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En Villa María, Córdoba, una arquitecta desarrolló paneles compactos para la construcción usando cáscaras de maní como materia prima. La iniciativa está a las puertas de dar el salto hacia la producción en escala.

 

Texto Andrea Vulcano.

 

La sinergia que una idea concebida en un laboratorio puede generar cuando sus resultados son llevados al terreno, tiene innumerables ejemplos. Uno de ellos es, sin duda, el desarrollo de una arquitecta cordobesa, investigadora del Conicet. Todo empezó por el maní. Sí, por el maní y por la problemática que el desecho de su cáscara representaba para el medioambiente de una de las tantas localidades de la provincia cuyos corazones laten al ritmo de ese cultivo.

Hoy, esas cáscaras lucen, vistosas, en paneles compactos para la construcción que, en poco tiempo, comenzarán a ser producidos en escala. “El principal beneficio es de carácter ambiental, por la abundancia de este residuo y por el hecho de que no tenía una disposición sustentable a escala de su producción”, explica a Tercer Sector Mariana Gatani, hacedora de esta iniciativa, gestada hace quince años.

Bajo este procedimiento, las cáscaras de maní son aplastadas y compactadas, con lo cual los paneles exhiben una interesante trama de colores y texturas naturales, en la gama de los ocres, marrones y amarillos. A esa estética –que le aporta un gran valor agregado al producto– se le suman otras propiedades, como su aislación térmica y su carácter ignífugo.

El primer paso con que el desarrollo científico de esta arquitecta atravesó las fronteras del laboratorio y la investigación está hoy a la vista en los cielorrasos de algunas viviendas sociales construidas en la ciudad de Villa María.

“El proyecto de viabilidad de producción terminó a fines del año pasado y estamos muy cerca de licenciar la patente para la producción en escala”, cuenta con orgullo la investigadora. “Estamos en un pueblo muy pequeño, de dos mil habitantes, donde la principal fuente de ingreso es la manisera, y trabajamos con gente del lugar”, reseña. Se trata de la localidad de Las Junturas, ubicada a unos 120 kilómetros de Córdoba capital y a 75 de Villa María.

“Fue una experiencia novedosa y lo será mucho más por lo que esperamos por venir, que es el escalado y la incorporación del producto en un circuito de producción regular y sostenido”, agrega Gatani, para quien el puntapié inicial de esta historia se ubica en su tesis doctoral, que puso el foco en un residuo agroindustrial que “representa un problema para el sector y para el entorno de las plantas”.

En lo que atañe al mercado internacional del maní, Argentina es líder, con la producción de un millón de toneladas al año promedio, de las cuales el 95 por ciento se concentra en el arco sur de la provincia de Córdoba.

“A diferencia de los paneles de madera, los de cáscara de maní tienen una textura atractiva y, además, para su procesamiento usamos una resina polimérica sin emanación de compuestos orgánicos volátiles, con lo cual no existe ningún riesgo para la salud de los trabajadores. De esta forma, esta producción no sólo transforma un agroresiduo en insumo sino que, además, no genera impacto ambiental en su proceso”, afirma la arquitecta. Quizás sea un ejemplo para apoyar y seguir.

 

Cómo conectarse: Mariana Gatani: mgatani@hotmail.com

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