Compartir

Las mujeres desempeñan un rol central en la lucha contra la pobreza desde la época de la colonia. Su accionar se da tanto en organizaciones de base como en ONG que reclaman derechos sociales. Aunque se logran avances, todavía persisten la desigualdad salarial y la desvalorización del aporte femenino a la sociedad. Empoderamiento y visibilidad de un fenómeno global.

 

Texto Marysol Antón.

Las mujeres de todas las edades son las grandes protagonistas del entramado social del país. En la Argentina, como en toda América latina, son fundamentalmente las mujeres quienes organizan y ponen en acción a las ONG –sobre todo las de base– como promotoras y como voluntarias. Esta realidad se manifiesta fácilmente cuando se habla con quienes están llevando adelante comedores populares, merenderos o instituciones que trabajan para paliar la vulnerabilidad de las personas con sus derechos cercenados.

“El 90 por ciento de quienes salen a llevar adelante las organizaciones somos mujeres: desde levantar las cajas de mercadería hasta tomar las decisiones y pensar políticas públicas, porque queremos hacer sentir nuestro compromiso”, cuenta Alicia Romero, de Madres contra el Paco. Por su parte, Paola Florio, periodista y líder de la ONG Construyendo Puentes, que brinda asistencia a comedores del municipio bonaerense de Quilmes, sostiene que “las mujeres conocen las necesidades de sus barrios, los lugares a los que asisten sus hijos y saben que si ellas colaboran para el crecimiento de ese espacio es mejor para todos. Además, se nota el impacto positivo que tuvo la Asignación Universal por Hijo (AUH) y que hoy se está perdiendo”.

De las realidades en tiempos de crisis Cristina Mangravide sabe mucho. Ella puso en marcha en 2001 la Cooperativa Los Pibes del Playón, en el barrio porteño de La Boca. “En estos contextos donde el trabajo falta, las primeras que se quedan sin el sustento son las mujeres, sobre todo las de los barrios pobres, porque suelen ser empleadas domésticas y es lo que más se recorta para achicar gastos”, cuenta esta impulsora del cooperativismo que, como en los casos anteriores, repite la fórmula: nueve de cada diez de los involucrados en el trabajo de base son mujeres. “Somos pioneras en ponerle el pecho a la eclosión social. El asistencialismo no me va, soy constructora”, agrega.

Con mirada de docente, Graciela González, directora de la Escuela María Eva Duarte de Perón, de Avellaneda, es consciente del valor que la educación tiene para promover cambios y también como lugar de reunión y compromiso. “La mujer se empoderó, incluso en su papel social. Antes, sólo criaba niños, hoy estudia y trabaja. Cambió el modelo que le dejamos a nuestros hijos, ahora nos ven trabajar, incluso como referentes sociales y culturales. Desde el colegio trabajamos con la campaña #NiunaMenos y con la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) se ve cómo está cambiando el paradigma de los géneros”, cuenta esta directiva que supo construir también en otros establecimientos educativos del sur del Gran Buenos Aires, como cuando formó una orquesta infantil en uno de los colegios de Villa Inflamable, en Dock Sud, donde además supo alentar a las mamás para que, mientras esperaban a sus hijos, compartieran experiencias y así formaran una nueva red de contención. Además, González es vicepresidenta de la ONG Mujeres en Paz y de Paz, que brinda talleres sobre violencia de género y atiende todo lo relacionado con las distintas vulnerabilidades.

 

División de tareas

La feminización de la pobreza es uno de los puntos que tiene más fuerza dentro de la agenda actual del movimiento femenino. “Si bien hoy hay una mayor visibilización de la problemática, todavía falta mucho para equiparar la brecha. Todavía, por igual tarea, ganamos un 27 por ciento menos que los hombres. A esto se suma que las tareas de las mujeres más pobres suelen ser en empleos no registrados, que son los primeros que se pierden, no tienen paritarias y les paga un patrón. En este segmento, la brecha salarial es del doble que en el empleo registrado”, enuncia la politóloga e integrante del Centro de Economía Política (Cepa) Julia Strada. A nivel mundial, el 70 por ciento de los pobres son mujeres y en nuestro país el registro es similar.

