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A través de iniciativas de lo más diversas, en distintos ámbitos y geografías, miles de jóvenes eligen pasar a la acción. Lejos de los estereotipos y cerca del compromiso social, cada vez son más las ONG que encuentran en los sub-30 el apoyo esencial para llevar adelante su misión. Aquí algunos de los miles de proyectos en marcha que tienen a chicos y chicas como protagonistas.

 

Texto Andrea Vulcano y Felicitas Tedeschi.

 

Inspiración, cambio, fuerza, empuje, acción son, apenas, algunas de las palabras que surgen al definir el espíritu de decenas de miles de jóvenes que, a lo largo y ancho del país y a contramano de miradas estigmatizantes salieron a poner el cuerpo en esta pandemia, para sostener engranajes de solidaridad que atendieran el impacto aplastante del coronavirus.

Más allá de la exitosa campaña del influencer Santi Maratea, para reunir fondos a fin de comprar un medicamento que necesitaba una beba con atrofia muscular espinal se multiplican, día a día, las acciones con “sub 30” como actores centrales. “No es que a los jóvenes haya que enseñarles a ser agentes de cambio; ellos lo son. Lo que podemos hacer, desde el mundo adulto, es ayudarlos a canalizar esas habilidades para el bien común”, afirma la directora de Niñez y Juventud de Ashoka Argentina, Ariela Lijavetzky.

En esta edición, Tercer Sector recorre algunas iniciativas de bien común que tienen a los jóvenes como protagonistas.

 

EDUCACIÓN

 

Ayudar a la escuela

En el Programa de Jóvenes (PAC), de la Fundación del Viso, la energía se retroalimenta y el recorrido de Ayelén Tujeiro lo demuestra. “Empecé en el jardín de infantes Campanitas, uno de los centros que forma parte de la Fundación”, relata esta joven que, con sus 22 años, a punto de recibirse de docente de nivel primario y con el Profesorado de Historia en curso es una de las tres coordinadoras de la iniciativa.

En el marco de la pandemia, ella, también mamá, asumió la tarea de acercar a los y las adolescentes del PAC a sus escuelas. “Al principio fue muy difícil, porque en el PAC siempre fue importante estar presentes, la presencialidad” cuenta Ayelén. No obstante, destaca el rol que la Fundación cumplió, desde el punto de vista social, durante la etapa de más estricto aislamiento: “Se acompañó a las familias, desde lo alimentario y lo económico, pero el vínculo con los chicos y chicas se vio dificultado, porque muchos de ellos no contaban con celular”.

Pasados los meses más críticos de 2020, el vínculo directo con los pibes y las pibas del PAC –unos 60 adolescentes de entre 12 y 16 años– se pudo retomar poco a poco y se propusieron ser puente con la escuela. “Planeamos reuniones con los directivos, preceptores y docentes de las cuatro escuelas a las que van los chicos. Para los colegios, incluso, fue muy positivo sentir que tenían este otro espacio de educación no formal donde apoyarse”, señala.

 

Entre skates y tareas

Un año antes de la pandemia, el skate los había convocado a rodar una aventura en el corazón del Barrio 31 Carlos Mugica, muy cerca de la estación porteña de Retiro. Por aquel entonces, nadie imaginaba lo que 2020 traería consigo. Pronto, la decena de profes de entre 20 y 30 años que daba vida a ese espacio, al que concurren unos 60 chicos y chicas de 4 a 16 años, se transformó en una red de 100 voluntarios y voluntarias que, desde la virtualidad conformaron “parejas pedagógicas” de apoyo escolar.

“Somos casi 100 personas voluntarias, desde 19 años hasta 50 ó 60 años, que ofrecemos apoyo escolar a casi 80 niños, niñas y adolescentes del barrio. Además, hacemos actividades solidarias complementarias, como colectas de ropa, juguetes, dispositivos electrónicos”, cuenta Emilio Cornaglia, de 34 años, uno de los motores de la historia.

