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Alzaron la voz para defender una causa. Inspiraron, movilizaron y constribuyeron a instalar en la agenda los temas que alcanzaron relevancia pública. En algunos casos, a raíz de situaciones personales. En otros, a instancias de reclamos colectivos. Todos tomaron un compromiso y, a través de sus acciones, dejaron una huella. Por eso los elegimos. Cada uno de ellos se convirtió en un referente, que desde su lugar supo asumir un rol protagónico. 25 hacedores en los últimos 25 años.

Texto Laura Eiranova.

 

Nora Cortiñas

Nacida en 1930 y madre tradicional de una familia de clase media del Conurbano bonaerense, su vida dio un vuelco la mañana del 15 de abril de 1977,cuando su hijo Gustavo fue secuestrado en plena represión ilegal de la última dictadura cívico-militar.

Ese día nació Norita, la que nunca cesó de marchar, buscar y reclamar por su hijo y los demás desaparecidos como parte de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, y se transformó en símbolo de todas las luchas por los Derechos Humanos y las libertades individuales.

Psicóloga social, fue titular de la cátedra de Poder Económico y Derechos Humanos en la Facultad de Ciencias Económicas (UBA) y es reconocida en todo el mundo por su incansable solidaridad y compromiso frente a cada conflicto gremial, social o en defensa de las víctimas de violencia de cualquier tipo. Donde hay una injusticia, ahí está Norita.

 

Papa Francisco

Desde que se ordenó cura hasta que se convirtió en arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Bergoglio asumió un fuerte compromiso social, interpretando los Evangelios como una vía para llegar a los excluidos y mejorar las condiciones de vida de los más pobres.

Al ser elegido Papa en 2013, tomó el nombre de Francisco, en honor a San Francisco de Asís, conocido por sus votos de pobreza y castidad y rechazó los lujos del Vaticano.“Me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres”, expresó en su llamado a una congregación más transparente, misericordiosa y de puertas abiertas.

Una de las grandes obras que acompaña su misión es Scholas, una organización presente en 190 países con 400 mil centros educativos, que pregona la cultura del encuentro a más de un millón de niños y jóvenes en el mundo.

 

Pedro Cahn

Tras su residencia en clínica médica eligió especializarse en infectología en el Hospital Muñiz, pero nunca imaginó lo que tenía por delante.

Tampoco era consciente cuando, en 1978, creó el primer servicio de infectología en un hospital público de adultos (el Fernández), al cual la Academia Nacional de Medicina empezó a derivar pacientes con síntomas e historias en común.

Los casos se multiplicaban hasta que, en 1983, se descubrió el virus del VIH/Sida. En 1985 llegó al país el primer test y Cahn pudo esclarecer su hipótesis.

Con la creación de la Fundación Huésped, reunió esfuerzos para investigar, hacer prevención y luchar contra la discriminación de los afectados, y se convirtió en el principal referente nacional en la materia, asesor, entre otros, de la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud.

 

Juan Carr

Desde chico tuvo una sensibilidad especial hacia los más vulnerables. Fue scout, visitó hospitales, hospicios y misionó en pueblos originarios. A poco de graduarse como veterinario, le diagnosticaron un cáncer que –confiesa– lo hizo aún más respetuoso del dolor propio y ajeno.

A los 33 años, junto a su mujer y tres amigos, creó Red Solidaria para conectar a quienes tuviesen una necesidad con todos aquellos dispuestos a ofrecer ayuda.

La reacción de la sociedad fue inmediata, masiva y conmovedora, tanto a nivel local como en otros países, y convirtió a Carr en un emprendedor social de referencia que fue nominado al Premio Nobel de la Paz.

El último eslabón de su Cultura Solidaria en Movimiento es Mundo Invisible, una agencia para dar a conocer pequeños y grandes milagros que entreteje lazos para potenciarlos.

 

Estela de Carlotto

Vivía una vida soñada como maestra y madre de cuatro hijos en la ciudad de La Plata, hasta la desaparición de su hija Laura, embarazada al momento de su secuestro, en 1977.

Cambió el guardapolvo blanco por un pañuelo en reclamo de Justicia y alzó su voz en el mundo contra la dictadura argentina, el robo de bebés y otros delitos de Lesa Humanidad.

Se puso frente a frente con los militares y logró que le entregaran el cadáver de su hija, en uno de los pocos casos en que el cuerpo de un desaparecido fue devuelto a su familia.