“Los gobiernos neoliberales afectan al empleo y a la ayuda social, que generalmente es cobrada por las mujeres. Además, también influye en el cuidado de los niños, porque la cadena de cuidado es mayormente femenina, y muchas se ven obligadas a salir a trabajar porque sus compañeros perdieron sus empleos. Incluso, la reforma laboral que se supone permitirá tomarse licencias para cuidado de familiares sin goce de haberes, cuando por convenio ya están establecidas y son pagas, afectará a las mujeres que se quedan en casa cuando un hijo tiene fiebre. Del mismo modo, la reforma previsional será sentida sobre todo por las amas de casa, que difícilmente lleguen a los treinta años de aportes” para acceder a la jubilación, advierte Noemí Rial, ex secretaria de Trabajo.

En este sentido, los números demuestran que la crisis económica impacta particularmente en los estratos sociales más bajos. Esto se desprende del análisis del Observatorio de la Deuda Social de la Argentina donde enuncian, en su documento estadístico Desarrollo Humano e Integración Social en la Argentina Urbana 2010-2016, que “según datos oficiales, el nivel de actividad productiva del país cayó 2,3 por ciento con respecto a 2015 y el salario real lo hizo en al menos 4-5 por ciento. El resultado no puede ser otro que un deterioro de la demanda y calidad de los empleos”.

“Los contextos de crisis afectan mayormente a la población femenina, porque el Estado hace recortes que generalmente son en empleo público, salud y educación: donde trabajan las mujeres. Cuando recortan, lo hacen sin perspectiva de género. Además, a nosotras nos cuesta más entrar en los sectores culturalmente masculinizados, que son los que tienen mejores salarios”, describe Violeta Guitart, de la organización Economía Femini(s)ta.

Analizando el contexto, las nuevas generaciones van marcando otro ritmo. “Las jóvenes están empoderadas, conscientes de que no pueden perder tiempo y no quieren depender de la billetera de nadie; valoran la capacitación. Antes se pensaba que el sueldo de la mujer era un complemento, que no estaban para carreras duras y eso ya cambió. En este sentido, la ley de cupo en las empresas puede ser un acelerador para proyectar lo que se busca, porque nadie se sostiene en un cargo si no tiene con qué. Hoy, empresas que quieren salir a cotizar en bolsa tienen mejor imagen con mujeres en sus directorios y muchas tuvieron que salir a buscarlas”, describe Gabriela Terminielli, vicepresidenta de Vital Voices, que acaba de organizar la primera Caminata de Mentoreo del año, donde mujeres experimentadas acompañan a quienes inician el camino de ser emprendedoras o profesionales.

 

Lucha histórica

La incidencia de las mujeres en el ámbito social ha sido sostenida en la historia de la defensa de la población más vulnerable. Su línea de tiempo –muy a grandes rasgos– tiene entre sus orígenes a la Sociedad de Beneficencia (1823), continúa con la Fundación Eva Perón (1948-1955) hasta llegar a Madres de Plaza de Mayo (creada en 1977) y recientemente el movimiento #NiUnaMenos que ha logrado alcance mundial.

“La verdad oculta es que las mujeres somos ciudadanas de segunda, o bien, para decirlo de otro modo, que en democracias heteronormativas patriarcales capitalistas, como las de nuestra región, disponemos de una ciudadanía de baja calidad y, por eso, una buena estrategia del sistema es mantenernos en la convicción de la igualdad para evitar rebeliones”, aclara Liliana Hendel en su libro Violencias de género: las mentiras del patriarcado (Editorial Paidós).

“Lo que estamos viviendo es una gran visibilidad de la organización de mujeres, que siempre estuvo, pero no con la amplitud que vemos hoy. Venimos luchando históricamente: las sufragistas, por ejemplo. Por eso, debemos reconocer que la lucha es histórica y que hoy tomó las particularidades de este contexto. Las mujeres siempre estuvieron movilizadas, pero fueron invisibilizadas y acalladas. Por ejemplo, las indígenas siempre estuvieron junto a sus compañeros en las luchas y reclamos. También debemos valorarle al feminismo su capacidad de crítica interna”, explica Silvana Sciortino, doctora en Antropología y posdoctora en Ciencias Humanas y Sociales (UBA).

