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El uso de las TICs desató una verdadera revolución en el campo social. Permiten solucionar problemas en forma rápida y efectiva por medio de aplicaciones, mapeos, plataformas o sitios web que satisfacen necesidades y visibilizan demandas. Además, facilitan que más personas se involucren en causas sociales.

 

Texto Andrea Vulcano, Fátima Cheade y Silvina Oranges

 

Mario pensó en cómo los comedores escolares podían aprovechar alimentos que, en los supermercados, estaban destinados a ser desechados. Agustina creó una herramienta que permite hacer un test rápido de VIH. Ágata creyó posible tender puentes entre personas sordas y oyentes. Un grupo de alumnos imaginó que el celular podía ser el medio para advertir sobre crecidas a vecinos que viven a la orilla de un río. Otro concluyó que reunir información sobre alternativas sin Tacc (trigo, avena, centeno y cebada) podía ayudar a mejorar la calidad de vida de miles de celíacos. Massimiliano supo desde el minuto cero que la clave era acercar recursos a otras organizaciones y así lo hizo. A todos ellos, como a las vastas diversidades de sus experiencias, los atraviesa, invisible, un común denominador: la tecnología.

Cívica, de impacto social, innovadora, con sentido. Sea cual fuere su calificativo se trata de herramientas que, en este mundo donde impera lo digital, pusieron a la tecnología al servicio –en mayor o en menor medida y escala– de la transformación social. Aplicaciones, mapeos, plataformas de construcción colectiva, sitios web y movidas en redes sociales son tan sólo algunos de los ejemplos en los que las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) permiten dar respuestas a problemáticas, visibilizar demandas o gestionar soluciones frente a necesidades concretas. Y, en medio de ellos, una vez más aparecen como protagonistas las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC).

Nobleza Obliga, una institución de innovación social que desarrolló una plataforma on line de financiamiento colectivo (crowdfunding), “reúne a quienes necesitan fondos para llevar adelante sus causas con quienes quieren donar o colaborar”, explica Victoria Ciccola, gerente de Comunicación y Prensa. Las causas pueden ser un tratamiento por un problema de salud, una beca de estudios, un tobogán para una plaza o canastas navideñas para familias sin recursos.

En números, la organización ha permitido la recaudación de 10 millones de pesos en crowdfunding, entre particulares y empresas aportantes, y más de 600 causas sociales financiadas.

 

Redes sociales

Cuando de ayudar se trata, las redes sociales también se suman. Es el caso de Facebook, que en los últimos años comenzó a tener presencia como herramienta de ayuda comunitaria ante situaciones de crisis, como epidemias o desastres naturales. El caso más reciente fue el rol que tomó frente al terremoto en México, en el que miles de personas lo utilizaron para comunicarse con familiares y amigos y decirles que estaban a salvo o para pedir ayuda.

“En ese tipo de situaciones las personas usan Facebook para informar a amigos y familiares que están bien, para ayudar en los esfuerzos de recuperación de las comunidades afectadas. Tras el terremoto en México, más de 10.000 personas usaron la herramienta de Ayuda Comunitaria para ofrecer o pedir apoyo, desde agua y comida hasta refugio y acceso a internet”, cuentan a Tercer Sector desde la compañía. Ante esta situación de catástrofe, Facebook activó el Safety Check, “una herramienta que se habilita cuando se detecta que un importante número de personas ubicadas en una misma zona publican contenido sobre una situación de emergencia”.

Además, agregan, “se puso a disposición la herramienta Community Help para que las personas puedan buscar y ofrecer ayuda, como comida, abrigo y transporte después de cualquier situación de crisis”, lo que hizo que se registraran “alrededor de 10.000 ofertas de ayuda para víctimas, como comida, agua, refugio, transporte y conexiones de internet”.

Facebook cuenta con otra herramienta que se llama Mapa de Desastre, que permite a las organizaciones humanitarias saber dónde está localizada la gente afectada, una información que de otra forma es imposible de conseguir.

 

Chicas programadoras

Este tipo de desarrollos también se promueve a nivel corporativo, tal como sucede con la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos (Cessi), que creó el Club de Chicas Programadoras y el proyecto Dane.

Inicialmente surgieron dos clubes piloto en el Gran Buenos Aires, uno en Monte Grande y otro en Olivos, y hoy también está funcionando uno en Escobar. Adicionalmente, tienen previsto abrir nuevas alternativas tanto en la provincia como en la Ciudad de Buenos Aires. “Queremos que haya clubes en toda la República Argentina para que cada vez más jóvenes puedan dar con estos espacios de encuentro. Lo que aprendan aquí les va a servir para toda la vida y para cualquier carrera porque la programación se va a usar cada vez más”, expresa María Laura Palacios, cofundadora del Club de Chicas Programadoras.

