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La falta de acceso al agua y el impacto que esto genera en la salud revela que el planeta está atravesado por la inequidad. La Argentina no escapa a esta realidad. Aquí, la situación se ve agravada por la pobreza, contaminación, sequías e inundaciones. Distintas iniciativas de organizaciones sociales procuran garantizar este derecho básico a miles de personas, especialmente en esas zonas del país donde el Estado no llega.

 

Text Silvina Oranges y Andrea Vulcano.

 

Tres de cada diez personas en el mundo no tienen acceso al agua potable, y seis de cada diez, a servicios de saneamiento seguros. Sin duda, los números del Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos, difundido este año, exhiben las grandes desigualdades que en este aspecto existen dentro de las regiones y países, intrínsecamente ligadas a la pobreza y la vulnerabilidad.

La situación argentina no escapa a esa realidad: los datos oficiales muestran que 6,5 millones de personas no tienen acceso al agua por red pública. En tanto, en el Informe País de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2018, se estima que unas 16,7 millones de personas no cuentan con cloacas.

La Asamblea General de las Naciones Unidas consagró, en 2010, el derecho de toda persona a “disponer de agua suficiente, segura, aceptable, accesible y asequible para uso personal y doméstico”, y estableció que eso comprende al “agua para el consumo, el saneamiento, la preparación de alimentos y la higiene”.

Sin embargo, el panorama presente y futuro muestra un escenario alejado del cumplimiento efectivo de ese derecho humano fundamental: factores como el uso indiscriminado de los recursos, la preponderancia de intereses económicos, la pobreza, la contaminación y el cambio climático ponen en riesgo los recursos hídricos del planeta.

Un relevamiento realizado por Tercer Sector entre Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), muestra que en la Argentina –con un 32 por ciento de su población bajo la línea de pobreza– la falta de acceso al agua, su mala calidad, la contaminación de las napas, las sequías e inundaciones, y la falta de políticas de Estado integrales, constituyen las problemáticas más acuciantes en esta área.

 

Desigualdades

“Es muy difícil trazar una radiografía general”, sostiene Andrés Nápoli, director ejecutivo de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (Farn), quien agrega que “la cuestión del acceso al agua es una problemática desigual en el país, porque depende de su disponibilidad y, también, de los recursos económicos de la población”, agrega.

En este sentido, subraya que “mientras hay regiones con escaso acceso, hay otras, como la metropolitana, en las que si bien hay disponibilidad, la situación es muy crítica por la contaminación”. En este punto, vincula la accesibilidad al poder adquisitivo de los usuarios: “Es una realidad que quienes tienen mejor situación económica, tienen mejor acceso al agua y al saneamiento”, resume en diálogo con Tercer Sector.

Por su parte, Patricio Sutton, referente de la Red de Comunidades Rurales, sostiene que, “en contextos rurales, el agua lo es todo. Más allá de ser esencial para cualquier ser humano, en las ciudades, donde la mayoría de las veces está al alcance de una canilla y es potable, no se repara en su funcionalidad en el sistema sanitario y, menos aún, en sus implicancias para la producción de alimentos”, señala desde Oberá, Misiones, uno de los lugares en los que se encuentran en marcha iniciativas multiactorales tendientes a subsanar esta perenne deuda social.

“En miles de comunidades rurales de Argentina y otros países, el agua no es fácilmente asequible ni tampoco potable; y suele estar contaminada a nivel bacteriológico, por agroquímicos o percolado de sustancias tóxicas depositadas en basurales a cielo abierto. En algunas regiones, también en forma natural, se verifica la presencia de arsénico u otros elementos o compuestos minerales. Allí no existen sistemas cloacales ni agua corriente”, advierte Sutton.

En este sentido, cuenta que “en cientos de comunidades aborígenes, mujeres y hombres dedican horas a buscar agua” y asegura haber visto “familias enteras subsistir con el agua de un estanque sin correntía en el que también beben animales de granja y salvajes”.