“Hoy hablamos de la cuarta jornada de la mujer, porque nos formamos, tenemos las tareas de cuidado además de trabajar y estudiar. Por eso pedimos políticas estatales que nos contemplen, como contar con guarderías públicas que estén en funcionamiento hasta la medianoche. ¿Cómo se las arregla una mujer que decide estudiar en el horario nocturno?”, se pregunta Valeria Venticinque, miembro de la Mesa Feminista Rosarina, docente e investigadora de la Universidad Nacional de esa ciudad santafesina.

Se ha dicho ya que la tradicional división sexual del trabajo es la base de las desigualdades. Pero, ¿de dónde surge? “Parte de la generalización es que como tenemos capacidad para reproducir y los hombre más fuerza física, entonces somos más idóneas para las tareas del hogar. El problema es que esto se basa en cuestiones biológicas que no son tan así, además de que estas actividades pueden no gustarnos y, claramente, tienen una valoración distinta desde lo simbólico y lo económico. En países como México se sabe que el 20 por ciento del Producto Bruto Interno se debe a las tareas domésticas, mientras que acá no se analiza. Quienes trabajamos fuera del hogar no vemos disminuida nuestra carga doméstica, mientras que los varones desempleados tampoco las asumen. Esto mismo pasa con el compromiso a tener actividades dentro del sector social”, resume Andrea Balzano, coordinadora del Área de Género de la oficina del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) en la Argentina.

El especialista en temas del sector social, Andres Thompson, en su estudio sobre el Tercer Sector en la historia Argentina, publicado por Cedes en 1994, afirma que la irrupción de las mujeres del ámbito privado al público, aún en el caso de las tareas de caridad y beneficencia, fue una forma de control y subordinación pero que también puede leerse como un primer paso en la tarea de la liberación de la mujer “De una u otra manera, la participación –y más aventurada aún, la hegemonía– de las mujeres (y en particular, de la alta sociedad porteña) en las tareas filantrópicas fue uno de los rasgos distintivos que marcaron el desarrollo del Tercer sector en nuestro país. Más allá de sus distintas y hasta encontradas posiciones ideológicas, desde aquellas damas de caridad, pasando por Eva Perón y Amalia Fortabat hasta las Madres de Plaza de Mayo, la mujer ha dejado una fuerte impronta en el mundo de la filantropía y la acción voluntaria en Argentina”.

 

Cómo conectarse:

Vital Voices: www.vitalvoices.org

Ctep Lanús: www.facebook.com/CTEPLanus

Economía Feminista: www.facebook.com/economiafeminita

Madres contra el Paco: www.facebook.com/MADRES-CONTRA-EL-PACO-Y-POR-LA-VIDA-214724431878457

Construyendo Puentes: www.facebook.com/Construyopuentes

Los Pibes del Playón: www.facebook.com/Cooperativa-de-trabajo-Los-Pibes-del-Playon-Porteñitos

Cepa: centrocepa.com.ar

Observatorio de la Deuda Social Argentina: www.uca.edu.ar/observatorio

Pnud: www.ar.undp.org

 

#8M, una jornada de lucha

El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y no es una fecha de celebración sino de lucha. Así lo han dejado en claro cientos de miles de personas que el último #8M (y los dos años anteriores) llevaron adelante el Paro Internacional de Mujeres y realizaron una inmensa movilización que colmó la zona céntrica de Buenos Aires; también se replicó en la gran mayoría de las provincias y tuvo su correlato en todo el mundo.

¿Cuáles fueron los reclamos? El fin de la violencia machista (en el país muere una mujer cada 30 horas y en América latina y el Caribe se registran las tasas más altas de femicidios), igual representación en cargos ejecutivos (en todas las esferas de las instituciones), desarmar la lógica de la brecha salarial, la libertad de las presas políticas, la aparición con vida de las niñas, jóvenes y adultas desaparecidas, así como de las víctimas de la trata de personas; el aborto legal, seguro y gratuito, el fin de la feminización de la pobreza y terminar con la triple jornada femenina, entre otras demandas.

“Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, fue el lema de la movilización el pasado #8M y, siguiendo esta consigna, una enorme multitud desbordó el trayecto que une a la Plaza de Mayo con el Congreso Nacional. “Nos paramos porque podemos y sabemos cómo hacerlo, paramos por nuestras vidas. ¡Todas libres, todas juntas!”, concluye el documento que fue leído en el cierre de la concentración.

 

La equidad de género y el potencial del G-20 Por Gala Díaz Langou *

La visibilidad que adquirió la agenda de género en los últimos años en la Argentina y en el mundo estuvo liderada por dos temáticas: la violencia física contra las mujeres y la falta de acceso a los derechos sexuales y reproductivos. Hay un tercer tema, íntimamente vinculado con los dos anteriores, que lentamente cobra relevancia: los derechos económicos.

A nivel mundial, las mujeres se encuentran en situación de pobreza más frecuentemente que los varones. En la Argentina, los hogares liderados por mujeres tienen más probabilidades de caer en situación de pobreza que los encabezados por varones. Además, 41 por ciento de las mujeres en edad activa no cuenta con ingresos propios (frente a 16 por ciento de los varones en esta situación).

A las mujeres les cuesta más salir a buscar trabajo por las responsabilidades que tienen en sus hogares. En la Argentina, sólo 56 por ciento de ellas son económicamente activas (frente a 81 por ciento de los varones) y la brecha aumentó en los últimos años para las jóvenes. Cuando las mujeres logran salir a trabajar o buscar trabajo, su inserción laboral es más precaria: con mayores tasas de desempleo y de informalidad y en sectores menos dinámicos de la economía, ganando menos que los varones por el mismo trabajo (en promedio 27 por ciento) y con menor acceso a puestos jerárquicos.

El peor desempeño de las mujeres en el ámbito laboral no está asociado con su formación, dado que las mujeres en la Argentina alcanzan, en promedio, niveles educativos más altos que los varones. Esta situación repercute sobre el empoderamiento económico de las mujeres y el pleno goce de sus derechos. También representa un obstáculo para el crecimiento, la sostenibilidad y la productividad de los países.

* Directora del programa de Protección Social del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) y Co-chair de la Taskforce de Equidad Económica de Género del G-20.

 

El cuidado es un derecho Por Laura Pautassi *

Cuidar es un concepto polisémico; sin embargo, en los últimos años se ha avanzado en reconocer que cuidar de otros que lo necesitan es un trabajo, aunque socialmente no se lo reconozca como tal.

El acto de cuidar se considera un trabajo porque implica tiempo, desgaste de energía y genera valor económico. Es precisamente el trabajo de cuidar a otros el que permite la reproducción de la fuerza de trabajo que necesita la sociedad capitalista, de allí su relevancia no sólo social sino también económica.

Son las mujeres las que mayoritariamente cuidan porque sobre esta base se ha fundado lo que se conoce como “división sexual del trabajo”. Incluso, en los casos en que las mujeres están insertas en forma remunerada. En una encuesta realizada en la región metropolitana por el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) en 2012, sobre un universo de casi 400 casos entrevistados, los datos demostraron que las madres son las principales responsables de cuidar: en el 76 por ciento de los casos se encargan de los niños y en el 50 por ciento lo hacen de manera exclusiva, mientras que los padres sólo lo hacen en un 22 por ciento.

La división sexual del trabajo está en la base de la desigualdad imperante en América latina, la que a su vez es la región más desigual de la Tierra. Sin embargo, poco se denuncia sobre el componente central en este tipo de situaciones que incluyen desde la menor posibilidad que tienen las mujeres para ejercer sus derechos, incorporarse al mercado de trabajo remunerado, resolver las demandas de cuidado, poder construir una trayectoria laboral en igualdad de posibilidades que sus pares varones y, cuanto menos, percibir el mismo salario.

