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En este pueblo salteño se reunieron siete comunidades originarias de la provincia que están desarrollando un programa de Turismo Rural Comunitario.

Es una propuesta que permite a los viajeros conectar con lo ancestral. Tercer Sector fue invitado al encuentro. Aquí, la crónica en clave de experiencia.

 

Texto Alicia Cytrynblum desde Salta.

 

Brealito es un pueblo de una comunidad originaria al que se llega después de cuatro horas de curvas de montaña desde la ciudad de Salta. Allí viven casi 200 personas a las que la lejanía geográfica las estimula para estar activos y hacer cosas nuevas. Como muestra de ello, nos recibieron con el acto de inauguración de la antena que les da internet y de la apertura de su Casa del artesano. Todo ese movimiento es para concretar el proyecto que los tiene entusiasmados: recibir a los viajeros, darles albergue, ofrecer comidas típicas, compartir su forma de vida y realizar caminatas por cerros y lagunas.

Es un lugar donde se contacta con el empuje de personas llenas de ilusión, que creen que con trabajo duro todo es posible. Y lo demuestran. El maestro de la escuela donde 23 chicos y chicas llegan todos los días –algunos después de una hora y media de caminata– se saca el delantal y se convierte en un guía que acompaña a los visitantes a adentrarse en el corazón de la montaña donde vive el sol acumulado en las piedras desde hace milenos. El esfuerzo tiene su recompensa, al llegar a la cima se divisa el verde de la laguna y en el camino, incluso, pueden verse pinturas rupestres.

En este pueblo se respira el presente. No hay apuro. Las cosas simplemente suceden a su tiempo. En el aire vibra el orgullo de un pueblo que sabe que habita esas tierras desde siempre “antes de que lleguen los blanquitos”. Cuando se hace la noche, el cielo es el más generoso del mundo y deja ver todas las estrellas que existen. Es el lugar donde los tomates tienen gusto a tomate. Esos sabores de la infancia, que se creían ya perdidos, vuelven en Brealito.

 

Encuentro

Personas de siete poblaciones de la provincia se dieron cita para celebrar el Tercer Encuentro de Turismo Rural Comunitario. Desde 2009 se preparan para ser los mejores anfitriones, para tener las casas más lindas, para ofrecer sus comidas, para compartir su sabiduría ancestral, y también para recibir lo que los viajeros pueden aportarles al menos por un par de días. Cuentan con el apoyo fundamental de la Conferencia Episcopal Argentina, de la italiana y del gobierno de la provincia. Los técnicos los guían en esa empresa que empezó a rendir frutos: ya llegaron los primeros visitantes. Para el evento, recibieron a cuatro agencias de turismo con el objetivo de que los conozcan y promuevan a que los visitantes se acerquen y vivan la experiencia de primera mano. Tercer Sector fue invitado por la agencia Mater Sustentable y el Ministerio de Turismo de Salta. La oferta es para todos los gustos. En algunas comunidades se puede aprender a hacer cestas, en otras a tejer en telares, avistaje de pájaros, o simplemente animarse a conocer gente profunda y simple como la naturaleza misma.

En la reunión se respiró identidad. Los distintos pueblos compartieron sus experiencias y acciones sabiendo que son diversas pero tienen algo en común: el turismo es una fuente de ingresos y de trabajo que va a visibilizar su realidad y su cultura y, también, tentar a los jóvenes a quedarse en el pueblo para vivir en su cosmovisión única. También saben que el contacto con gente de las ciudades tiene que ser equilibrado para no perderse tras las luces de los Iphones.

Eber, Liliana, Primitivo, Flavia y Orlando, son solo algunas de muchas de las personas que nos cuidaron y nos permitieron por tres días conocerlos y descubrir todo lo que nuestros hermanos mayores pueden enseñarnos.

 

Dueño del cerro

Aquí, como en muchas comunidades originarias del país, también hay un hombre de la ciudad que se compró su cerro. Resulta inverosímil cuando se está allí que alguien se pueda comprar un pedazo de la Pachamama. Después de mucho diálogo llegaron a un acuerdo –que raya en lo ofensivo– según el cual, el patrón (como le dicen) les permite pasar, siempre y cuando el lugar este limpio. Aseguran que sólo el agua de la laguna es del Estado pero su vera es propiedad privada. También cuentan que reciben leche vencida, entre otras calamidades, pero nada los hace bajar los brazos y siguen trabajando con alegría para recibir a los turistas.

San José va a ser la sede del encuentro del 2018. Allí van a estar las comunidades guaraníes, las del norte y las del sur compartiendo los avances del año. Relatando cuantos turistas recibieron, cómo resolvieron algunas cuestiones prácticas, como cuando llegan personas veganas o cómo ser amables para que todos respeten la naturaleza sin dejar bolsitas o botellas en la montaña.

Es un viaje para conocer, pero por sobre todo es un viaje que sana. Que permite reencontrar aquello que en las ciudades se oculta debajo del cemento y se pierde en las corridas del subte, pero que vive en todos nosotros.

1 Comentario

  1. LES COMENTO NADA MAS COMO COLEGAS
    EL BOON DE LOS TURISTAS SON LOS CRUCEROS QUE VIENEN A BS. AIRES EN VERANO
    LOS TURISMAS AMAN LOS CRUCEROS
    MIREN INTERNE NOTICIAS CRUCEROS ES UNA OPINION,.
    SALUDO

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