En tanto, Nápoli señala que “los datos sobre acceso al agua son muy escasos” y subraya que el sector que más consume es el agropecuario. “No se analiza cómo impacta el uso que se hace de ese recurso en los suelos y en las napas. Hay muchas discusiones que no se dan y al tema sólo se lo toma desde el punto de vista de la obra pública”, critica el director ejecutivo de la Farn.

Su afirmación se condice con la realidad: en el Informe País de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2018 se indica que el 74 por ciento de la extracción total de agua dulce en la Argentina corresponde a la actividad agrícola, mientras que la industria utiliza apenas el 10,6 por ciento y, las administraciones municipales, el restante 15,5 por ciento.

 

Meta: sed cero

El 70 por ciento del territorio argentino es árido o semiárido; por lo tanto, resulta vital la manera en la que se gestiona su uso. Luego de una gran sequía que afectó el norte del país hace seis años surgió Sedcero, una red de actores públicos y OSC que busca garantizar el derecho al agua y al saneamiento.

“Es una iniciativa colectiva que surge a partir de problemas que vemos en el territorio y la necesidad de los actores de buscar soluciones”, dice a Tercer Sector Paula Juárez, coordinadora nacional del programa que actúa en la región del Gran Chaco Americano, región que abarca trece provincias argentinas, tres regiones de Bolivia y el departamento paraguayo de Boquerón. Allí viven agricultores familiares que sufren las consecuencias de recurrentes sequías e inundaciones, agravadas por el avance del desmonte.

Un ejemplo del trabajo que realizan se da en comunidades del Salado Norte, donde las napas subterráneas contienen sal y arsénico en exceso. Para dar respuesta a esta problemática, promovieron la producción comunitaria de cisternas de ferrocemento y ya llevan construidas unas 80 que dan agua segura a la población.

“Llevamos muchas décadas de retraso en el diseño y la planificación. No es un problema sólo de la Nación, sino también de las provincias y los municipios”, advierte Juárez. En este marco, remarca que mientras se avanza en el diseño de las redes troncales, “no se prevén las conexiones reales a los hogares”.

Las OSC cuestionan que las obras sean diseñadas en base a estadísticas desactualizadas –del Censo 2010– y el criterio para su planificación. “Se apuntó a las grandes ciudades concentradas en la Región Pampeana y así se sigue generando una asimetría entre las distintas provincias”, evalúa la coordinadora de Sedcero. “Si no hay una planificación más sistémica e integral, las obras siempre van a quedar chicas”, remarca.

 

Calidad vs. Cantidad

El problema del agua no se presenta solamente en las provincias. La Ciudad de Buenos Aires también tiene deficiencias en el modelo de distribución. Nahuel Schenone, especialista en agua y ambiente de la Fundación Bosques Nativos Argentinos para la Biodiversidad, explica que, “si bien se potabilizan muchos litros, también se pierden muchos otros en el proceso de distribución. En los grandes centros urbanos, hay una cuenta pendiente con la calidad. Si se tomaran muestras, probablemente veríamos que hay parámetros que están en los límites de los recomendados para el consumo humano”, añade.

En tanto, en el conurbano bonaerense, el denominador común que aparece es la contaminación de las napas por arsénico, nitratos, cromo y uranio, entre otras sustancias. “No se puede hablar de acceso al agua y políticas públicas sin tener en cuenta la contaminación. Es el problema más grave que enfrentamos hoy, por las consecuencias sanitarias que conlleva. Se ha registrado una mayor cantidad de casos de gastroenterocolitis en niños y otras enfermedades asociadas al consumo de agua no potable”, señala el especialista.

A nivel provincial, hay algunas con agua de calidad y en abundancia, y otras donde escasea o viene contaminada, como Chaco, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja y Formosa, entre otras.

Bosques Nativos trabaja en distintas provincias para que el acceso al agua potable sea una realidad. En la mendocina Reserva Bosques de Telteca, un área protegida de 30 mil hectáreas, utilizan tecnología solar, en una tarea articulada con la comunidad Huarpe que habita el lugar –dedicada a la producción caprina– y la Dirección de Recursos Naturales Renovables de la provincia.

