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En el mundo se desechan más de 1.300 toneladas de productos alimenticios al año y en la Argentina son 16 millones los que no llegan a la mesa de quienes más lo necesitan. Mientras la crisis exige un debate urgente en torno de este tema, varias empresas implementan diversas acciones para evitar el derroche.

 

Textos Marysol Antón.

 

Cuando en la Argentina aún sigue vigente la denominada Mesa del Hambre, y más del 50 por ciento de los niños, niñas y adolescentes son pobres (es decir, no sólo sufren penurias económicas, también tienen una alimentación deficiente), cada día se desperdician alimentos. Esa comida no se tira sólo en restaurantes, grandes compañías o supermercados: también pasa en numerosas casas, en las que las sobras van a parar al tacho de basura.

En el mundo, un tercio de todos los alimentos producidos para el consumo humano se desperdician. En números concretos: 1.300 millones de toneladas, según lo consigna el Fondo de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Es interesante desarmar esa cifra para ver cómo está compuesta. Por ejemplo, el 45 por ciento de las frutas y vegetales que se cosechan se desperdician. Lo mismo sucede con el 30 por ciento de los cereales. A su vez, de los 263 millones de toneladas de carne que se producen mundialmente cada año, se pierde el 20 por ciento, lo que representa algo así como 75 millones de vacas.

En simultáneo, previo a la pandemia, se sabía que 821 millones de personas padecen de hambre en el planeta. Pero, ¿cuál es la realidad de lo que pasa en la Argentina? Aquí se derrochan unas 16 millones de toneladas al año: 14,5 millones de toneladas son pérdidas y el resto desperdicios. Estos últimos representan un 12,5 por ciento de la producción total nacional agroalimentaria. Más del 40 por ciento del volumen desaprovechado corresponde a productos hortícolas y frutícolas. Estas pérdidas se dan en todo el proceso productivo, desde la cosecha hasta la distribución, y también en la venta minorista y hasta en los hogares.

 

El hambre urgente

En este escenario, ¿qué se puede hacer para cambiar la tendencia? Sin dudas, es fundamental el rol que jueguen las personas, pero también las empresas, porque ellas pueden generar un mayor volumen de recuperación de alimentos.

“Desde que comenzó la pandemia hay un lema que nos repetimos todos los días: si el hambre no se detiene, nosotros tampoco. Esta frase es la que nos impulsa y alienta ante tanta necesidad. Sabemos que cada vez es mayor la cantidad de personas que necesitan de un comedor social para alimentarse, que estas instituciones están asistiendo a familias enteras y no sólo a sus beneficiarios. Pero también, tenemos la certeza de que, si seguimos trabajando unidos y comprometidos en la lucha contra el hambre, podemos empezar a ser parte de la solución. Por eso también instamos a todos a sumarse a esta causa tan urgente”, comentó Marisa Giráldez, directora del Banco de Alimentos de Buenos Aires (BDA).

Desde marzo hasta hoy, esa entidad, que tiene como acción fundamental recuperar todos los alimentos que se puedan, lleva distribuido un 66 por ciento más de insumos que antes de la pandemia. Además incorporó a su red de trabajo a más de 150 nuevas organizaciones y colabora, cada día, con la alimentación de más de medio millón de personas. “Al inicio de esta emergencia sanitaria llegábamos a unas 170 mil personas por día, hoy esa cifra se multiplicó. Pero también lo hizo la cantidad que recibimos. En marzo, nos llegaban unas 325 toneladas mensuales, mientras que en septiembre crecimos a 1.100. En esto se ve lo esencial que son las empresas”, suma Giráldez.

El Banco de Alimentos fue uno de los actores esenciales para que en 2018 se sancionara la Ley Donal, que establece un régimen especial para que las personas y empresas puedan donar productos alimenticios a instituciones públicas o privadas de bien público para ser distribuidas entre la población más vulnerable. “Esta ley, en su artículo 9 protege a las empresas que quieren donar, porque la responsabilidad la absorbemos nosotros. Esto hizo que muchas pymes se sumaran a donar y nos facilitó mucho la tarea”, cuenta la directora de BDA.

Otra firma que fue parte del trabajo que implicó la sanción de la ley Donal es Cook Master. “Su existencia cambió algo esencial en lo que respecta a la donación de alimentos, cambiando la responsabilidad por el estado de conservación del alimento y trasladándola desde el donante al usuario final”, dice Nicolás Lusardi, director de la firma, y amplía: “Si bien éste fue un paso adelante, aún falta mucho por hacer. Es evidente que todos esos cambios no han sido suficientes para resolver el problema. Un ejemplo es que, en la mayoría de los alimentos secos, como los fideos, por ejemplo, la fecha de caducidad es muy inferior a la real. Entonces, ese alimento que podría estar disponible 10 años para el consumo, es descartado 8 veces antes de tiempo. Un cambio profundo en la regulación y acción sobre el consumidor será esencial para continuar mejorando en este campo”, agrega.