Junto con Abuelas de Plaza de Mayo, impulsó la ley que creó el Banco Nacional de Datos Genéticos para resolver la filiación de cientos de niñas y niños apropiados durante la dictadura. En 2014 pudo recuperar, así, a su propio nieto, Ignacio Montoya Carlotto.

 

Carlos Cajade

El amor y la lucha signaron la vida de este sacerdote católico. Lo llamaron “El padre de los pibes” por su incesante trabajo con los chicos de la calle de la ciudad de La Plata y el Gran La Plata.

Su compromiso comenzó la Nochebuena de 1984. Después de dar misa en la Iglesia San Francisco de Asís de Berisso, se topó con un grupo de chicos que vivía en un baldío. Ellos le abrieron los ojos a una realidad que desconocía de cerca. En su misión articuló religión, trabajo social y militancia por los derechos de los chicos. Fundó el Hogar infantil Madre Tres Veces Admirable, creó la revista La Pulseada y lideró el Movimiento Chicos del Pueblo.

“No hay que perder el sueño de que ser pibe tiene que ser un privilegio”, dijo en una marcha contra un local de comidas que echó a chicos que pedían sobras. Murió en 2005, a los 55 años, pero su obra continúa activa.

 

Susana Trimarco

“Me dijo: ‘Mamá, ya vuelvo, voy a pedir un turno al médico’ y nunca más volvió”. Esas fueron las primeras palabras que Susana Trimarco de Verón pronunció ante las cámaras de TV de San Miguel de Tucumán, para denunciar la desaparición de María de los Ángeles Verón, Marita.

De ahí en más, se puso a caminar rutas y se infiltró en prostíbulos. Descubrió redes de traficantes en distintas provincias, reveló nombres de jueces y políticos cómplices, y logró liberar a un centenar de víctimas de trata, a las cuales asistió y contuvo en su Fundación María de los Ángeles, que creó en 2007.

Su nombre quedará ligado para siempre a la lucha contra el sometimiento a la esclavitud y la explotación sexual clandestina de miles de niñas, adolescentes y mujeres argentinas.

 

Martha Pelloni

Era rectora del Colegio del Carmen y San José de Catamarca cuando asesinaron a la alumna María Soledad Morales. Como si un nuevo designio hubiera caído sobre ella, organizó una marcha del silencio por el esclarecimiento del caso que se instituyó como una nueva forma de protesta en el país y la convirtió en símbolo del reclamo de Justicia.

Nacida en Goya (Corrientes) y perteneciente a la Congregación de Carmelitas Misioneras Teresianas, es licenciada en Filosofía y Pedagogía (Universidad de Cuyo). Creó la Fundación Santa Teresa para ayudar y capacitar al campesinado y, en 2008, formó la Red Infancia Robada por los derechos de mujeres, niños y adolescentes.

Su figura fue clave en la sensibilización, capacitación y asistencia a víctimas de tráfico y trata de personas, abuso y explotación sexual infantil.

 

Marcela Ojeda

Fueron 140 caracteres que cambiaron su vida y la de muchas. El 11 de mayo de 2015, la periodista escuchó sobre el brutal crimen de la adolescente Chiara Páez, en Santa Fe, entró a Twitter y tipeó “¿No vamos a levantar la voz? Nos están matando. #NiUnaMenos”.

Ese mensaje marcó el origen del colectivo Ni Una Menos y de una campaña sin precedentes contra la violencia de género.

Movilera por esos días en Radio Continental, encendió una llama que replicó instantáneamente en otras colegas, además de artistas y activistas por la igualdad.

Pocos días después de aquel tuit se llevó a cabo la primera marcha masiva contra la violencia hacia las mujeres y el femicidio frente al Congreso Nacional y en 80 puntos del país, que fue punta de lanza de un movimiento único que trascendió fronteras e impregnó la agenda mediática y política al grito de Ni Una Menos.

 

Padre Pepe

Promover la solidaridad, contener y acompañar a los jóvenes de la porteña Villa 21-24 fue, durante 13 años, la tarea como cura de José María Di Paola, conocido como Padre Pepe. Parecía mucho, pero era sólo el comienzo.

En 2010, cuando junto con otros sacerdotes denunció que los chicos estaban muriendo a causa del paco, los narcotraficantes lo amenazaron y debió exiliarse en el norte del país, con la bendición del Papa Francisco.

