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La metodología circense se posiciona aquí y en el mundo como una alternativa transformadora e inclusiva. Las escuelas del Circo Social del Sur albergan, cada año, a más de 400 chicos que encuentran, allí, la oportunidad de aprender oficios o terminar la escuela.

Texto Magalí Sztejn.

 

“El circo fue transformándose de manera significativa, tanto en su práctica como en su objetivo, transitando su evolución desde una concepción más como arte escénico, a una metodología con fines sociales y educativos, además de artísticos. Con el traslado de la práctica desde las carpas multicolores hacia diversos espacios comunitarios, fue constituyéndose en una innovadora y poderosa estrategia de trabajo comunitario”, cuenta la fundadora y directora general de Circo del Sur, Mariana Rufolo, quien además es fellow de Ashoka, por lo que forma parte de la red mundial de emprendedores sociales. Luego de realizar giras nacionales e internacionales, la artista descubrió el poder del circo para comunicar y transformarse, y decidió impartir un taller en las escuelas, empezando en las zonas más postergadas de la Ciudad de Buenos Aires. Más tarde, la compañía llevó su espectáculo a la Villa 24, donde el entusiasmo de los niños del barrio impulsó la creación de un curso de tres meses sobre fabricación y uso de zancos.

Sin embargo, fue a comienzos de la década del ’90 cuando la organización comenzó a implementar una novedosa mirada que dio a conocer como “circo social”, sin saber que ese abordaje ya se efectuaba en otros países de la región, como Chile y Brasil. “Desde hace más de 25 años –puntualiza la referente–, nuestro ADN es la combinación de las artes circenses y las ciencias sociales, sistematizando una metodología de intervención, donde las disciplinas propias del circo posibilitan la reflexión sobre los valores y habilidades fundamentales que hacen al desarrollo humano y la vida misma”. De este modo, el arte funciona como motor para la transformación, ya que promueve y potencia el desarrollo de diversas destrezas, tanto a nivel individual como grupal.

 

Enseñar y aprender

Cada año, más de 400 jóvenes en situación de vulnerabilidad participan en las escuelas de Circo del Sur, ya sea desde el programa Cuerda Firme, destinado a fomentar la empleabilidad y la continuidad educativa, como en espacios recreativos de enseñanza y aprendizaje. Desde el juego, el afecto y la creatividad, se empodera a los participantes para que puedan enfrentar los desafíos futuros más fortalecidos. En las clases se interroga y se experimenta, generando dinámicas de creación basadas en la cooperación y la confianza, al tiempo que la palabra de los protagonistas se instituye como el insumo esencial para la creación de espacios amigables y potenciadores de su desarrollo. Así, el circo se experimenta como un medio poderoso para impactar positivamente en la vida de las personas, aportándoles la fortaleza para hacer frente a la realidad que atraviesan.

“Consideramos que el arte en general y el circo social en particular constituyen un mecanismo para generar nuevas formas de pertenencia, participación y organización comunitaria. Con la práctica de actividades circenses, cada joven de-sarrollará la capacidad de riesgo, de enfrentar y vencer miedos, de perseverar, de concentrarse y de trabajar en equipo. Nos otorga la posibilidad de observarnos a nosotros mismos y al otro; de tomar conciencia de nuestros movimientos en un espacio físico determinado y nos permite desarrollar nuestra capacidad para resolver creativamente situaciones o conflictos cotidianos”, fundamenta Rufolo.

 

En plena expansión

El circo social crece cada día más en Argentina. Actualmente, Circo del Sur acciona en las provincias de Tucumán y Jujuy con 11 organizaciones circenses que implementan esta metodología. A su vez, se trabaja en conjunto desde la región, para llevar diversos proyectos adelante. De hecho, recientemente se realizó en el país el Primer Encuentro Internacional de Circo Social, que tuvo lugar en la sede de la Organización de Estados Iberoamericanos. Durante tres días se efectuaron múltiples actividades con referentes que llegaron desde distintas partes del mundo para contar sus potentes experiencias. Asistieron personalidades como Patrice Albertin, de la Escuela Nacional de Montreal (que compartió los resultados de las investigaciones sobre el circo en la escuela secundaria); Emmanuel Buchud, jefe de Relaciones Públicas de Cirque du Soleil, y Alejandra Jiménez, directora de Circo del Mundo Chile, entre otros.

Es por eso, que desde Circo del Sur se sienten cocreadores de una iniciativa innovadora que años después dio origen a la construcción de un gran movimiento alrededor del mundo, que hoy crece y se multiplica, con redes propias y organizaciones colectivas, como la Federación Iberoamericana de Circo. Lo cierto es que esta metodología logró que las disciplinas circenses sean una bella excusa para encontrarse con lo que cada uno es; con sus capacidades y limitaciones, pero animándose a liberar todo su potencial. “Nos proponemos una educación integral, generando en los jóvenes confianza en sí mismos para descubrir sus talentos, colocando a la creatividad, lo experiencial y la construcción vincular en el corazón del aprendizaje, abriendo horizontes vitales”, resume Rufolo.

 

Cómo conectarse

Circo del Sur: www.circodelsur.org.ar / contacto@circodelsur.org.ar

Circo del Mundo: www.elcircodelmundo.com

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