 

Manos a la obra

Según Unilever, que se comprometió en colaborar para que estos números se reduzcan, las claves para evitar el desperdicio de alimentos son: la planificación de las compras, el cálculo correcto de porciones, aprender a guardar los alimentos sobrantes y a organizar la alacena y la heladera con reglas fáciles de control de vencimiento, la creatividad a la hora de reutilizar los alimentos y la solidaridad de donar alimentos sobrantes.

“En términos de pérdida, trabajamos puertas adentro en nuestras plantas productivas: desde la planificación de la producción hasta la donación de producto próximo a vencer, para evitar el desperdicio”, agregan desde la compañía. Y amplían: “No contamos con leyes o proyectos puntuales, pero sí, el accionar respecto de las donaciones se rige a través de la Ley Donal. Además, gracias al trabajo en conjunto con Carrefour, la FAO y el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación hicimos posible que la Argentina se transformara en el primer país del mundo en contar con un Día Nacional (el 29 de septiembre) para concientizar sobre la pérdida y desperdicio de alimentos. Luego, la ONU lo elevó a Día Internacional”.

En esa línea, las empresas pueden adherir al Plan Nacional de Reducción de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos, que se encuentra bajo la órbita del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y apuntar a llevar adelante iniciativas y políticas públicas para prevenir y reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos en la Argentina.

Entre los supermercadistas, Carrefour también trabaja en el tema. “Hace años que combatimos el desperdicio de alimentos para impedir que estos sean desechados. En nuestra operación conviven la importancia del aprovechamiento de los alimentos para que los productos lleguen a las personas que más lo necesitan y, también, que todos los recursos que formaron parte de la producción de ese alimento no se desperdicien, permitiendo así un circuito más responsable y sostenible”, argumenta Francisco Zoroza, director de Asuntos Corporativos de Carrefour Argentina.

Durante este año, la cadena francesa rescató más de 80 toneladas de alimentos. “Logramos evitar el desperdicio de frutas, bebidas, lácteos y otros productos que se encontraban aptos para el consumo, pero que por volumen o proximidad de su fecha de caducidad corrían riesgo de desecharse. Transformamos esos alimentos en 400 mil platos de comida en medio de la pandemia. Y también contamos con góndolas de consumo inmediato, donde se ofrece la posibilidad de adquirir productos con fechas próximas a vencer a precios reducidos”, destaca Zoroza.

 

Multiplicar las acciones

Cargill es una empresa que trabaja fuertemente en la reducción de desperdicios y en ser cada vez más eficiente en los diferentes eslabones de los procesos operativos. En este sentido, son aliados a nivel internacional del Programa Mundial de Alimentos y de la Red Global de Bancos de Alimentos. “En la Argentina, este año fuimos partícipes de un gran rescate de papas liderado por la Red Argentina de Bancos de Alimentos, proveyendo parte de la logística necesaria, asegurando el inicio de la campaña”, destaca Julián Ferrer, coordinador de RSE/Sustentabilidad Corporativa Cono Sur de Cargill.

Las acciones de la compañía, en este sentido, también contemplan las alianzas con otros actores sociales: “También apoyamos las mediciones e indicadores del Proyecto Protein Plus de Solidagro, que incluye un capítulo de incorporación de frutas y verduras, a la vez que se reducen pérdidas de alimentos. Este último trabajo de gestión de datos y mediciones es muy necesario, pues nos permite trabajar sobre la eficiencia de los programas de asistencia. Además, está en línea con un trabajo anterior realizado también junto a Solidagro, en el marco del Programa Nacional de Pérdidas y Desperdicio de Alimentos. En él se desarrolló una investigación sobre la pérdida de alimentos en la cadena de cereales y oleaginosas, logrando un relevamiento con datos hasta entonces no disponibles”, completa Ferrer.

 

Sumar voluntades

Por su parte, Danone Argentina, con el lema One Planet, One Health, trabaja “Impulsando iniciativas de articulación público-privadas como ‘desperdicio cero’. Este trabajo atraviesa toda nuestra cadena del negocio, desde la producción hasta los canales de comercialización, en cada una de las áreas Productos Lácteos, Aguas y Bebidas y Nutrición Especializada”, cuenta Diego Buranello, director de Asuntos Corporativos de Danone Cono Sur.

“En un contexto social como el actual, como organización productora de alimentos tenemos una responsabilidad aún mayor. Gracias a la articulación y al trabajo interno de rescate de alimentos, durante los primeros seis meses del año entregamos más de 2 millones de kilos de productos lácteos y bebidas, a través de 50 organizaciones sin fines de lucro que contribuyen a reducir el hambre de quienes más lo necesitan”, suma Buranello.

Algunas compañías, como Burger King, suman a los consumidores a sus campañas. Durante octubre, la empresa donó el equivalente a las unidades vendidas al Banco de Alimentos de Buenos Aires, que se encargará de distribuirlo entre más de 1.100 comedores de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano.

 

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