 

Una experiencia marplatense

Jóvenes Solidarios Mar del Plata surgió en el 2002, cuando un grupo de adolescentes se juntó para dar apoyo escolar en barrios vulnerables. Hoy, la OSC tiene alrededor de 60 integrantes, como Milagro Santeiros, de 23 años. Según su mirada, “la pandemia impactó en las juventudes, por un lado, reforzando su compromiso para con los demás y, por el otro, golpeó a las juventudes más vulneradas”.

Fue así que, el año pasado motorizaron una campaña solidaria llamada Héroe Colectivo, basada en donaciones de ilustraciones de artistas marplatenses y porteños. Mientras tanto, el apoyo escolar –que siempre había sido el pilar del trabajo de la OSC– se volcó a la virtualidad. Y a sus habituales tareas se sumó la creación del centro educativo ‘Jaime Torres’, junto con la Fundación SES, para acompañar a las juventudes en su inserción en el mercado laboral.

 

SALUD

 

Una OSC con historia

En la Cruz Roja Argentina, la participación de la juventud es inspiradora y, en lo que va de la pandemia, el rol que cumple es vital. “Los y las jóvenes participan como voluntarios y voluntarias en planificación, diseño y elaboración de propuestas, así como también, en la ejecución y la revisión de los programas, proyectos y servicios, con una mirada fresca, innovadora, transformadora y creativa”, describe Luciana Marino, coordinadora nacional.

Con la certeza que da el camino recorrido asegura que las “cualidades y aptitudes” de los jóvenes, así como también, “su experiencia en el terreno y el compromiso con la organización y con la comunidad a la que apoyan, contagia y promueve un cambio positivo en los demás”.

Desde la irrupción del coronavirus, la presencia de jóvenes se destacó en el operativo desplegado en el Parque Sanitario Tecnópolis. Hoy, aparte, jóvenes con pecheras de la ONG colaboran con los testeos de la provincia de Buenos Aires.

 

ASISTENCIA COMUNITARIA

 

De viandas y voluntades

Convidarte es un proyecto solidario que nació el 27 de marzo de 2020. Consiste en una red de voluntarios que cocinan en sus casas viandas nutritivas, que luego son distribuidas en distintos comedores del Amba. “Yo coordinaba un taller de apoyo escolar en la Villa 31 de la Asociación Civil Detrás de Todo y, cuando empezó la cuarentena, ante la pérdida de trabajos, los comedores empezaban a explotar de gente que necesitaba ayuda. Una pareja amiga de mis viejos me contacta y me ofrece preparar comida para que yo llevara al barrio”, relata Estanislao Gómez Minujín, de 27 años, sobre el origen de esta iniciativa, que rápidamente escalaría y se transformaría en lo que dio en llamarse Convidarte, motorizada por él, el Chino Saraví y Eloísa Collardin.

Ese día repartieron las primeras 60 viandas en el barrio. Hoy tienen que distribuir 6.000 por semana.

 

Protagonistas santiagueñas

Unos 300 kilómetros al norte de la capital de Santiago del Estero y en el corazón de la ecorregión del Chaco Seco, en la Argentina, marzo de 2020 encontró a las protagonistas del Frente de Mujeres del Salado Norte con más de seis años de recorrido.  #AisladasPeroNoSolas fue una de las herramientas que crearon para, en medio del aislamiento social preventivo y obligatorio (Aspo), seguir retroalimentándose. Y “Juntas, conectadas y en resistencia” fue el nombre de su grupo de Whatsapp para dejar fluir el torrente de saberes que cada una podía aportar. “Uno de los aspectos sobre los que más tomamos conciencia durante la pandemia fue la brecha digital de estas mujeres: sólo una de cada cuatro contaba con acceso a la virtualidad”, describe Lucrecia Gil Avellaneda, una de las responsables de proyectos de la organización.

La meta fijada para 2022 es que cada comunidad pueda contar con un pequeño centro digital en el que se pueda formar a otras mujeres. Pero el movimiento va mucho más allá. “Estamos trabajando con plantines, plantas nativas y aromáticas. Otras compañeras hacen costura, bolsos, mochilas reciclables. Además estamos tratando de que no se tale mucho el monte”, cuenta desde la comunidad Piruaj Bajo, departamento Copo, Carla Ruiz, de 28 años, una de las referentes de la Red.

 

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