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Internos de la Unidad Penitenciaria 15 de Batán producen sillas de ruedas anfibias para que las personas con discapacidad puedan desplazarse en el agua y en la arena. La iniciativa apunta también al aprendizaje de un oficio para quienes están privados de libertad.

Texto Rocío Galván.

 

Una chance de aprender, capacitarse y buscar un nuevo horizonte. Una posibilidad de encontrar un oficio, mejorarlo, ver el producto, tenerlo en las manos. Y, por otro lado, saberse parte de un trabajo para mejorar la calidad de vida de personas con discapacidades. De esto se trata la iniciativa impulsada por la organización Cambio de Paso y el Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), con epicentro en la ciudad de Mar del Plata.

Los internos de la Unidad Penitenciaria 15 de Batán, integrantes del programa de rugby Recuperar Vida, que coordina Cambio de Paso con el SPB, recibieron clases para aprender a confeccionar sillas de ruedas anfibias, que permiten a las personas con discapacidades físicas desplazarse en agua y arena, y disfrutar del mar, la playa y el aire libre. Los talleres fueron impartidos por profesionales del Rotary Club de Santa Teresita y de la Federación de Cooperativas de Trabajo.

El presidente de Cambio de paso, Esteban Viñas, tiene 54 años, fue jugador y actualmente es entrenador de rugby infantil, además de juez de la Cámara de Apelación y Garantías en lo penal de Mar del Plata. “Trabajamos con los que han delinquido y recibieron una condena a pena privativa de la libertad, con medidas de integración social y facilitando que quien alguna vez cometió un delito no vuelva a reincidir”, expresa.

La ONG trabaja en varios ejes, que incluyen el entrenamiento, práctica de rugby y otros deportes, el estudio, el aprendizaje o perfeccionamiento de un oficio y la práctica laboral, además la asistencia psicológica. Pero esto no concluye en las cárceles: sigue luego con capacitación laboral, gestión de empleo y continuidad de la práctica del deporte, bajo supervisión y monitoreo constante. Más de 500 internos pasaron por este programa y desde 2011 se han producido más de 200 sillas anfibias.

 

Integración y cambio

Juan, interno que se capacitó en los oficios de chapista y soldador, cuenta que la experiencia de producir sillas anfibias “fue muy particular” y agrega: “Fue distinto a lo que veníamos haciendo con sillas de ruedas comunes y también otras adaptadas. Para nosotros fue como un desafío, porque sólo contábamos con algunos planos y fotos de otras sillas y las tuvimos que hacer e ir solucionando problemas sobre la marcha, improvisar, usar el ingenio”.

Jonathan, de 27 años y también participante del proyecto, relata: “En el taller pude aprender soldadura y después cómo lijar, masillar y terminar una pieza para pintar. Además, todo esto me hace sentir muy bien, sabiendo que ayudamos a una persona que no puede caminar”. Una propuesta que cumple múltiples objetivos y beneficia a muchas personas.

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