Pero Pepe volvió recargado. Retomó sus funciones en la Capilla de Nuestra Señora del Milagro, en Villa La Cárcova (municipio de San Martín), asistiendo a decenas de villas y asentamientos. Y se puso al frente del Hogar de Cristo para seguir luchando por la inclusión de los adictos recuperados a través de 140 centros barriales de rehabilitación en 19 provincias.

 

Rosario Quispe

“Para estar juntos y mejor, para poder comer y educar a nuestros hijos”. Con esa clara convicción de mejorar la vida de hombres y mujeres de la Puna, Rosario Quispe creó en los ’90 la asociación Warmi Sayajsungo (mujeres perseverantes, en quechua) en Abra Pampa, Jujuy.

Las Warmis impulsaron sistemas de microcréditos para apoyar actividades productivas de los habitantes, además de lograr apoyos para mejorar la infraestructura, salud y educación de la comunidad.

La misión siguió con la instalación de una filial de la Universidad Siglo XXI, porque “si no tenemos estudios, si no somos abogados, si no somos contadores, podríamos perder muchas cosas”, suele decir esta mujer en su continua labor por impulsar nuevos desafíos productivos y empleos de calidad en el norte argentino.

 

Norma Plá

Podía haber sido una abuela más, pero no. Fue una abuela a la que no le importaron los buenos modales para ponerse al hombro el reclamo de los jubilados en pleno apogeo del neoliberalismo. Polémica y aguerrida, le habló en la cara a los políticos de turno para exigir mejoras en las pensiones y un Pami conducido por sus propios beneficiarios.

Durante cinco años, todos los miércoles encabezó una marcha frente al Congreso, donde acampó más de 80 noches, lideró huelgas de hambre y ollas populares. Le mandó una corona mortuoria al entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, y amenazó con instalar una carpa frente a su casa.

La foto de Norma sacándole la gorra a un policía durante una manifestación recorrió el mundo. Por hechos como ese, enfrentó decenas de causas judiciales. Antes de fallecer, pidió que sus cenizas fueran esparcidas en el que fue su campo de batalla: la Plaza Lavalle, frente al Palacio de Tribunales.

 

León Gieco

Además de haberse convertido en referente ineludible de la música popular, es uno de los artistas más reconocidos por su compromiso social, a punto tal que recibió el título de Doctor Honoris Causa por parte de la Universidad Nacional de Río Cuarto (Córdoba).

“Sus canciones reflejan las desigualdades sociales, la destrucción del planeta, el autoritarismo, los atropellos a la institucionalidad democrática y los problemas que aquejan al mundo”, fueron los argumentos para entregarle una distinción que antes había sido otorgada a Estela de Carlotto y Adolfo Pérez Esquivel.

Raúl Alberto Antonio Gieco nació el 20 de noviembre de 1951 en una chacra del norte santafesino. Con 18 años y la guitarra al hombro, desembarcó en Buenos Aires en 1969. Canciones inmortales como “Sólo le pido a Dios” y “Cinco siglos igual”, obras como De Ushuaia a la Quiaca y Mundo Alas, lo convierten en un protagonista indiscutido.

 

Mariela Muñoz

Fue la primera mujer transexual reconocida por el Estado. Lograrlo no fue fácil. Nacida en 1943 en Tucumán con el nombre de Luis Leonardo Muñoz, a los 14 años decidió cambiarlo por Mariela Elcira Muñoz. Sufrió golpizas, bullying y hasta una violación colectiva. Su padre la llevó al psiquiatra y a cabarets. Pero su deseo pudo contra todo.

Instalada en Quilmes, comenzó a cuidar niños abandonados y de madres solteras. Un juez de menores decidió retirarle la custodia de tres chicos que había criado como propios y su condena visibilizó el debate sobre los derechos de las personas trans.

A los 55 años, consiguió el cambio de nombre y género en su DNI, y logró que la Justicia le otorgara la tenencia de algunos de los niños que había criado. Su activismo sentó precedente para la Ley de Identidad de Género aprobada en 2012.

 

Mabel Bianco

Ser una médica experta en salud pública, epidemiología y estadística le permitió defender, desde hace 40 años, los derechos reproductivos de las mujeres y la legalización del aborto.

