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La presencia de arsénico en el agua afecta al 10 por ciento del país. Especialistas alertan sobre la necesidad de realizar diagnósticos precisos y articular acciones entre el Estado y el sector privado para garantizar la salud de la población.

 

Texto Rocío Galván.

El arsénico es un elemento químico presente en la naturaleza, vinculado a la actividad volcánica, y su ingesta continua a través del agua puede provocar desde lesiones en la piel y en órganos internos hasta distintos tipos de cáncer. Se lo conoce desde tiempos remotos y sus efectos han sido documentados en todo el mundo. En Argentina, la alarma está encendida hace tiempo: investigadores y asociaciones de especialistas en el tema advierten al Estado que es hora de poner manos a la obra.

Norma Cadoppi, médica oncóloga y presidenta de la Fundación Foro Estratégico para el Desarrollo Nacional, indicó en diálogo con Tercer Sector que “hoy en día se estima que la población argentina que habita en áreas con aguas arsenicales es de alrededor de 4 millones de habitantes, el 10 por ciento de la población del país”.

La Organización Mundial de la Salud aconseja que los niveles de esta sustancia no superen los 10 microgramos por litro (mcg/l). Argentina es uno de los doce países en el mundo con mayor concentración de arsénico en el agua, con mayores registros en Buenos Aires, Córdoba, Chaco, Mendoza, San Juan, San Luis, Santiago del Estero y Santa Fe.

“El conocimiento de la presencia de elevadas concentraciones de arsénico en agua y sus efectos en la salud están bien documentados en Argentina desde principios del siglo XX. Entre los casos más emblemáticos y con mayor repercusión mundial de afectación de la salud por el arsénico en el agua de consumo humano, se destaca el de Bell Ville, en Córdoba. El gran número de casos de hidroarsenicismo en esta ciudad hizo que la patología se conociera como Enfermedad de Bell Ville hasta 1913”, explicó Cadoppi.

 

Controlar el agua

“La presencia de arsénico tiene mucha variabilidad geográfica y temporal, es por eso que se necesita permanentemente hacer controles de calidad del agua”, advirtió Agustín Ciapponi, especialista en clínica médica y en medicina familiar, además de coordinador del Centro Cochrane Argentino del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (Iecs).

Ciapponi considera que existen “algunas iniciativas” oficiales para enfrentar la problemática: “Hace varios años se decretó en la provincia de Buenos Aires una situación de emergencia especial y eso es positivo, pero no se tradujo en acciones todavía”.  Por otro lado, evalúa que el acceso a la información aún es difícil. “Sólo se llega por esfuerzos aislados de grupos académicos y universitarios”, expresó el médico, al tiempo que remarcó: “Sin un diagnóstico apropiado jamás vamos a poder establecer las medidas adecuadas para controlarlo”.

Las advertencias de las organizaciones no gubernamentales, las comunidades y los investigadores comenzaron a ganar espacio en la agenda pública. La Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación (Ministerio del Interior, Obras Públicas y Vivienda) puso en marcha un trabajo a nivel nacional con el respaldo de organismos internacionales para tener un panorama general del tema, detectar necesidades de la población y encarar un trabajo a largo plazo para otorgar soluciones concretas.

En primer lugar, a partir de este financiamiento, se solicitó una serie de informes para contar con una evaluación certera de la situación. Entre los pedidos, se encuentra un diagnóstico actual del saneamiento en las provincias, cobertura de servicios de agua y cloacas, además de un mapa de riesgo arsenical para la población cubierta por servicios de agua potable.

Asimismo, se solicitó un estudio epidemiológico de morbimortalidad por cánceres asociados a la exposición al arsénico a través del agua y un estudio de enfermedades por agentes biológicos de origen hídrico en poblaciones que carecen de servicios sanitarios.

 

El rol del Estado

Desde la Subsecretaría de Recursos Hídricos comentaron a Tercer Sector que el año pasado se firmaron acuerdos de cooperación con Holanda para cuestiones hídricas y que, en ese marco, está previsto el arribo de una misión de especialistas holandeses en calidad de agua para trabajar en conjunto el tema del arsenicismo. Asimismo, consideraron que existen posibilidades de implementar programas piloto con la empresa AySA, además de trabajos de cooperación con el sector privado, junto a provincias y municipios.

Cadoppi detalló que hay muchas opciones tecnológicas, tanto para el consumo como para barrios y localidades. Tanto el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti) como los laboratorios de las facultades de Ciencias Exactas e Ingeniería de varias universidades del país tienen grandes avances en esta materia.

En tanto, Ciapponi puso énfasis en la necesidad de promover un trabajo coordinado entre el sector privado y el estatal. “Hay que hacer un diagnóstico, exponerlo y otorgar un tiempo para que el Estado trate las aguas. En este sentido, la información dejaría de ser sensible para quienes estén proveyendo agua con niveles altos de arsénico pero obligaría al Estado a ejercer las acciones de control y de tratamiento, que las hay”, opinó.

 

Números que alarman

  • 4 millones de argentinos viven en áreas con alto contenido de arsénico.
  • 10 % de la población está expuesta al consumo de agua contaminada.
  • Argentina es 1 de los 12 países en el mundo con mayor concentración de arsénico en el agua.
  • 10 microgramos por litro (mcg/l) es la máxima tolerable de arsénico en el agua, según la Organización Mundial de la Salud.

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