La iniciativa es impulsada por la Comisión de Inclusión Social, Laboral y Digital de la Cessi, que lleva adelante también otros proyectos como Dane, que promueve el desarrollo de aplicaciones para dispositivos móviles con fines educativos, lúdicos y de inserción social y laboral para niños y jóvenes con discapacidad intelectual.

El Proyecto Dane fue reconocido como de Interés Social por la Legislatura porteña. Desde su lanzamiento, en 2012, las aplicaciones (14 en total) llevan registradas más de 70.000 descargas, lo que marca una gran aceptación y valoración de las apps por parte de sus usuarios.

Una de estas app, de descarga gratuita en dispositivos móviles, tiene como objetivo ayudar a los jóvenes, niños y adultos con discapacidad a utilizar dinero para tareas comunes. Esta iniciativa de la Cessi ha sido premiada internacionalmente en varias ocasiones por congresos de Síndrome de Down y en el Congreso Mundial de Scholas, que es la red de escuelas que impulsa el papa Franciso, entre otros.

Acompañan este proyecto la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (Asdra), la Asociación Argentina de Padres de Autistas (APAdeA), la Fundación Argentina de Afasias, la Fundación Nosotros y Fundasor (Fundación Argentina de Sordos), además de entidades educativas, escuelas, universidades (UTN y UBA) y empresas de tecnología.

 

Quiero ayudar

“La palabra nexo es la clave. Somos intermediarios entre las necesidades de las Organizaciones de la Sociedad Civil y las personas con capacidad y voluntad de dar una respuesta”, explica Clara Goyret, coordinadora de Comunicación y Prensa de quieroayudar.org, una asociación civil sin fines de lucro que busca “canalizar todos los impulsos solidarios en acciones concretas.” ¿Cómo lo hacen? En una página web que publica un mapa interactivo a través del cual se busca conectar personas que estén dispuestas a ayudar con aquellos que realmente lo necesitan.

Con 40.000 visitas en 2016, lo que representó un 35 por ciento más con respecto al año anterior, Quiero Ayudar difunde 2.000 centros de ayuda en todo el país, diferenciados por temáticas, tanto para donar como para ofrecerse de voluntario. Surgió en febrero de 2013 con 300 OSC que difundían su tarea a través de la página web y proyecta seguir expandiéndose por todo el territorio nacional.

“En general, las OSC tienen sus páginas web desactualizadas. Ahora se vuelcan más a las redes sociales como Facebook, Instagram y Twitter para visibilizar una problemática. Cada vez se usa menos texto y más imagen para replicar las distintas campañas”, dice Goyret en diálogo con Tercer Sector.

Otro ejemplo de cómo las OSC utilizan herramientas digitales, en este caso para recaudar fondos, es Donar Online, una plataforma que funciona en Argentina, México y Colombia, y asiste a las organizaciones para que puedan optimizar las donaciones que reciben. Desarrollada por Wingu-Tecnología sin fines de lucro, Donar Online actualmente tiene en su página 2.700 organizaciones registradas, que llevan recaudados 20 millones de dólares en los últimos cuatro años.

 

Microvoluntades

“Cuando en el 2013 la inundación en la ciudad de La Plata y alrededores afectó a cientos de personas que perdieron parte o todo de lo que tenían, se me ocurrió hacer una convocatoria a través de las redes sociales para poder ayudar. Esta fue mi idea: muchos no contaban con tiempo o transporte para llevar sus donaciones, por lo que me ofrecí a encargarme de eso. En pocos días pasé por alrededor de noventa casas y me di cuenta de que había mucha voluntad, pero faltaba el último empujón para que las cosas se concretaran”, cuenta Mariana Kexel, docente y creadora de la OSC Desde tu lugar.

Así, haciendo base en el uso de las redes sociales y la tecnología, esta organización habilita a la gente a ayudar desde su lugar, siempre que quieran y puedan. “La tecnología fue clave desde un comienzo. De hecho, todo surgió a partir de un mensaje que yo subí a Facebook y, desde entonces, la organización crece y crece”, subraya. “Ya cumplimos 196 proyectos de impacto social y de transformación social donde ayudamos a más de 30 mil personas y más de 25 mil fueron las que ayudaron a cumplir con esos proyectos”, precisa Mariana en diálogo con Tercer Sector.