Sin embargo, tanto a nivel regional como en el caso de la Argentina, la ratificación de pactos y tratados internacionales de derechos humanos no han sido suficientes por sí mismas para garantizar tal principio y comenzar un proceso de transformación de las inequidades existentes. Por ello, aplicando el mencionado corpus, desde el enfoque de derechos implica que el acto de cuidar, el de recibir cuidados pero también el de “cuidarse” es un derecho de cada persona, independientemente del estado de necesidad que esté transitando o de su inserción asalariada formal o de las múltiples implicancias y derivaciones que trae aparejada, entre otras, si es una obligación privada o pública.

A su vez, en la medida que los varones no se involucren activamente en el cuidado y asuman sus responsabilidades de manera activa, poco avanzaremos en una mejor organización social del cuidado. Ahora es el momento.

* Investigadora Conicet-UBA, integrante del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA).

 

En la base, las mujeres Por Claudia Alitto *

La Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (Ctep) se crea con el objetivo de nuclear y contener a los beneficiarios del programa Argentina Trabaja. En nuestro ente priorizamos la capacitación y desarrollo personal de cada una de las personas que trabajan en los diferentes ámbitos. Trabajamos en salud, género, obras públicas, educación y asistencia a merenderos y comedores situados en barios de alta vulnerabilidad.

Son las mujeres las que se ponen al frente del relevamiento y la detección de casos de violencia, asistencia social, de gestionar alimentos y bienes necesarios para que las familias más vulnerables puedan satisfacer sus necesidades básicas y logren tener una mejor calidad de vida.

Con respecto a las obras públicas, seleccionamos jardines, salas de primeros auxilios, escuelas primarias y espacios verdes para mejorar los edificios y mantener la limpieza de los espacios comunes de los diferentes barrios de Lanús. También colaboramos con arreglos de la vivienda de los trabajadores de la economía popular, todo orientado en el mismo sentido: mejorar la calidad de vida.

El trabajo en los barrios es cada día más complejo. Lejos de disminuir las problemáticas, nuestras mujeres haciendo puerta a puerta detectan cada día más desempleados, familias que no cubren la canasta básica de alimentos, más situaciones de violencia familiar, de género y adicciones a las drogas. Todo esto lo vemos fuertemente relacionado con el aumento del desempleo, el recorte en los beneficios de programas de asistencia social, el cierre de espacios culturales y clubes que dejan de recibir subsidios estatales, dejando a niños y adolescentes a merced del narcotráfico y adicciones que calan más profundo en nuestra juventud.

Las mujeres somos pilares fundamentales de contención, no sólo para nuestras familias, sino también dentro de los merenderos y comedores donde se detectan todas estas situaciones de vulnerabilidad. Nos organizamos para enfrentar esta situación lamentable que se agrava gracias a las medidas económicas que está tomando el gobierno actual. El 8 de marzo salimos todas a las calles para ser oídas y poner freno al ajuste. Queremos vivir dignamente, que nos respeten como ciudadanas y como mujeres.

* Responsable del área Social de la Central de Trabajadores de la Economía Popular (Ctep) del municipio bonaerense de Lanús.

 

¿Y las chicas de la calle? Por Inés María Correa *

¿Cuántas veces nos habremos cruzado con Yanina, de 8 años, o con Naty, de 9, caminando como zombis de día y de noche? Ellas y otrxs cientos deambulan por una ciudad cuyos habitantes y gobernantes poco las registran, y si alguien les preguntara qué desean para sus vidas, seguramente responderán que no quieren estar más a la deriva.

Pero resulta muy importante saber alrededor de cuántas niñas estaríamos hablando. La ONG Ciudad sin Techo fue una de las impulsoras del primer censo popular de personas en situación de calle en el área de la Ciudad de Buenos Aires. Éste se llevó a cabo en octubre de 2017 y fue respaldado por el Ministerio Público Fiscal, la Defensoría del Pueblo y la Auditoría General.

“Los datos arrojaron que hay 4.394 personas en calle, tres veces más que el número relevado por el Gobierno de la Ciudad. De éste se desprende que 594 son menores, 46 por ciento mujeres y 55 por ciento varones. En los números totales, las mujeres son casi el 25 por ciento y es sin duda mucho mayor el riesgo para las ellas”, asegura Fabián Gaitán, trabajador Social de dicha ONG.

El #NiUnaMenos es también para esas chicas olvidadas.

*Autora del libro Generación Calle.