 

Empoderados

La Red de Comunidades Rurales coordina un proyecto estratégico de acompañamiento, capacitación, evaluación y monitoreo de proyectos socioambientales financiados por el Programa de Pequeñas Donaciones del Fondo para el Medio Ambiente Mundial. “La mayoría de las familias y comunidades lo que precisan es acompañamiento, educación de calidad, capacitación, apoyo técnico y tecnológico, y oportunidades. Cuando se les brindan herramientas, los resultados son increíbles”, postula Patricio Sutton.

Uno de esos proyectos se desarrolla en Las Breñas, en el sudoeste de Chaco: busca promover el trabajo asociativo de las organizaciones de agricultores familiares y, en articulación con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta), mejorar la situación del agua para el consumo y la producción.

Oriunda de Rosario, pero chaqueña por opción, desde hace 24 años Gabriela Faggi encabeza en Las Breñas una Agencia de Extensión Rural del Inta. Allí, las problemáticas son la mala calidad de las aguas subterráneas y las sequías. “Hemos tenido lapsos de hasta siete meses sin agua y, entre los pobladores, no había ninguna familia que tuviera aljibe para cosechar agua de lluvia”, relata. Por eso, apostaron por una tecnología experimentada en Brasil, consistente en la construcción comunitaria de cisternas con placas de cemento. Para eso capacitaron y acompañaron a los propios pobladores. “Ya hicimos 450”, cuenta orgullosa Faggi.

 

Unidos por el agua

A 150 kilómetros de la ciudad de Córdoba, en Villa Tulumba, once comunidades rurales se abastecían del agua de arroyos que les permitieron sostener una agricultura de subsistencia y la cría de animales. Pero desde 2007 hasta 2013, una sequía causó estragos y las familias perdieron el 70 por ciento de sus animales y el 80 de huertas y chacras. Allí llegó la Fundación Plurales que, desde 2001, lleva adelante iniciativas de acceso al agua a través de tecnologías para la inclusión social. Con la construcción de un centenar de cisternas, ayudaron a mejorar la salud, la economía familiar y aliviaron el trabajo de acarreo del agua, generalmente a cargo de las mujeres.

“La falta de acceso al agua segura tiene impacto sobre la calidad de vida de manera directa. En zonas rurales, los habitantes dedican un promedio de entre cuatro y seis horas al día para abastecerse de agua, ya que deben recorrer varios kilómetros hacia fuentes que no siempre son aptas para consumo humano, lo que a su vez provoca enfermedades endémicas. La falta de agua afecta también la seguridad alimentaria y profundiza las desigualdades”, explica Paula Fortunato, referente de la organización y también integrante de Sedcero.

Plurales trabaja en zonas rurales con un sistema de cosecha de agua de lluvia a través de cisternas almacenadoras a las que llega el recurso a través de un techo de chapa captador, canaletas de distribución y bombas manuales de extracción. Así, dan respuesta a un problema y a la vez fomentan el trabajo comunitario, el asociativismo y la colaboración.

 

Paso a paso

Desde hace más de quince años, la asociación civil La Higuera, creada por un grupo de médicos de Rosario, trabaja en el Impenetrable chaqueño, en la atención de la salud de comunidades wichis y criollas. En 2010 puso en marcha, en el paraje Las Hacheras, la llamada Casa de la Pediatría Rural.

“Desde ahí hacemos un seguimiento de unas 3.000 familias que viven en 100 kilómetros a la redonda. Allí encontramos enfermedades típicas de la pobreza, relacionadas con la falta de control y prevención. También problemas nutricionales derivados de dietas a base de hidratos de carbono y grasa, pero con falta de otros nutrientes y de acceso a agua de consumo humano”, detalla Gustavo Farrugia, referente de la organización.

“¿Cómo hablar de salud sin tener provisión de agua segura y alimentos de valor nutritivo?”, cuenta que fue la primera inquietud, que los llevó a crear un centro nutricional y comenzar a darle forma a una huerta agroecológica que hace tres años consiguió sostener su riego a partir de agua dulce subterránea.

