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Turismo Rural Comunitario Yariguarenda es una experiencia que combina un acercamiento integral a la cultura guaraní. Costumbres, sabores y un entorno natural único en el norte de la provincia de Salta.

Texto Alejandro Cánepa.

Un pueblo en el norte de Salta, frecuentado solamente por los fieles que van a venerar la Virgen de la Peña, en la iglesia local. Un paraje salpicado por lapachos y algarrobos, por el que merodean tucanes, perdices y pavas del monte. Una zona cercana a la ruta nacional 34, en donde personas de distintas comunidades de pueblos originarios conforman la mayoría de los 6.600 habitantes. Estos pueden ser tres caminos para definir lo que es Yariguarenda. Y allí, un grupo de habitantes formó una organización de turismo rural comunitario para generar más ingresos económicos y difundir los valores de su cultura.

“A fines de 2014 se presentaron técnicas territoriales del Ministerio de Turismo de Salta y nos fuimos formando. Los jóvenes de la comunidad teníamos necesidad de incrementar el turismo, aprovechando el flujo que ya tenemos por la devoción de la Virgen de la Peña”, explica Natalia Valdez, de 31 años, integrante del grupo y que trabaja de auxiliar bilingüe guaraní-español en la Escuela Juan XXIII.

“Nosotros somos de la etnia guaraní, así que la idea es que el visitante llegue, vivencie actividades de la comunidad y pongamos en práctica nuestra cultura. Nuestro paquete turístico incluye un taller de historia guaraní, en donde se introduce al participante en nuestra cosmovisión, en el respeto al monte, en cómo valorizamos el espacio”, detalla Valdez. Por ejemplo, se explica la importancia que se le da al cerco, entendido como el espacio donde vive cada familia y que incluye la huerta, o del “arete guazú”, una fiesta grande que se hace en Carnaval, en época de la cosecha del maíz.

 

Paraíso natural

De Turismo Rural Comunitario Yariguarenda forman parte distintos habitantes de la localidad. Uno de ellos, Rodrigo Valdez, primo de Natalia, tiene 35 años y cuenta: “Nací acá, en donde la mayoría somos agricultores y hacemos changas. Trabajamos mucho en construcción, pero nos dedicamos al cerco, mayormente”. Él es uno de los guías del grupo que ofrece recorridos por los senderos de la zona, así como también avistaje de aves.

“Algarrobo, pacará, yuchan, lapachos, tipa, cebil, urundel, afata, arca, tusca”, enumera Rodrigo sobre las especies vegetales que se pueden contemplar en las caminatas. Si se trata de fauna, la lista incluye: “Tucanes, pavas del monte, urracas, jilgueros, perdices y catas cerreñas”. Y un redescubrimiento logrado por los guías: el guacamayo verde, que se creía extinguido.

Para organizarse, realizaron distintos cursos de capacitación. Guiado, avistaje de aves, primeros auxilios y manipulación de alimentos son algunas de las tareas formativas que llevaron adelante. Como próximo paso, planifican conformarse como cooperativa de servicios turísticos.

“El visitante llega a un centro de recepción, que es una familia que lo recibe en su casa, y se entabla un diálogo recíproco, es un espacio intercultural. Queremos que se ponga en valor toda la riqueza de nuestra cultura de pueblo originario”, remarca Natalia. Y dice que tienen paquetes turísticos especiales para escuelas secundarias y adultos mayores, además de para el resto de los turistas.

A los visitantes se les ofrece un almuerzo con los productos del cerco: batatas, mandioca, anco, lechuga y achicoria, acompañados con jugos naturales de lima, naranja, pomelo o limón.

Julieta del Carpio, especialista en Gestión Turística Sustentable que participa del grupo como técnica territorial, afirma: “Siempre decimos, junto a todos los compañeros técnicos, que el turismo es más bien una excusa que nos acerca al territorio. Las problemáticas son bastante más complejas que pensar en diseñar una oferta turística, pues estamos hablando de hombres y mujeres que se abren a compartir y ello requiere problematizar constantemente sobre qué facetas de su vida y qué rincones de su monte desean invitar a compartir”.

En plan de no idealizar, aclara: “Las comunidades se ven atravesadas por diversas situaciones de vulnerabilidad que nos hablan de un ejercicio de derechos a medias, pues hay una alta presencia de necesidades básicas insatisfechas e inaccesibilidad a servicios públicos. De todas maneras, partimos desde las capacidades de cada persona que, al juntarse con otros y soñar en un sueño colectivo, se hacen más fuertes”.

 

Otras experiencias

El grupo de Turismo Comunitario de Yariguarenda no es el único en la zona: existen también los que llevan adelante la comunidad guaraní Peña Morada y la Asociación La Salamanca, de Campo Blanco, ambas de origen guaraní. Todas trabajan en articulación con instituciones públicas municipales, provinciales y además en forma conjunta, como con la iniciativa para estudiantes secundarios Ñande Reko, mediante la cual los chicos participan de distintas actividades con cada una de las organizaciones de turismo rural comunitario.

“La gente mayor lo ve muy positivo, porque generamos ingresos económicos a la familia. Lo importante de este turismo rural comunitario es que se deja un 10 por ciento de lo que pagan los turistas en beneficio de la comunidad. Así, si hay gastos urgentes en la comunidad, el grupo de Turismo Rural Comunitario de Yariguarenda lo solventa”, dice Natalia Valdez. Ese es el diezmo que realmente tiene valor.

 

Cómo conectarse: Turismo Rural Comunitario Yariguarenda: turismoyariguarenda@gmail.com / Facebook: Turismo Rural Comunitario Yariguarenda

FuenteRevista Edición 112
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