 

Con sello empresario

Hay empresas que fomentan desarrollos que cuentan con la tecnología como principal aliada. Tal es el caso de Samsung, que cada año desde 2014 convoca a alumnos de las escuelas públicas secundarias de todo el país al concurso Soluciones para el Futuro.

“Se premia la innovación tecnológica pero en función de dar una respuesta a las necesidades de la comunidad”, explica Cynthia Giolito, senior manager de Ciudadanía Corporativa de Samsung.

Los ejemplos hablan: en la primera edición de este concurso, el premio fue para una escuela que desarrolló una app móvil que enviaba un alerta a las familias que viven a la vera del río, al municipio y a Defensa Civil cada vez que subía el nivel del agua y había riesgo de inundaciones. Hoy, esta aplicación está activa en los partidos bonaerenses de Luján y Pilar. El segundo año ganaron los alumnos que desarrollaron un aula multisensorial para estudiantes con discapacidad. Hoy esta innovación se ha replicado en muchas escuelas de educación especial, con un bajísimo costo. Al año siguiente, el premio fue para una app que detecta cuándo la insulina pierde la cadena de frío. La iniciativa fue desarrollada por dos alumnas, una de ellas con diabetes. Este año se volverá a premiar el talento creativo entre 800 finalistas.

“El concurso tiene cada vez mayor respuesta. En 2014 se inscribieron 318 proyectos, en 2015 fueron 429, en 2016 sumaron 570 y este año fueron 870”, cuenta Giolito.

 

Mapeos

En sus distintas variantes, los mapeos participativos son otro claro ejemplo de cómo la tecnología puede ser puesta al servicio de un objetivo social. Visibilizar y sistematizar, poner en valor y denunciar son algunas de las posibilidades que abre el uso de este recurso por parte de la sociedad civil.

La desaparición de Santiago Maldonado el 1 de agosto pasado durante un operativo de Gendarmería –tras el de-salojo de una protesta de la comunidad mapuche en la provincia de Chubut– volvió a colocar en el centro de la agenda pública a los pueblos originarios y los conflictos por la tenencia de tierras. Territorio Indígena junto con Amnistía Internacional y con aportes de otras organizaciones como Serpaj, Endepa, Andhes, Aadi, Gajat, y la Defensoría del Pueblo de la Nación, desarrollaron una plataforma donde relevaron 200 conflictos vigentes por geolocalización. Además, ingresando en cada uno de ellos, se pueden encontrar detalles de los casos y sumar adhesiones a los reclamos.

También la Red de Comunidades Rurales se valió de la herramienta del mapeo: “Somos un grupo de organizaciones y actores sociales convencidos de la necesidad de movilizar recursos y articular esfuerzos para acompañar el desarrollo humano de las comunidades rurales que se encuentran en situación de pobreza y exclusión social”, señalan desde la plataforma mapasderecursos.org.ar. Entre otra información, allí se puede encontrar un mapeo de iniciativas de turismo de base comunitaria que, por medio de una metodología de construcción participativa, permite dar visibilidad a emprendimientos de estas características en todo el país, gestionados por integrantes de las propias comunidades y que brindan beneficios colectivos a esa población.

 

Campañas

En la prehistoria de la era digital, no hace muchos años atrás, motorizar campañas implicaba casi exclusivamente sacar a la calle un buen número de voluntarios para captar firmas y adhesiones. Hoy, eso es parte del pasado. Primero, a través de las propias páginas web institucionales de las organizaciones y, luego, también mediante plataformas, reunir apoyos en procura de instalar un tema en la agenda social o de incidir en la definición de políticas públicas es cuestión de clicks y de difusión por medio de las redes sociales.

El emblema por excelencia de esta nueva época es change.org, que logró posicionarse como plataforma para que cualquier persona pueda asumir un rol protagónico –en el sentido actual y digital que hoy se le puede dar a esa palabra– en pos de lograr la transformación de una realidad o de encontrar una solución a un problema. “La mayor fortaleza es lo fácil que es para los usuarios poder crear una petición, así como también firmar y compartirla”, detalla Gastón Wright, director de Change en Argentina. “Semanalmente, la plataforma tiene un promedio de entre 20 y 25 mil nuevos usuarios sólo en Argentina y un promedio entre 250 y 270 peticiones por semana, lo que genera un tráfico enorme, así como también una diversidad de temas muy grande y públicos que se van renovando”, señala.

