual y miembro de la Secretaría de Nuevas Masculinidades de la Federación Argentina Lgbt. “Al principio me hacía mucho ruido ¿Por qué ordeno? ¿Por qué limpio? A mi abuelo si lo veían con sus bebés a upa lo trataban de maricón, pero eso, muy de a poco, está cambiando”, relata. “En nuestros tiempos, hay un modelo de padre presente, pero en situaciones de recreación. Es mucho más fácil paternar en un restaurante de comida rápida que en la guardia del hospital”, compara Mauro Alarcón, que desde su cuenta de Twitter MauroEnConstrucción(@_elmauro) a partir de 2017 contó las vivencias con su hijo trans. “Me viene naciendo un hijo de 12 años”. “En el lugar exacto en el que antes estuvo 12 años mi hija”, dicen los primeros tuits de un hilo conmovedor. “Una de las cosas más fuertes que me pasaron cuando mi hijo salió del closet fue darme cuenta lo que me costaba decirle ‘¿Cómo andás, lindo?’ Porque en general a los varones se les dice ‘mostro’, o ‘campeón’, y después del shock inicial me di cuenta de que era una ridiculez infinita”, recuerda. Hoy Mauro forma parte de grupos de varones antipatriarcales, y explica las dificultades de ponerse al día con las tareas que, generalmente, hacía su esposa: “Cuando empecé a pedir turnos, presenciar los tratamientos, ayudar con los deberes y demás, me di cuenta de que mi ex me llevaba 20 años de ventaja. De golpe me avergonzó tener que llamarla para preguntarle cuál de mis nenes tuvo varicela”, reconoce. Y comenta: “Me interesa construir nuevas alianzas entre varones que no sean la complicidad machista. Los varones cis nos tenemos que juntar para reflexionar sobre nuestras prácticas y nuestros privilegios”.

 

Visibilizar y acompañar

Justamente, haber tomado conciencia de esos privilegios es lo que llevó a Andrés Arbit y Gustavo Gersberg, también director, a unirse con la socióloga Lucila Rodríguez Iglesias para crear Privilegiados, un proyecto autogestivo que, desde enero pasado, postea videos en Instagram para interpelar a los hombres sobre estas cuestiones “de varón a varón, en primera persona”. Arbit reconoce: “Yo era uno de esos que decía ‘ni machismo ni feminismo’. Cuando en 2015 leí la noticia de que moría una mujer cada 26 horas por violencia machista, empecé a instruirme y dije: ¿qué puedo hacer para cambiar esto? Y me respondí: ¡Videos!”.

Por su parte, el sociólogo Jorge Elbaum, que investiga sobre género desde fines de los ’80, explica: “El patriarcado es una construcción cultural de la que todos formamos parte, es una máquina de construir sujetos violentos, que viven en guerra, consciente o inconscientemente, contra las mujeres”. Y esa mitad del mundo vulnerada empieza a cuestionar los privilegios que la otra mitad aprovecha, a veces ingenuamente. “Las mujeres, como hijas del patriarcado, también lo reproducen, pero una gran cantidad de ellas se está rebelando contra esa misoginia institucionalizada y, desde nuestro rol de varones, la clave es construir masculinidades compatibles con feminidades libres”. Los entrevistados coinciden en que lo mejor que los varones pueden hacer para acompañar las marchas del #NiUnaMenos o el #8M se resume en una frase de Elbaum tan sencilla como elocuente: “¡Quedate con los pibes!”.

 

Cómo conectarse

Red de Psicólogos feministas: www.facebook.com/RedPsicologxsFeministas/

Asociación Civil Infancias Libres: www.facebook.com/infanciaslibres

Privilegiados: www.instagram.com/privilegiados_rrss/

Federación Argentina Lgbt: www.falgbt.org

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