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Con sólo 18 años, David Riveros García fundó, en 2009, ReAcción, una organización que trabaja para lograr que ese país vecino sea más transparente y responsable.  ¿Las claves? A través de la Educación cívica y la participación ciudadana.

 

Texto Sofía Moure.

 

La historia comienza con una broma, pero termina en una ONG que lucha contra la corrupción, uno de los problemas institucionales de mayor envergadura en la nación paraguaya, país natal de este joven. Hoy, él acumula logros como haber sido Joven Embajador por la Embajada de Estados Unidos en su país; Global Changemaker, por el Consejo Británico del Reino Unido; consultor para el Banco Mundial, en el área de participación ciudadana, y líder de Ashoka.

“Estaba en el último año del colegio y mi hermano se inventa una broma de que con un amigo íbamos a candidatearnos a la presidencia del Centro de Estudiantes”, relata Riveros García a Tercer Sector. Luego, un intento de coima del que entonces presidía el Centro para que David y su amigo no se presentaran trajo una comprensión: “Algo debía estar demasiado mal para que un joven de nuestra edad tuviera recursos para hacer algo así”, recuerda.

–Ese fue el momento de quiebre para vos. ¿Qué pasó entonces?

–Sentimos la responsabilidad de actuar. Nos candidateamos en serio con mi amigo, casi duplicamos los votos y empezamos a investigar todo el consejo directivo, el por qué había tanto interés político en el colegio. Encontramos muchas irregularidades, por lo que a fines de 2008 hicimos una movilización y un paro. Fueron tres semanas que cambiaron mi vida, pero conseguimos que nos escuchen.

La pregunta que nos movió fue: ¿cómo puede un país decir que combate la corrupción, si su siguiente generación está siendo educada por gente corrupta? A partir de eso generamos una plataforma que pueda formar a la siguiente generación de activistas anticorrupción en el sistema educativo.

–¿Cómo fue enfrentarse a algo tan grande como la corrupción, siendo adolescentes?

–Lo que nos marcó mucho es que somos personas de familias muy humildes. Entonces combatir la corrupción en educación no era algo teórico o abstracto, se basaba en la cruda realidad de que no teníamos acceso a ciertas cosas básicas porque la corrupción nos las robaba.

–¿Y cuál fue la respuesta de la comunidad?

–No tuvimos buena recepción al inicio: nadie quiere apoyar a un grupo de jóvenes de 18 años que quiere combatir al problema más grande de Paraguay. Se rieron de nosotros, y les mostramos lo contrario trabajando.

–ReAcción surge de un gran movimiento participativo. ¿Cuál es el rol que le dan hoy en día a la participación ciudadana?

–No hay ningún cambio sostenible que no se base en acción comunitaria sostenida y disciplinada. Podés ser famoso individualmente por hacer cosas puntuales, pero los cambios que se sostienen en el tiempo no funcionan, si no hay comunidad que generan esas demandas ciudadanas y exigen la transformación. La acción colectiva es la que incrementa los costos políticos y reduce los espacios de corrupción, pero construir comunidades toma mucho tiempo, compromiso y concentración.

–¿Y la participación de los jóvenes?

–Nosotros enfocamos el trabajo de los jóvenes, pero hay muchos discursos que romantizan la juventud como un período de riesgo, revolución y desafío a la estructura, y no la definen como experta, capaz de contribuir al análisis y a la reforma de políticas públicas. Por ahí tiene que pasar la participación de los jóvenes.

Lo que me preocupa es que las tecnologías y las redes sociales han creado un imaginario colectivo de que todo debe ser inmediato, cuando las revoluciones y cambios sostenibles toman mucho tiempo. Por eso entendemos que es muy importante llegar a las y los jóvenes, y que es estratégico tener gente joven que le llegue mejor en comunicación y mensajes a sus pares.

–Hoy liderás un grupo de jóvenes agentes de cambio e interactuás con organismos repletos de gente mayor. ¿Cómo dialogás y generás un diálogo entre ambos grupos?

–Esos 12 años me enseñaron a lo bruto, qué es lo que yo puedo hacer dentro de mis limitaciones, contexto, recursos y capacidades humanas para avanzar en la agenda de transparencia y combate a la corrupción en nuestro país. No me siento un intermediario, porque no me corresponde. Creo que mi rol es tratar de generar avenidas desde las cuales las generaciones más jóvenes puedan cambiar las cosas.

–ReAcción ya tiene 12 años y sos su director ejecutivo desde hace ocho. ¿Qué desafíos tienen la organización y vos para el futuro?

–El futuro es incierto, pero el Banco Mundial ya ve esta iniciativa como algo global y están interesados en investigar cómo adaptarla a otros países. Además, lanzamos Quántico, un medio alternativo para narrar temas de anticorrupción y transparencia desde nuestra comunidad y nuestra perspectiva, que transmita a la ciudadanía, no sólo la información, sino qué puede hacer.

Mi desafío personal y con la organización es tratar de transmitir a las personas jóvenes que los cambios por los cuales estamos luchando, posiblemente no los vamos a vivir; y que lo que necesitamos hacer para poder cambiar las cosas no siempre es lo que queremos hacer. Porque lo que hacemos es externo a nosotros como individuos, está dirigido a la comunidad.

 

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