 

Una caja de herramientas

“Hoy, la mayoría de las OSC no están aprovechando la tecnología de la mejor manera”, resume Massimiliano Curti, director ejecutivo de Sumá Fraternidad, una plataforma de microdonaciones para proyectos solidarios, que además cuenta con un portal especializado en gestión y sustentabilidad de ONG y brinda asesoramiento y recursos para la formulación de proyectos para convocatorias de cooperación internacional.

Según la mirada de Curti, en algunas organizaciones existen “prejuicios y falta de conocimiento” sobre los usos de las tecnologías por una cuestión “generacional”. De hecho, destaca la necesidad de “salir a buscar jóvenes voluntarios, milennials que se involucren con el trabajo de las OSC” como un modo también de “acercar nuevas tecnologías al mundo de las organizaciones sociales”.

Por su parte, María Zinn, referente en materia de Comunicación en la plataforma, advierte que “la sociedad civil hoy está un poco atrasada” en relación a las posibilidades que brindan los diferentes recursos tecnológicos, y sostiene que “el impacto, la sustentabilidad y la presencia en las redes sociales son hoy condición sine qua non para la vida de las organizaciones”.

 

Una radiografía

Con la participación en lo que va del año de unas 700 OSC de América latina que respondieron una encuesta, Wingu está construyendo un informe sobre cómo el tercer sector se apropia y hace uso de la tecnología y los medios digitales.

Se trata de un relevamiento que busca tener más alcance que el del año pasado, que –sobre la base de la mirada aportada por 400 OSC– arrojó como resultado que el canal más usado para la comunicación del tercer sector es la red social Facebook –elegida por casi nueve de cada diez organizaciones consultadas–, seguido luego por los propios sitios webs institucionales de las ONG –señalados por el 70 por ciento de los encuestados– y por Twitter –destacado por el 57 por ciento de las organizaciones sociales relevadas–.

El envío periódico de información vía correo electrónico, los eventos presenciales y la plataforma de videos Youtube fueron también remarcadas como herramientas prioritarias por cerca de la mitad de las organizaciones encuestadas. Lejos, muy lejos, con apenas entre el 16 y el 17 por ciento de las respuestas, quedaron los blogs e Instagram.

 

Cómo conectarse

Nobleza Obliga: www.noblezaobliga.com  // Escuela de Buenas Economías: www.buenaseconomias.org  //  Wingu: www.winguweb.org  // Sumá Fraternidad: www.sumafraternidad.org  // Cámara de la Industria Argentina del Software: www.cessi.org.ar / info@cessi.org.ar  // Club de Chicas Programadoras: www.chicasprogramadoras.club  // Proyecto DANE: www.proyectodane.org  // Quiero Ayudar: https://quieroayudar.org/  //  Donar Online: https://donaronline.org/  //  SmarTACC: http://smartacc.proyectosort.edu.ar/  //  ORT: www.ort.edu.ar  // ITBA: www.itba.edu.ar  // Señas en Acción: www.facebook.com/senasenaccion/  // Signalo: www.signalo.com.ar  // Fundación Eco-Inclusión: http://ecoinclusion.com.ar/  // Desde Tu Lugar: www.desdetulugar.com.ar / www.facebook.com/desdetulugar  // Fundación Avina: www.avina.net  / (011) 48162400  // ACIJ: www.acij.org.ar / (011) 43812371  // Caminos de la Villa: www.caminosdelavilla.org  // Samsung: www.samsung.com/ar/ // Amnistía Internacional: www.amnistia.org.ar  // Mapeo conflictos indígenas: www.territorioindigena.com.ar  // Red de Comunidades Rurales: www.mapasderecursos.org.ar  // Change: www.change.org  // Yo Quiero Saber: www.yoquierosaber.org

 

OPINIÓN

Nuevos horizontes. Por Juan Manuel Menazzi *

Existe una fuerte distancia en las capacidades operativas y de fundraising de las ONG del mundo desarrollado con respecto a las de países emergentes. Esta brecha se explica, fundamentalmente, por el uso que estas organizaciones hacen de la tecnología, según se sigue de la publicación del 2017 Global NGO Online Technology Report. El estudio evalúa cómo las ONG gestionan sus comunicaciones a través de la web o el email, el uso que hacen de las herramientas web y mobile para el fundraising y su estrategia y presencia en redes sociales. En el relevamiento puede verse cómo las fundaciones en países centrales aventajan a las presentes en territorios en desarrollo cuando se mide cuántas de ellas tienen cuentas de Twitter, Instagram y Facebook, el nivel de actividad que despliegan y la gestión de nuevas tecnologías asociadas a datos y campañas.