Es coordinadora de la Campaña Internacional “Las Mujeres No Esperamos, Acabemos con el VIH y la Violencia YA” y del Grupo Internacional de Mujeres y Sida. Preside la Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer y desde 2016 integra la Comisión sobre Equidad de Género y Desigualdades en Salud en las Américas, creada en la Organización Panamericana de la Salud.

 

Carlos Jáuregui

Otra era la realidad de este colectivo cuando en 1984 fundó la Comunidad Homosexual Argentina y en 1991 puso en marcha la Asociación Gays por los Derechos Civiles, bajo la cual se organizó la primera Marcha del Orgullo Gay Lésbico.“Lloré como nunca en esa marcha. Tuve la certeza de que había descubierto lo que realmente quería hacer. Así dejé la investigación (era profesor de historia) y dediqué mi vida a la militancia gay”, contaba.

Fue uno de los principales impulsores del primer proyecto de unión civil entre personas del mismo sexo y de la inclusión de la orientación sexual en la cláusula antidiscriminatoria de la Constitución porteña, en 1996.

Carlos había fallecido dos años antes, a los 38, a causa del sida. La fecha de su muerte, 20 de agosto, se estableció como el Día del Activismo por la Diversidad Sexual.

 

Adrián Paenza

Doctor en matemática y profesor en la Universidad de Buenos Aires durante más de 20 años, se lo considera uno de los grandes divulgadores matemáticos del mundo.

Su pasión por la ciencia, la política y el deporte le llevó a alternar su faceta científica con el periodismo, oficio que comenzó a ejercer a los 16 años, cuando se ofreció para trabajar en La Oral Deportiva de Radio Rivadavia, y al que le dedicó más de cuatro décadas.

Luego se abocó enteramente a la divulgación en ciclos de TV como “Científicos Industria Argentina” y “Alterados por Pi”, además de escribir numerosos libros, como la serie Matemática, ¿estás ahí?, y Matemagia.

Recibió, entre otros, el Premio Leelavati de la Unión Matemática Internacional “por su contribución decisiva para cambiar el modo en que todo un país percibe la matemática en la vida diaria”.

 

Manuel Lozano

A los 14 años empezó como voluntario en un hogar para chicos de Chascomús y desde entonces no se detuvo. Estudió Derecho e hizo un posgrado en Organizaciones sin Fines de Lucro. A los 18 entró como voluntario en Red Solidaria y se desempeñó como director hasta que decidió crear la Fundación Sí junto a un grupo de amigos.

Con la misión de promover la inclusión social de los sectores más vulnerables, los 2.500 voluntarios de la organización acompañan a quienes duermen en la calle, colaboran en residencias universitarias para jóvenes campesinos, desarrollan programas para niños y adolescentes y asisten en catástrofes naturales.

Nadie en la Fundación Sí cobra, todos están atravesados por un sentimiento común: querer ayudar. “La solidaridad es una linda adicción”, dice. En 2020 cumplirá 30 años.

 

Alberto Morlachetti

Desde que tomó contacto con chicos de la calle cuando estudiaba Sociología en la Universidad de Buenos Aires, dedicó su vida entera al cuidado de niños, niñas y jóvenes.

En 1982 fundó La Casa de los Niños, en Avellaneda, para albergarlos y darles de comer mientras sus padres trabajaban. Junto con vecinos del lugar, luego diseñó el hogar para adolescentes Juan Salvador Gaviota y la biblioteca Pelota de Trapo. Con la idea de autofinanciar su obra y de inculcar la cultura del trabajo sumó un gallinero, una imprenta y una panadería.

Hacia fines de los ’80 creó el Movimiento Nacional Chicos del Pueblo, donde reunió a más de 400 organizaciones sin fines de lucro para defender y difundir los derechos de los niños en situación de calle. Su lema: “El hambre es un crimen”.

 

Abel Albino

Su nombre será para siempre sinónimo de lucha contra la desnutrición infantil en Argentina.

Inspirado en el modelo del médico chileno Fernando Mönckeberg, creó la Fundación Conin, la cooperadora para la nutrición infantil que nació en Mendoza y tiene 100 centros distribuidos en 18 provincias del país, y otros como Paraguay, Perú y Gambia (África Ecuatorial). La llamada Metodología Conin apunta a actuar en el período crítico, los primeros años de vida, interviniendo a nivel nutricional, familiar y del desarrollo.