 

 

Violencia sin freno

Mientras advierten que las cifras de femicidios y agresiones contra las mujeres no bajan, las OSC plantean la importancia de generar un cambio cultural que incluya el cercamiento a las víctimas por parte de la Justicia y las fuerzas de seguridad.

Texto Silvina Oranges.

Durante 2017 en Argentina se registraron un total de 298 femicidios, lo que representa un hecho violento cada 29 horas. En lo que va de este año, las Organizaciones de la Sociedad Civil ya contabilizaron 13 (cifra a actualizar a principios de marzo, antes del cierre). Los números de la violencia machista en el país muestran que aún queda un amplio camino por recorrer.

Las cifras fueron recolectadas por organizaciones como La Casa del Encuentro y el Observatorio Ni Una Menos, que vienen luchando incansablemente para visibilizar la magnitud de la violencia contra las mujeres en cada rincón del país, tomando como base las publicaciones periodísticas.

Según las estadísticas de estas organizaciones, del total de femicidios cometidos durante el año pasado, el 90 por ciento fue llevado a cabo por hombres del círculo íntimo y conocidos de la víctima. Sólo el 18 por ciento de esas mujeres asesinadas había realizado denuncias previas y el 12 por ciento contaba con medidas de protección. Los femicidios cometidos en 2017 dejaron un total de 312 niños y niñas huérfanos.

“Si bien las cifras no recrudecen, los índices no bajan y este año lo comenzamos siguiendo con el promedio de un femicidio cada 30 horas”, dice en diálogo con Tercer Sector Ada Rico, presidenta de La Casa del Encuentro.

Rico, también directora del Observatorio de Femicidios en Argentina, remarca la necesidad de seguir insistiendo en un “cambio cultural” que aún falta mucho alcanzar como sociedad y trabajar con los distintos sectores de la Justicia y las fuerzas de seguridad para que “sean cercanos a la víctima”.

“Más del 80 por ciento de las mujeres que fueron asesinadas el año pasado no había realizado ningún tipo de denuncia, lo que demuestra claramente que no están creyendo en la Justicia, que sigue siendo sexista y patriarcal en sus fallos”, advierte.

Y, entre los casos que se atreven a denunciar, se observa que en muchas comisarías los policías desestiman las presentaciones de las mujeres. “Hace falta más capacitación para que la mujer se sienta contenida para poder denunciar al agresor”, indica Rico.

 

Agresión, dominio y acoso

Pero la concreción del femicidio es el último eslabón de la violencia contra la mujer. Otras cifras conocidas en el último tiempo también hablan por sí solas: cinco de cada diez mujeres reconocen que en su relación de pareja está presente algún tipo de violencia, según reveló una encuesta realizada por el gobierno porteño que apuntó a detectar señales de agresión y dominio. En general, las mujeres refieren comportamientos de los hombres de control excesivo, producto de los celos en la mayoría de los casos, una situación que –según los especialistas– puede ser la antesala de la violencia física en una relación de pareja.

Desde Mujeres de la Matria Latinoamericana(MuMaLá), Raquel Vivanco, su titular y encargada del Observatorio Ni Una Menos, acerca datos de una encuesta que reveló que nueve de cada diez mujeres sufrió acoso callejero alguna vez en su vida. El 80 por ciento de las consultadas manifestó que se siente insegura al caminar sola por la calle.

“Para que exista un femicidio tiene que haber previamente una estructura de violencia cotidiana invisible que hace que un hombre se disponga a cometerlo”, advierte Vivanco, quien también aboga por el “cambio cultural para revertir el tema”.

 

Cómo conectarse

La Casa del Encuentro: Avenida Rivadavia 3917, piso 1  4982-2550: www.lacasadelencuentro.org

Mumalá: Facebook: Mujeres de la Matria

 

Con pronóstico reservado

Las mujeres aún enfrentan múltiples carencias en lo relacionado con la salud sexual y reproductiva. Tabaquismo, sobrepeso, obesidad y sedentarismo las afectan más que a los hombres. El debate sobre la despenalización del aborto sigue presente.

Texto S. O.