Es evidente que la potencia de las redes sociales justifican, por ejemplo, un community manager full time dedicado a los objetivos de una organización no gubernamental. Recientemente, Facebook introdujo el botón “donate” y permitió, en poco tiempo, recaudar diez millones de dólares para víctimas del huracán Harvey. Sin embargo, sólo parte de las ONG latinoamericanas tienen páginas de Facebook o cuentas de Twitter y una fracción aún menor las usa activamente.

Las principales oportunidades de mejora para las ONG radican no sólo en un uso más eficiente de tecnologías tradicionales como los dispositivos móviles, las redes sociales y el crowdfunding, sino también en constituirse como “early adopters” de herramientas emergentes como “big data”, “cognitive computing”, realidad artificial y aumentada, o tecnologías persuasivas.

Director del Centro de Emprendedores del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (Itba).

 

OPINIÓN

Innovación con impacto social. Por Matías Fuentes * 

En Google estamos convencidos de que la tecnología puede ayudar a resolver los principales problemas de la humanidad y sabemos que la innovación aplicada al desarrollo social abre las puertas a un sinfín de nuevas oportunidades. Reconocemos también el enorme e incansable trabajo que todos los días realizan las organizaciones de Argentina y de toda la región con un claro objetivo: ayudar a quienes más lo necesitan

Es por eso que este año, además de lanzar el Desafío Google.org, presentamos en el marco del Festival de Innovación y Tecnología Social (Fits) nuestro programa para que organizaciones sin fines de lucro puedan acceder de manera gratuita a una plataforma que contempla tres pilares.

Por un lado, G Suite para ONG, con todas las aplicaciones de productividad y colaboración de Google en la nube, sin costo y sin límite de uso. G Suite es utilizado por miles de empresas, universidades y colegios en Argentina y contiene Gmail con el dominio de la organización, Google Calendar y Google Drive, entre otras aplicaciones.

En segundo lugar, pueden acceder a publicidad digital (Google Ad Grants) con un crédito muy importante para aparecer en el buscador de Google con sus campañas o iniciativas y poder así compartir las historias y los objetivos de la organización. Así pueden conseguir más apoyo de colaboradores de todo el mundo y más voluntarios.

Finalmente, acceden a funcionalidades exclusivas en YouTube, para compartir videos y mejorar así la visibilidad de las acciones y la interacción con colaboradores, voluntarios y donantes.

Organizaciones sin fines de lucro argentinas realizan una labor enorme, que internet tiene la capacidad de multiplicar y llevar a una mayor escala. Con estas herramientas no solamente pueden ampliar su llegada para buscar nuevos voluntarios, sino que también pueden ser más eficientes en su operación, optimizando recursos que siempre son escasos.

El programa no tiene límites ni restricciones respecto del tipo de organizaciones que pueden acceder, simplemente tienen que estar adecuadamente registradas como entidades sin fines de lucro en el país. Luego deben completar un proceso de aplicación online ingresando a google.com.ar/nonprofits/ que será revisado caso por caso.

Responsable de Comunicaciones de Producto de Google Argentina.

 

Buscadores de impacto: Desafío Google.org 

Señas en Acción es una ONG que procura la inclusión de personas sordas a través de la creación de espacios accesibles mediante la Lengua de Señas Argentina y la capacitación. Pero más allá de su tarea cotidiana, el equipo de la organización generó un proyecto llamado Signalo, el primer traductor virtual del lenguaje de señas que, con formato de aplicación, traduce palabras en voz y texto a ese lenguaje, utilizando como intérprete un personaje animado.

“La aplicación está pensada para todos, es un beneficio para la sociedad. Nos dimos cuenta de las barreras que hay, desde que se levantan hasta que se acuestan para todas las personas hipoacúsicas. Todo el día la persona sorda transcurre con muy poca comunicación, pero eso se transforma totalmente cuando hay lengua de señas. Si hay tantos inventos tecnológicos para tantas cosas, ¿por qué no podía haber uno como Signalo?”, se pregunta Ágata Fornasa, una de las integrantes del equipo que ideó y puso en marcha esta iniciativa.