Luego de haber sido premiados en el Concurso del Agua –organizado por la empresa Coca Cola y la Fundación Vida Silvestre–, uno de sus grandes proyectos se hará realidad: podrán comprar dos anhelados tanques de agua que destinarán a implementar un sistema de riego por goteo y a almacenar agua para consumo. Así, el Centro Nutricional Materno-Infantil podrá ampliar las capacitaciones que ofrecen a los pobladores para que incorporen otro tipo de comidas a sus dietas, a partir de los productos de la huerta.

“La escasez o la mala calidad del agua genera todo tipo de enfermedades, infecciones y parasitosis. Las diarreas se cobran casi 2 millones de vidas en el mundo cada año y nuestro país alimenta esas estadísticas. Además, la falta de baños adecuados e higiene de manos se traduce en muertes que serían totalmente evitables”, sostiene Patricio Sutton.

 

Arte para transformar

“Hemos desarrollado un tipo de filtro cerámico para descontaminar aguas, de modo sencillo pero eficaz. No lo fabricamos ni vendemos, pero enseñamos a hacerlo”, afirman desde el Instituto de Ceramología Condorhuasi de la Ciudad de Buenos Aires. Se trata de una creación que el ceramista y poeta Jorge Fernández Chiti puso en dominio público gratuito para que cualquier persona pudiera hacerlo, venderlo o fabricarlo sin tener que pagar patentes ni derechos.

Colastiné Sur es el barrio más antiguo de la ciudad de Santa Fe, emplazado a la vera del Río Colastiné, que provee agua a la planta potabilizadora que abastece a toda la capital de la provincia. “Estamos a quince minutos en auto de Santa Fe, pero con muchas dificultades para el transporte público y sin red de agua potable”, consigna Celina Veloteri, la discípula de Fernández Chiti que llevó a Colastiné Sur la idea de que las familias construyeran sus propios filtros.

“La solución que habían inventado los vecinos fue instalar tanques en la vereda en los que semanalmente deposita agua la Municipalidad de Santa Fe, que llega en un camión que se encuentra oxidado, en muy malas condiciones, con lo cual, el agua no se puede tomar. Había gente que compraba el agua embotellada para consumo, pero no todos podían hacerlo y terminaban tomando la de los tanques”, cuenta Veloteri, de la Fundación Equipo de Producción y Construcción Alternativa.

A partir de 2012 se inició “un trabajo de hormiga, muy lento, para que la gente pudiera sumarse a la iniciativa de fabricar los filtros y usarlos en sus hogares. Es como hacer, en pequeña escala, el proceso de potabilización de una planta grande. Cualquier persona puede hacerlo y el filtro es muy simple de utilizar”, resume la ceramista, que ya entusiasmó también a jóvenes para que se involucren en la propuesta y fabriquen los filtros a través de una cooperativa.

 

Glaciares: una reserva clave

La Corte Suprema de Justicia de la Nación confirmó recientemente la constitucionalidad de la Ley de Glaciares al rechazar un planteo de la minera Barrick Gold. En la resolución, los jueces remarcaron la importancia de la norma, que “protege a los glaciares y al ambiente periglacial como reserva estratégica de recursos hídricos para el consumo humano y la agricultura, y como proveedores de agua para la recarga de cuencas hidrográficas”.

El fallo impactó negativamente en las mineras, que tienen en carpeta 44 proyectos cercanos o emplazados sobre cuerpos de hielo. “Los glaciares son una fábrica de agua y una caja de ahorro de este recurso”, afirma desde Córdoba Raúl Montenegro, presidente de la Fundación para la Defensa del Ambiente. En este sentido, si bien destaca que el fallo “deja intacta y aplicable una ley indispensable”, advierte que ahora “el desafío es su aplicación”.

En tanto, desde la Fundación Ambiente y Recursos Naturales afirman que la decisión de la Corte “vuelve a poner sobre la mesa que los intereses particulares no pueden pasar por alto las necesidades de un país de preservar sus bienes ambientales”.

 

Otra forma de curar

Con apenas 30 años, Nicolás Wertheimer es el hacedor del proyecto Agua Segura, una empresa social que, en sus cuatro años de vida, ya llegó a 2.000 familias con un servicio integral que combina tecnología innovadora con articulación social y ambiental.

