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Las adquisiciones de bienes y servicios generados por emprendimientos productivos nacidos en el ámbito de las organizaciones sociales, ganan terreno en las estrategias de sustentabilidad de muchas empresas.

Texto María Sol Abichain

 

Algunos especialistas definen a las compras inclusivas como una estrategia de RSE que atraviesa todas las áreas de una empresa y da oportunidad de trabajo digno, especialmente, a sectores desfavorecidos. Otros afirman que el concepto es superador, porque el aporte a la comunidad se da en el mismísimo proceso productivo de la compañía, generando una situación de win-win instantánea. Pero todos coinciden en que las compras inclusivas son una práctica que llegó para quedarse en emprendimientos de todo tipo y que genera un beneficio invaluable tanto en la comunidad como en las organizaciones participantes.

Pablo Ordóñez es el fundador de la asociación El Arca, Productores + Consumidores, una Empresa de Gestión Social que vincula pequeños productores con redes de familias, empresas e instituciones interesadas en sus productos o servicios. Hace 12 años que trabaja generando vínculos entre distintos actores y su experiencia lo lleva a describir a las compras inclusivas como un “mecanismo por el cual un consumidor o comprador adquiere un producto o servicio de calidad, a un precio justo, a la vez que genera oportunidad de trabajo digno, especialmente en poblaciones vulnerables”.

Por su parte, Javier Lioy, director de la ONG La Usina y de redActivos, una empresa social lanzada en 2007 que tiene como objetivo generar trabajo para personas con discapacidad ofreciendo productos y servicios desarrollados por ellos en talleres protegidos, amplía el panorama y describe el concepto como “iniciativas económicas rentables con ejes ambientales y socialmente responsables que utilizan los mecanismos del mercado para mejorar la calidad de vida de personas que por distintos factores están fuera de las cadenas económicas activas”.

Las empresas tienen en la administración de su poder de compra una gran capacidad de impacto positivo en las comunidades a las cuales pertenecen. Es por eso que Ordóñez invita a “repensar los procedimientos y adecuarlos a generar sistemas inclusivos, porque es una inversión con sentido, que trae y distribuye ganancias”.

 

Diversificar, sumar e incluir

Muchas compañías incorporaron dentro de sus acciones de RSE y en articulación con otras áreas este modelo. El programa de Compras Inclusivas Responsables (CIR) que desde 2006 lleva adelante el Grupo Arcor tiene como objetivo incentivar el abastecimiento diverso de la empresa. Trabajan con 500 emprendedores y sólo el año pasado realizaron compras inclusivas y responsables por más de 8 millones de pesos. Asociaciones civiles, cooperativas de trabajo, talleres protegidos de producción y emprendedores independientes le proveen servicios gráficos y de catering, indumentaria, obsequios al personal y sus familias en fechas especiales, regalos empresariales, bolsas e insumos productivos (materia prima).

Mónica Camisasso, gerente de Relaciones con la Comunidad de Grupo Arcor, detalla que el programa tiene tres ejes de acción: “La concreción efectiva de compras y negocios inclusivos, la sensibilización y capacitación a aquellos colaboradores de las áreas que participan de los procesos de compras, y el desarrollo de proveedores en temas de gestión, administración, comercialización y producción para que también puedan integrarse a otras empresas como proveedores”.

En la misma línea agrega que “la plena inserción económica requiere un proceso gradual que exige un compromiso de ambas partes y aprendizajes compartidos, además de un alto nivel de innovación para encontrar modelos de relaciones económicas capaces de generar nuevas lógicas en los procesos de negociación”.

Constanza Gorleri, gerenta de Sustentabilidad de Banco Galicia, afirma que el compromiso de compras responsables de la compañía “está plasmado en la Guía de Proveedores Sustentables que desarrollamos hace tres años y que es una herramienta para promover las compras responsables e inclusivas en nuestro país”. Disponible en el sitio galiciasustentable.com, es un compendio de más de 120 proveedores de productos y servicios con un alto impacto social o ambiental.

“Para la contratación y selección de proveedores contamos con un Manual de Compras que detalla los pasos a seguir para la adquisición de productos y servicios; incluye el Código de Ética de Compras, los Procedimientos Administrativos y la Política Comercial de Tratamiento de Proveedores”, especifica Gorleri y detalla que, sólo en 2016, el Banco Galicia compró 5.664 productos sustentables para entregar como obsequios en eventos o como regalos corporativos.

 

Empleo profesional

Uno de los principales objetivos que proponen emprendimientos como redActivos es que las personas con discapacidad pasen de una “situación deficitaria”, focalizada en lo terapéutico y en el trabajo voluntario con un concepto de caridad, a una “de sustentabilidad”, con foco en el empleo profesional, de calidad y emprendedor. Varias empresas comenzaron a poner fuerzas en el asunto.

Candela Arias, gerente de Sustentabilidad y Responsabilidad Social de Carrefour, comenta que desde la cadena de supermercados realizan acciones concretas para que la inclusión se plasme en todos los niveles de la empresa. “Cuando una organización social tiene volumen de producción para convertirse en proveedora directa, le brindamos la posibilidad de comercializar su producto u ofrecer sus servicios dentro del salón de venta. En los casos donde la estructura es más pequeña y la capacidad productiva más limitada, realizamos compras puntuales”, añade.