Al igual que ellos, el equipo de Wingu –a través de una iniciativa denominada Nilus– y la Fundación Eco-Inclusión, con un proyecto de fabricación de ladrillos de bajo costo hechos a base de plástico reciclado, resultaron ganadoras, a fines de septiembre pasado, del capítulo argentino del Desafío Google.org, que procura fomentar proyectos de innovación con impacto social.

Ahora, todas ellas buscan sumar votos –que se realizan online– de cara a la final regional, que tendrá lugar en noviembre en México, con la participación de los proyectos ganadores de Argentina, Chile, Colombia México y Perú. “La tecnología puede cumplir un rol fundamental en ayudar a resolver los problemas más apremiantes de la región”, afirma Federico Procaccini, gerente general de Google Argentina.

Mario Roset es director de Wingu, la organización que busca potenciar ONG y proyectos sin fines de lucro en América latina a través de la incorporación de tecnología y metodologías innovadoras. En el certamen de Google acompañó la iniciativa Nilus, que permite “rescatar alimentos que están a punto de ser desperdiciados, ya sea por productores o supermercados, utilizando tecnología que está disponible, para hacerlos llegar a comedores sociales de todo el país, con intención de que escale regionalmente”, explica. Basados en la utilización de la aplicación Google Maps, los impulsores de Nilus estiman que, dentro de cinco años, estarán repartiendo 120 millones de platos de comida anuales para 60 millones de personas.

 

 

De semilleros y millennials 

Ramiro Olivera y Julián Antonielli tienen 22 años; Luciano Mosquera, 25. Los tres son estudiantes de Ingeniería Informática del Instituto Tecnológico Buenos Aires (Itba) y este año, de la mano de un proyecto de una alta potencialidad de impacto social, obtuvieron el tercer lugar en un concurso mundial del gigante Microsoft, que premia la innovación tecnológica.

ResCue –el nombre del desarrollo de estos millennials– utiliza drones para explorar en tiempo real un área afectada por una catástrofe natural y, mediante una plataforma web, permite que un equipo de operadores pueda ver online los reportes, para así focalizar de manera más rápida y eficiente la acción frente a la emergencia.

El foco de la iniciativa está puesto –aseguran sus desarrolladores– en “salvar vidas a partir del acortamiento de los tiempos de respuesta ante catástrofes naturales”. De hecho, detallan, el diseño “permite cubrir con diez drones una superficie semejante a toda la Ciudad de Buenos Aires en menos de diez horas y enviar reportes en tiempo real cuando, en la actualidad, se tarda entre dos y nueve días en hacer una primera evaluación del área afectada”.

De otra alumna del Itba surgió un desarrollo, en esta ocasión en Sillicon Valley, en los Estados Unidos. Junto a un bioquímico sudafricano, ambos crearon una aplicación que permite efectuar exámenes de sangre para el diagnóstico de VIH, con resultados instantáneos.

Se trata de Agustina Fainguersch, de 27 años, quien ahora busca una dupla para concretar su sueño: que el proyecto pueda desarrollarse también en Argentina. “Se me acercaron muchísimas personas del sector médico argentino, tanto público como privado, con intención de implementar Muzi para generar distintas soluciones”, cuenta.

Desde su experiencia, Agustina subraya que “la tecnología por sí misma no resuelve nada” y pone el acento en la necesidad de “trabajar en equipos diversos y en la democratización de la tecnología para que luego podamos entre muchas mentes pensar en soluciones”.

“Hoy por hoy, estamos recién arrancando con la implementación de últimas tecnologías para resolver problemáticas reales. Definitivamente, todavía no le estamos sacando todo el potencial que tienen esos recursos para lograr soluciones de impacto social”, postula en diálogo con Tercer Sector.

Santiago Aranguri, Tobías Carreira, Pablo Kvitca y Vladimir Pomsztein son alumnos de las orientaciones Producción de Medios de Comunicación y Tecnología de la Información y la Comunicación de la escuela secundaria ORT, como parte de su programa de Aprendizaje y Servicio Solidario. Ellos desarrollaron la aplicación SmarTACC, que busca facilitarles distintos tipos de información a pacientes celíacos. Videorrecetas, geolocalizador de comercios de venta de productos aptos para celíacos y búsquedas diversas conforman el corazón de esta iniciativa, que está disponible de forma gratuita para iOS y Android, y que además cuenta con una página web (http://smartacc.proyectosort.edu.ar/). El proyecto fue ideado por Martín Schnook, director de la orientación en Producción de Medios de Comunicación, y contó con la participación de Darío Mischener, director de la orientación TIC.

FuenteRevista Edición 113
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