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Dispuestos a transitar cientos de kilómetros para visibilizar problemáticas vinculadas a la infancia, cuatro ultramaratonistas conformaron la agrupación Corriendo Fronteras con el objetivo de demostrar que “siempre se puede ir un poco más lejos”.

Texto Natalia Concina.

 

La infancia y sus problemáticas no suelen ocupar los principales títulos de los grandes medios. De pronto, cuatro ultramaratonistas se ponen las zapatillas y corren 300 kilómetros, entonces las notas se multiplican exponencialmente y la meta está cumplida: el tema se instaló, al menos más de lo que estaba.

“Nuestro objetivo es ayudar a visibilizar una causa. Vemos que hay situaciones difíciles que niñas y niños viven diariamente y que los grandes medios tienen otras prioridades. Entonces nosotros ofrecemos nuestros pies para que ellos puedan gritar”, cuenta Alejandro Cáceres, uno de los cuatro deportistas de Corriendo Fronteras.

Alejandro se conoció con el resto de los corredores –Marcos Capurro, Damián Perea y Leandro Polidoro– en 2016, en una carrera de 100 kilómetros en Potrerillos, Mendoza. “Los cuatro iniciamos esa carrera individualmente, pero nos encontramos en el camino y conformamos un equipo que nos permitió sobrepasar la nieve, el frío, las dificultades del terreno y así llegamos”, recuerda.

 

Aventura colectiva

El año pasado, Marcos, quien ya había corrido en forma solidaria para algunas causas, los invitó a la primera aventura colectiva: unir 220 kilómetros en 48 horas para instalar en los medios el tema del Abuso Sexual en la Infancia (ASI) de la mano de Adultxs Por los Derechos de la Infancia, una organización conformada por sobrevivientes de este delito.

“Salimos de San Pedro, pasamos por Luján y terminamos en el barrio porteño de Flores. Durante la preparación, que llevó meses de reuniones, aprendimos mucho. Fue la época que más lloré en mi vida, pero también veía a esas personas hoy adultas de pie y pensaba: si ellas y ellos tienen esa fuerza, lo nuestro es mínimo”, asegura Alejandro.

Tras la experiencia decidieron darle forma a la agrupación y sumar a sus parejas, quienes se encargan de la logística y promoción de los eventos.

“Este año corrimos por las escuelas rurales. Nos acercamos a la Asociación Civil Padrinos de Alumnos y Escuelas Rurales (Apaer) y ellos nos contactaron con una escuela en el paraje Los Huesos, cerca de Tandil. Les propusimos el proyecto de correr y terminar en esa escuela, y ellos nos redoblaron el desafío: unir diez escuelas rurales de la zona. Nosotros aceptamos y así surgió nuestra segunda carrera, en la que recorrimos 280 kilómetros”, describe el joven.

Pero el sentido no es sólo mostrarle un tema a la sociedad: “El corredor va en busca de los imposibles. Cada ultramaratón es un desafío para superarnos y ese también es un mensaje para niñas y niños: mostrar que siempre se puede dar un poco más, para eso hay que poder soñarlo y laburar en equipo”, concluye.

 

Cómo conectarse | Corriendo Fronteras: Facebook: Corriendo Fonteras // somoscorriendofronteras@gmail.com

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