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Desde 2010, los estudiantes de la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario deben participar del relevamiento sanitario de una población para graduarse.

Recorrieron más de treinta ciudades de cuatro provincias, donde detectaron que predominan las enfermedades generadas por los agroquímicos.

 

Texto Gabriel Tuñez.

 

El primer objetivo fue que los estudiantes del Ciclo Práctica Final, la última materia en el cronograma académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), no rindieran su examen definitivo para obtener el título en un aula cerrada y frente a un bolillero. Damián Verzeñassi, médico entrerriano y director del Ciclo, pensó, junto con sus colegas, una alternativa. En septiembre de 2009, definieron que “nada es mejor que evaluar la práctica” de un estudiante en la etapa final de la carrera universitaria “en la práctica misma”. Así surgieron los Campamentos Sanitarios, en los que los estudiantes tienen la obligación de participar y relevar el estado de salud de una población. El primero se llevó a cabo en diciembre de 2010 en la localidad de Santa Isabel, a unos 300 kilómetros al sur de la ciudad de Santa Fe. “Íbamos a un lugar que no conocíamos para hacer algo que nunca habíamos hecho y que nunca nadie había hecho. Fue el único campamento en el que la participación fue voluntaria porque funcionó como una prueba piloto”, recuerda Verzeñassi en diálogo con Tercer Sector.

Instaurar esta metodología de evaluación, sin embargo, no fue fácil. “Tuvimos mucha resistencia de algunos colegas docentes y de los estudiantes, fundamentalmente, porque se negaban a tener que ir a una comunidad afuera de Rosario. Decían que habían estudiado y tenían que recibirse ahí. Fue muy duro poner en discusión con los estudiantes la idea de que no sólo se estaban recibiendo de médicos por su esfuerzo personal, sino que el mayor esfuerzo lo habían hecho, sin conocerlos, 40 millones de argentinos y argentinas para que pudieran estudiar en una universidad pública”, puntualiza.

Cincuenta y un estudiantes y dos docentes llegaron a Santa Isabel en el primero de los 38 Campamentos Sanitarios concretados hasta el momento. El último se estableció entre el 10 y el 14 de junio pasado en Villa Elisa, Entre Ríos, una ciudad de más de 12.000 habitantes. Para abarcar a la mayor parte de la población asistieron también estudiantes de Medicina de las universidades nacionales de Entre Ríos y La Plata.

 

200 mil casos

En su historia de casi una década, los campamentos recorrieron localidades y ciudades de cuatro provincias (Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Buenos Aires) y allí elaboraron unas 200.000 historias clínicas. En promedio entrevistaron a más del 65 por ciento de los pobladores de cada sitio. Los estudiantes y docentes se alojan en clubes, escuelas o casas de familia. Los lugares no son elegidos por la facultad, sino que reciben invitaciones de las propias comunas para hacerlo.

El campamento sanitario como dispositivo de evaluación está pensado para llevarse a cabo en cinco días y contempla distintas actividades, entre ellas el relevamiento domiciliario: una visita casa por casa como parte de una lógica de barrido que le permite a los estudiantes tener datos de toda la ciudad. “Esto nos posibilita evaluar si el estudiante puede hacer una entrevista, vincularse con sujetos en construcción de un saber colectivo e identificar datos significativos para un diagnóstico, que son las cosas que un médico debe saber para recibirse. La entrevista es el primer paso de la estadística médica”, explica Verzeñassi.

La encuesta que los alumnos hacen a los habitantes apunta a conocer al núcleo familiar, sus problemas de salud, los nacimientos y las causas de muerte en los últimos 20 años. En los días siguientes, también visitan las escuelas de la localidad o la ciudad para examinar físicamente a los alumnos. “El médico tiene que demostrar que sabe hacer un examen físico y aprovechamos esa instancia para saber la situación de los niños de ese pueblo”, agrega. Luego se realizan talleres de promoción de la salud para la prevención de enfermedades, en los que los estudiantes comparten con la comunidad el aprendizaje universitario.

La evaluación finaliza cuando los futuros médicos comunican a la comunidad los resultados del informe elaborado a partir de las encuestas y luego, conocen quién aprobó la última materia de la carrera y se recibió.

Verzeñassi advierte que en todos los lugares relevados “es el mismo” y refleja las consecuencias en la salud de los habitantes de un modelo productivo desarrollado sobre la base de la utilización de agroquímicos: problemas respiratorios, dermatológicos, malformaciones, abortos y cáncer. “A la pregunta: ¿identifica usted algún problema de salud en el pueblo?, aparece la respuesta casi calcada en los distintos lugares: los agrotóxicos, las fumigaciones, los aviones, los silos. Nosotros no esperábamos esto. Estamos hablando de la vida de la gente”, culmina el médico.

 

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