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Esta escuela funciona en un paraje rural cercano a Montevideo. Fue hecha con llantas, botellas, latas y otros materiales reciclados. Además de autoabastecerse de energía, cuenta con una huerta. Es un emprendimiento de la ONG Tagma y el arquitecto estadounidense Michael Reynolds.

 

Texto María Gabriela Einsick.

 

En la localidad uruguaya de Jaureguiberry, a 80 kilómetros de Montevideo, se inauguró a comienzos de 2016 una escuela muy particular. Para su construcción se utilizaron más de 2.000 neumáticos, 5.000 botellas de vidrio, 2.000 metros cuadrados de cartón y 14.000 latas de aluminio, entre otros materiales reciclados.

El objetivo de este proyecto fue “impulsar e implementar un modelo de escuela cuyo corazón sea un edificio autosustentable, que minimice los impactos ambientales y costos operativos y facilite aprendizajes significativos sobre innovación y sustentabilidad para la comunidad”, destaca Martín Espósito, uno de los coordinadores de la ONG Tagma en Uruguay, impulsora de la iniciativa, realizada bajo el sistema de construcción “Biotecture” (Bioarquitectura), creado por el arquitecto Michael Reynolds, gestor del proyecto “Earthship” (Nave Tierra).

La obra llevó un mes y medio y participaron 200 personas, entre vecinos, voluntarios de varios países y técnicos de ambas organizaciones. “El edificio es una excusa perfecta para compartir y crear nuevos contenidos relacionados con la educación en sustentabilidad, que no sólo alcancen a los chicos que vienen a la escuela sino al personal, las familias y la comunidad”, destaca Espósito.

Su construcción fue solventada en gran parte a través del crowdfunding, una herramienta de financiamiento colectivo en internet (en este caso por la plataforma Idea.me) en la que muchas personas aportan pequeñas sumas a un proyecto a cambio de algún tipo de participación.

Esta iniciativa resultó finalista por Uruguay en la edición 2017 de los premios Latinoamérica Verde, que se entregan en Guayaquil, Ecuador, del 22 al 27 de agosto. Este concurso, que en su tercera edición recibió casi 2.000 propuestas de 30 países, distingue a los 500 mejores proyectos en las categorías Agua; Bosques y Flora; Biodiversidad y Fauna; Desarrollo Humano, Inclusión Social y Reducción de Desigualdad; Gestión Urbana; Energía; Finanzas Sostenibles; Manejo de Residuos Sólidos; Océanos; Producción y Consumo Responsable.

 

Caucho y adobe

Las paredes de la escuela, que ocupa 270 metros cuadrados y tiene capacidad para albergar a cien niños, están hechas de neumáticos rellenos con adobe, lo que les brinda un grosor y una aislación importante, así como con vidrios de botellas que aseguran el ingreso de la luz. Está edificada en forma de herradura a fin de aprovechar la insolación natural durante todo el año. En su interior, conserva una temperatura de entre 18 y 25 grados. Las paredes exteriores y el tejado están cubiertas por 18 paneles fotovoltaicos, y también cuenta con aerogeneradores para aprovechar la energía del viento y el sol.

Además de estar construida en un 60 por ciento con materiales de desecho, la escuela recicla y reutiliza los desperdicios y recolecta el agua de lluvia. Tiene un sistema de reciclado de aguas grises (sin desechos orgánicos sino químicos, como detergentes) y negras (provenientes de los baños). El agua es utilizada en cuatro ocasiones antes de abandonar el edificio y finalmente es depurada con un método natural, utilizando plantas y piedras para el filtrado.

Los alumnos cultivan sus alimentos en una huerta, mientras que sus familias y la comunidad tienen otra en el mismo predio, donde se abastecen de frutas y verduras naturales, sin utilizar agroquímicos.

Los desechos orgánicos provenientes del comedor son transformados en compost, que a su vez se utiliza en las huertas. Otro tipo de residuos también puede aprovecharse para generar energía.

“A partir de la inauguración de este edificio y de la transmisión de valores de cooperación con el prójimo y el cuidado del medio ambiente, la asistencia y compromiso en las clases mejoró en un 80 por ciento”, asegura Espósito, y adelanta que desde Tagma están trabajando junto con organizaciones sociales en distintos municipios argentinos para replicar el proyecto en el país.

 

Cómo conectarse: Proyecto Tagma: www.unaescuelasustentable.uy // Proyecto Nave Tierra: earthship.com

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