Distinguido por diversas universidades y organizaciones, y con un Estatus Consultivo Especial otorgado por la ONU, el reconocimiento hacia Albino y su fundación tomó mayor dimensión al formar parte de Scholas Occurrentes (red propuesta por el papa Francisco).

 

Jorge Gronda

Este médico ginecólogo jujeño trabaja hace más de 30 años para que las mujeres de su región tengan una vida más plena. Un hecho concreto lo llevó a ese destino cuando se desempeñaba como jefe de residentes del Hospital Central de Jujuy: una paciente suya que acabada de parir murió de frío mientras esperaba ser atendida en una sala de puerperio sin vidrios.

Denunciar públicamente ese hecho derivó en su expulsión del Colegio de Médicos de Jujuy. Decidió alejarse de la medicina para dedicarse a la cría de vicuñas hasta que una charla con Rosario Quispe lo impulsó a crear un sistema para brindar atención de calidad a las comunidades locales a precios muy accesibles. Más tarde, cofundó el sistema de salud Umana, la “pospaga” reconocida por la Universidad de Harvard como el sistema de salud más inclusivo del mundo.

 

Bea Pellizzari

A punto de cumplir 18 años tuvo un accidente en el que murió quien era su novio y le dejó graves secuelas físicas y psíquicas. Fue una tragedia a la que, mucho tiempo después, le encontró el costado positivo.

Buscar generar conciencia y transformar la mirada social hacia la discapacidad fue su misión y en eso trabaja esta psicóloga social especializada en management desde 1993.

Construyó una amplia trayectoria apuntando a la inserción laboral y el acceso a los derechos de las personas con discapacidad: fue directora de la Fundación Par, fundó La Usina y la empresa social Red Activos. Su último desafío es Libertate, para apuntalar a empresas y municipios en la temática de discapacidad y promover proyectos de inserción social.

 

Patricio Sutton

Gracias a una tía que le inculcó su amor por la naturaleza, a los 19 años se sumó como voluntario a la Fundación Vida Silvestre y trabajó allí durante casi 20 años, claves en su formación como ambientalista, junto con su posgrado en Gestión Ambiental.

Para sumarle la pata educativa y social que tanto le interesaba, ingresó a la Fundación Cruzada Patagónica, lo que derivó en la creación de la Red Comunidades Rurales, organización dedicada a la educación y el de-sarrollo comunitario.

La misión: mejorar las condiciones de vida y oportunidades de desarrollo de los pobladores rurales en situación de riesgo o exclusión social, para acompañar su desarrollo individual, familiar y comunitario en aquellos lugares en donde es más urgente y prioritario.

 

Alfredo Olivera

En 1991, este psicólogo creó un proyecto enorme y único como terapia alternativa para pacientes psiquiátricos: La Colifata, primera radio en transmitir sus programas desde un hospital neuropsiquiátrico.

Empezó registrando testimonios con un grabador, luego creó “La columna de los internos del Borda” en una radio bonaerense y guardó los mensajes que dejaban los oyentes para hacérselos escuchar a los internos. El paso siguiente fue instalar una radio en el mismísimo hospital.

Proyecto autónomo pero con innumerables voluntarios anónimos y famosos (un oyente obsequió la primera antena, el periodista Lalo Mir donó transmisores, el programa Sorpresa y ½ renovó sus instalaciones, el músico Manu Chao hizo un disco en su honor), La Colifata acumula premios y filiales por el mundo, convencidas también del poder sanador de la expresión.

 

Gino Tubaro

Empezó inventando aspiradoras con parlantes, organizadores de bolitas y robots con impresoras en desuso hasta que, a los 20 años, el que parecía el juego de un joven inquieto tomó otra dimensión.

Gino creó una impresora 3D única con la que imprimió una mano prostética para regalarle a un chico llamado Felipe y luego miles de manos para niños a los que les cambió la vida.

Así llegó Atomic Lab, su base de operaciones en el barrio porteño de Parque Patricios, y sus prótesis dignas de superhéroes (cada niño elige un modelo y color) se hicieron famosas, al punto de que obtuvieron el reconocimiento de la ONU y hasta un elogio del ex presidente de Estados Unidos Barack Obama (quien calificó a Tubaro como “un ejemplo a seguir”).

Ya entregó más de 1.300 prótesis gratuitas en 44 países. Y continúa creando soluciones y buscando un cambio social mediante el uso de las nuevas tecnologías.

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