Durante el año pasado, Carrefour incorporó a redActivos como proveedor de bolsas reutilizables; lanzó –junto a TEX y el Equipo Creativo de la ONG La Usina– una línea de almohadones fabricada por el primer equipo de diseño y creación de contenidos de Marketing y Producto de América latina integrado por personas con discapacidad intelectual y motriz, y contrató a Los Perejiles, organización creada por jóvenes con síndrome de Down que ofrecen servicios de catering.

Prudential Seguros también adquiere productos que tengan valor social y sean amigables con el ambiente. Jesica Lores, del área de Responsabilidad Social Empresaria de la compañía, opina que “es crucial la sensibilización de los colaboradores, contarles qué son las compras inclusivas y a quiénes ayudamos cuando hacemos este tipo de operaciones”.

Durante el último año, la aseguradora realizó “compras a proveedores sociales como La Cocina del Trabajo, Movimiento Darte y redActivos, por 242.000 pesos en rubros como catering, regalos corporativos, librería y servicios de diseño”, afirma Lores.

En el marco del Plan de Vida Sustentable, Unilever incorporó hace varios años negocios inclusivos. Axel Flügel, gerente de Relaciones Externas y Sustentabilidad de Unilever Cono Sur, comenta que sumaron a “la cadena de abastecimiento a actores de la economía social, excluidos del mercado por vulnerabilidades como pobreza o discapacidad, con el objetivo de generar oportunidades, acceso, capacitación y fortalecer sus proyectos”. Establecieron alianzas con 23 pequeños productores de la zona de Cuyo, para la obtención de los vegetales de Knorr de fuentes sustentables, y con redActivos, a quienes les encargan 6.000 cajas navideñas por año y la manufactura y el diseño de bolsas reutilizables para los empleados.

Por su parte, en Securitas también comparten esta mirada. “Somos una empresa que da oportunidades de empleo a personas con discapacidad física y tomamos las compras inclusivas como una oportunidad más de seguir empujando la temática”, asegura Patricia Sclocco, directora de Comunicación, Asuntos Públicos y RSC de Securitas, y cuenta que “las compras inclusivas abarcan un 30 por ciento del presupuesto de Productos Promocionales y van acompañados con tarjetas que cuentan el origen de los mismos con el único fin de inspirar a otros a que se sumen”.

 

Un camino por delante

Los ejemplos anteriormente descriptos son de lo más variados y aportan de manera significativa al desarrollo de las comunidades donde actúan. Sin embargo, todavía hay mucho camino por recorrer. Javier Lioy afirma que las empresas aún no tienen políticas firmes, sino que las iniciativas son incipientes y se mantienen lejos del eje del negocio. Por esa razón, “deben comprender que el verdadero futuro de sus organizaciones depende de desarrollar ‘comunidad’ de manera sostenible en el tiempo y contemplar el desarrollo de proveedores como un aspecto esencial para esto”. No sólo por el impacto positivo que se genera en los equipos de trabajo y en la comunidad en el corto plazo, sino porque “las nuevas generaciones necesitan organizaciones que motiven y contengan objetivos que sean más amplios que los tradicionales fines económicos”.

 

Opinión

Universal, recíproca y mutuamente dignificante // Por Ariel Torti *

La fuerza de las compras inclusivas de las empresas es enorme. Al visualizar experiencias concretas se advierte el notable poder de integración económica y social de productores que, con menos chances, intentan comercializar bienes y servicios en un mercado cada vez más concentrado y homogéneo en sus procedimientos de abastecimiento. Allí visibilizamos casos que muestran innovadores modos vinculares al momento en que ocurre la relación entre oferta y demanda.

Sabemos que abastecerse requiere siempre vincularse con un “otro”. Sin embargo, hemos aprendido que no es la compra en sí lo que incluye ni la transacción en su momento de ejecución de una orden de compra específica. Lo que genera instancias incluyentes es el proceso, el recorrido integral de negociación entre las partes. Se vive así una dinámica autoincluyente, opuesta a cualquier ejercicio unilateral de poder. Desde esta concepción advertimos que la inclusión siempre es universal, recíproca, mutuamente dignificante; lo que dista del enfoque paternalista que se proyecta desde la idea de que quien tiene la posición dominante en la relación de fuerzas es quien incluye al otro.

El abastecimiento sustentable y las compras inclusivas revierten ese encuadre tradicional para observarse –en términos de relación– desde un lugar de paridad, con saberes, experiencias y trayectorias que son oportunidad para mejorar, en todo caso, las condiciones de inclusión de las partes al mundo de ese otro con el que se está en contacto comercial. Nuestro enfoque revisa la inercia funcionalizadora que suelen tener las organizaciones económicas definidas habitualmente como competitivas. Comprendemos que es la realidad del mercado la que hace prevalecer los argumentos de la rentabilidad. Pero el deseo de crecer haciéndonos más sustentables nos invita, inevitablemente, a incomodarnos con los razonamientos estrictamente utilitarios.

Es necesario explorar a fondo ese universo productivo que, con capacidades y limitaciones, anhela vivir de lo que sabe hacer. Desde estas prácticas pioneras, lo que sucede es que las empresas empatizan con la realidad de la producción popular que se proyecta desde una posición de desventaja; y esa oferta de base decodifica y adquiere criterios relacionales instituidos por la lógica de mercado. Ahí late el corazón del encuentro. Ese ejercicio coloca –de cara al futuro– a las dos partes en mejores condiciones para relacionarse con otros similares.

*Director ejecutivo de Incide (Inclusión Ciudadanía Diversidad y Educación).

FuenteRSE Edición 112
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