Compartir

Chicos y chicas de distintos puntos del país producen, de la mano de una ONG motorizada por un realizador de cine y una publicista, cortometrajes animados que buscan concientizar sobre temáticas sociales.

Texto Andrea Vulcano.

 

“Aprender a incluir a todos mis compañeros bajo un mismo color de camiseta y que demos lo mejor de cada uno; eso es un verdadero equipo. También saber que los que tienen otro color de camiseta son adversarios, no enemigos, porque jugando y haciendo lo que nos gusta ganamos todos a pesar del resultado”, afirma la voz en off de un alumno de tercer grado del colegio de Racing Club, protagonista de uno de los talleres ofrecidos por la asociación civil Animando Vidas, junto a Racing Solidario.

Pronto, en las redes habrá otro material, esta vez creado por pibes de la pensión del Club Atlético River Plate. A esta producción se suman muchas más, esparcidas a lo largo del país, en las que esta OSC va dejando huella con su peculiar forma de abordar problemáticas sociales, con la animación y la historieta como herramientas.

“No nos interesa el producto, sino el camino que los chicos hacen para llegar a ese producto”, explica Sebastián Cáceres a docentes de una escuela riojana, a la que Animando Vidas llegó de la mano del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

A Sebastián y a Melina Fernández Parodi los cruzó en la vida una productora de animación. Allí, entre almuerzo y almuerzo de cada jornada laboral, se fue forjando una amistad y un sueño: usar aquello que más sabían y disfrutaban para, en forma lúdica y creativa, abrir puertas y tender puentes para la expresión.

Así fue que comenzaron a ofrecer talleres de animación, a los que luego se sumaron otros de historietas, rock, neurociencias –en este caso codo a codo con Facundo Manes– y también propuestas junto a la Fundación Scholas Occurrentes –creada por el Papa Francisco– o en el marco de voluntariados corporativos.

 

Luz, cámara…

Una gran mesa, muchas sillas alrededor, lápices, tijeras, ganchos, cartulinas y papeles son el puntapié inicial para que el proyecto empiece a andar. Entre risas, charlas, merienda y cámaras, chicos y chicas –de 6 a 12 años y de 14 a 25– comenzarán a darle forma a aquello que quieran transmitir. Acoso escolar (bullying), violencia, discriminación, cuidado del medio ambiente o valores son apenas algunos de los temas que los suelen aglutinar.

“Nosotros no tenemos fines artísticos, sino sociales”, le cuenta Cáceres a Tercer Sector. Su historia tiene historia: se trata del nieto de uno de los pioneros de este lenguaje en la Argentina, hoy de 91 años, Ubaldo Galuppo. “La animación, para mí, empieza como un juego y después se transforma en una profesión”, reseña.

En cambio, para Melina la chispa se encendió a partir de la confluencia entre su profesión y la necesidad de expresión de uno de sus hijos. “Empezamos pensando esto como si fuera para Manuel y luego vino el perfil social”, señala.

Así, paso a paso, surgió lo que hoy es una sociedad civil con 40 talleres desarrollándose en escuelas, centros barriales y polideportivos en zonas vulnerables de distintos puntos del país. “La creatividad amplía todos los límites, es vivir un poco más felices”, resume la organización, con la mirada puesta en ese faro.

 

Cómo conectarse | Animando vidas: www.animandovidas.org // info@animandovidas.org

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here