Nicolás decidió estudiar Medicina para cambiar el mundo. “Empecé a ver en salitas de primera infancia del norte del país que el agua sin tratamiento causaba desnutrición y diarrea, segunda causa de muerte en menores de 5 años”, advierte en diálogo con Tercer Sector y señala una cifra de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que le quedó grabada a fuego: “Por cada dólar invertido en agua segura, se ahorran 38 dólares en otras temáticas sanitarias”. Entonces, tomó una decisión que transformó su vida: empezó a dedicarse a la prevención primaria y cambió el hospital por el vaso de agua.

Sus primeras visitas fueron a comunidades vulnerables del Noroeste, donde el agua de los ríos y arroyos bajan turbias. “Empecé llevando tecnología que la OMS había señalado como los mejores filtros de agua del mundo para el tratamiento en zonas vulnerables”, explica.

Agua Segura nació en el año 2015 como emprendimiento social y hoy cuenta con un equipo de 20 personas integrado por médicos, ingenieros, comunicadores y especialistas en administración, “un mix interesante entre el sector social y el privado”, resume Wertheimer sobre esta peculiar iniciativa, que ya cuenta con certificación de Empresa B y proyecta expandirse a Uruguay y Colombia.

 

Números globales

  • 1 de cada 4 escuelas primarias en todo el mundo carece de abastecimiento de agua potable.
  • El 71% de la superficie terrestre está cubierta de agua, pero sólo el 2% es potable.
  • Más de 700 niños menores de 5 años mueren todos los días de diarrea debido al agua insalubre o a un saneamiento deficiente.
  • En 8 de cada 10 hogares de los que carecen de agua, mujeres y niñas son las encargadas de recoger el agua.
  • 68,5 millones de personas que se vieron obligadas a huir de sus hogares tienen problemas para acceder al abastecimiento de agua potable.
  • Fuente ONU.

 

Planes y objetivos

El Plan Nacional del Agua Potable y Saneamiento, lanzado por el Poder Ejecutivo en 2016, se fijó como meta que en 2023 todos los hogares urbanos del país tengan agua corriente y que el 75 por ciento esté incorporado a la red de cloacas. Esto implica, según el Gobierno, obras para incorporar a 8,2 millones de personas a la red pública de agua potable y 8,9 millones a la de cloacas, con inversiones del orden de los 22.000 millones de dólares.

 

Obra pública

“Con el foco en la salud de la población, se trabajó fuertemente en el eje de construcción de cloacas, creciendo en un porcentaje de cobertura mayor en este sentido que en el ítem agua,” aseguran a Tercer Sector desde Agua y Saneamientos Argentinos (AySA), empresa que funciona bajo la órbita del Ministerio del Interior, Obras públicas y Vivienda de la Nación. En este sentido, consignan que en el área de concesión (Ciudad de Buenos Aires y 17 partidos del conurbano) fueron incorporadas 629.000 personas a la red de cloacas y 393.000 a la de agua. La población alcanzada por el servicio de cloacas pasó del 64 al 68 por ciento, mientras que la de agua, del 84 al 85 por ciento. La Matanza, Almirante Brown, San Martín, Esteban Echeverría, Quilmes, Hurlingham, Lanús y Lomas de Zamora fueron los partidos en los que más se expandió la red de cloacas, detallan.

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Cómo conectarse

Fundación Ambiente y Recursos Naturales (Farn): www.farn.org.ar

Red de Comunidades Rurales: www.comunidadesrurales.org

Programa Sedcero: www.Sedcero.org

Plataforma del Agua: www.plataformadelagua.org.ar

Fundación Bosques Nativos Argentinos para la Biodiversidad: www.bosques.org.ar

Fundación Plurales: www.plurales.org

La Higuera: www.lahigueraong.org.ar

Instituto de Ceramología Condorhuasi: www.condorhuasi.org.ar

Fundación Epyca: www.www.epyca.org.ar

Proyecto Agua Segura: www.aguasegura.com.ar

 

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