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Tucuy es un emprendimiento de ladrillos ecológicos que usa como materia prima la ceniza que genera el tratamiento industrial de la caña de azúcar. El proyecto es de triple impacto y apunta a brindar soluciones habitacionales.

Texto Florencia Tuchin.

 

Los tucumanos Julio Marcos Robles y Máximo De la Torre se reunieron para emprender proyectos que solucionaran en alguna medida la contaminación provocada por los residuos que se generan a partir de la producción de la caña de azúcar. Primero hicieron el prototipo de una bolsa ecológica de papel resistente a cargas de hasta diez kilos que utilizaba como materia prima el residuo fibroso denominado bagazo. No pudieron seguir con la iniciativa por ciertos obstáculos vinculados a la maquinaria, pero de todos modos insistieron con otras ideas. Rápidamente comenzaron a incursionar en el ámbito de la construcción y detectaron que podían crear ladrillos ecológicos y así también contribuir a resolver un segundo problema: el déficit habitacional de la provincia.

Según cuenta De la Torre, en Tucán hay más de quince ingenios azucareros que comparten un problema ambiental: entre los residuos se generan cenizas sin ningún tratamiento o destino final. “Se nos ocurrió hacer los ladrillos a partir de la ceniza de la caña de azúcar. El prototipo que creamos es resistente, térmico, encastrable y ecológico, porque no requiere cocción a leña ni a carbón. El producto se logra en tres fases: primero hay que mezclar las cenizas con otros elementos que producen una reacción química al entrar en contacto con el agua, la segunda fase implica colocar la mezcla en un molde diseñado a medida en una prensa hidráulica y, por último, se deja reposar el ladrillo para el secado durante 24 horas. Al no necesitar horneado, se evita la deforestación y contaminación”, explica.

Una vez que los emprendedores lograron diseñar el modelo de negocio nació Tucuy, la marca de los ladrillos ecológicos. Presentaron el prototipo en el Programa Nacional de Emprendedores para el Desarrollo Sustentables (Proesus), que lleva adelante el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación junto con el de Producción y el de Modernización. El objetivo del concurso es detectar, promover y fortalecer emprendimientos de alto impacto, que fomenten el desarrollo sustentable mediante la utilización de nuevas tecnologías. El emprendimiento de Robles y De la Torre fue seleccionado como uno de los quince finalistas.

“Todavía los ladrillos no están en el mercado. Pasamos por el modelo de negocio, armamos el prototipo y testeamos el producto, pero como esas pruebas requieren la aprobación de un organismo oficial como el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti) tenemos que esperar para que puedan estar a la venta. Ahora estamos en esa etapa”, cuenta De la Torre.

 

Múltiples beneficios

Con esta solución se reduce en un 40 por ciento el tiempo de obra y se logra construir de un modo más económico que con los ladrillos comunes. La intención fue lograr un método alternativo de construcción y, por eso, los jóvenes pensaron en unidades encastrables, que se unen con un adhesivo. Otras ventajas: son acústicos, cuatro veces más resistentes que los bloques tradicionales y aislantes de la humedad. Por otro lado, esta innovación está pensada para dar oportunidades de vivienda a jóvenes que no tienen casa propia o personas en condiciones de pobreza que no pueden acceder a la vivienda social. Es decir, se trata de un producto de triple impacto.

“Para ser gráfico, tenemos que pensar que un ingenio azucarero deja dos cuadras de cenizas, que quedan depositadas en un galpón o se tiran en ríos, acequias o campos. No tienen ningún tratamiento. Frente a este panorama, nosotros diseñamos una solución de triple impacto. Además, nos entusiasmó que sea un proyecto escalable porque la caña de azúcar es una de las industrias más antiguas que hay y se produce en distintos países de todo el mundo”, señala De la Torre.

Máximo estudió abogacía y Julio Marcos Robles trabajaba en relación de dependencia. Ambos querían cambiar el rumbo de sus carreras y apostar por la innovación y el impacto. Ese espíritu los convocó a estar atentos a distintas oportunidades y certámenes.

Por ejemplo, un logro de los emprendedores fue que en febrero consiguieron ser beneficiarios del Fondo Semilla, un financiamiento que otorga el Ministerio de Producción para la creación de empresas innovadoras con impacto social. También reciben asistencia técnica para escalar el proyecto.

Los tucumanos, que promedian los treinta años, siempre pensaron en usar como materia prima los residuos de la caña de azúcar porque este es el cultivo principal de la provincia. “El problema con nuestro primer proyecto, la bolsa ecológica, fue que se necesitaba una máquina para hacerla a escala industrial que requiere una inversión de más de tres millones de pesos. No podemos afrontar esta cifra en este momento. Tampoco queríamos quedarnos de brazos cruzados, por eso insistimos con la caña de azúcar y apostamos por la nueva idea de los ladrillos”, relata De la Torre.

 

 

Cómo conectarse

Tucuy: https://www.facebook.com/tucuyladrillo/

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