“El área de salud es una de las más débiles y retrasadas, no sólo para las mujeres sino en general”, dice Mabel Bianco, presidenta de la Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer (Feim). Como ejemplo, detalla que el Programa de Salud Sexual y Reproductiva “tuvo muchos atrasos en la provisión de anticonceptivos y otros insumos clave. Cuando las provincias no suplieron con compras, esto afectó a la población con impacto en la familia”.

Otra deuda tiene que ver con “la falta de una clara política de disminución de las muertes maternas asociadas al embarazo, parto y/o posparto. Este es un problema de salud que persiste desde hace años”, indica Bianco.

En 2006 fue sancionada la Ley de Educación Sexual Integral, pero actualmente su aplicación es insuficiente en todo el país e incluso inexistente en provincias como Corrientes y Salta. En los servicios de salud públicos no se atiende de modo adecuado a las adolescentes y las campañas de prevención son insuficientes. Esto produce que el 69 por ciento de los embarazos de mujeres menores de 20 años no sean planificados y, en general, se producen por la falta de educación sexual e información sobre los métodos anticonceptivos.

El Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable funciona desde 2003 y provee mensualmente en forma directa a cada centro asistencial público métodos anticonceptivos que son distribuidos gratuitamente, pero sólo la mitad de las mujeres los reciben y la mayoría desconoce que tiene ese derecho.

Este diagnóstico en materia de salud forma parte de un informe elaborado hacia fines del año pasado por distintas Organizaciones de la Sociedad Civil: la Feim, el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, la Fundación Mujeres en Igualdad, Siglo 21, el Centro de Estudios Legales y Sociales y muchas más.

Estas organizaciones recomendaron “garantizar el acceso a métodos anticonceptivos especialmente a los adolescentes y las poblaciones vulnerables, implementar la capacitación docente y adoptar acuerdos políticos para garantizar la educación sexual integral en todos los niveles escolares y diseñar políticas públicas para garantizar el derecho de niños y adolescentes a la información y los servicios de salud para decidir sobre la maternidad y paternidad adolescente en forma informada, libre y sin violencia ni coerción”. Asimismo, pidieron “tomar medidas concretas para promover la aplicación del ‘Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo’ en todo el país a través de acuerdo en el Consejo Federal de Salud”. Este protocolo rige desde 2015 y establece que el aborto es legal si pone en riesgo la vida o la salud de la mujer, o en caso de violación. En tanto, un proyecto multipartidario –con la firma de 72 diputados– que impulsa la despenalización del aborto se presentó este año, luego de que el presidente Mauricio Macri promoviera su tratamiento en el Congreso de la Nación y se espera que el tema sea analizado en los próximos meses en el Parlamento.

Entre las enfermedades no transmisibles, el tabaquismo, la malnutrición, el sedentarismo, el sobrepeso y el consumo problemático de alcohol constituyen los principales factores de riesgo para las mujeres y generan enfermedades cardiovasculares y respiratorias, cáncer y diabetes, que afectan en mayor medida a los grupos sociales más vulnerables, entre los que se encuentran las mujeres y niñas. La epidemia de tabaquismo en Argentina continúa siendo la primera causa de muerte prematura y evitable en el país. En el país fallecen 11.731 mujeres al año por enfermedades relacionadas con el tabaco. Según los especialistas, las adolescentes mujeres fuman en mayor medida que los varones y son más propensas a sufrir enfermedades relacionadas con este consumo. En tanto, el sobrepeso, la obesidad y el sedentarismo también afectan más a las mujeres y a las niñas que a los hombres.

 

Cómo conectarse: 

Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer (Feim): http://feim.org.ar/  (11) 4372-2763 | feim@feim.org.ar // Paraná 135, piso 3, dto.13 (Caba)

Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable:  http://www.msal.gob.ar/ saludsexual/

Línea telefónica gratuita de Salud Sexual (Ministerio de Salud de la Nación) 0800-222-3444

 

 

Afuera de las aulas

Una gran mayoría de los jóvenes que no estudia ni trabaja son mujeres, que además tienen menos oportunidades que los varones para iniciar sus estudios o continuarlos. Además, en las escuelas predomina la naturalización de roles asignados por los estereotipos sexistas.

 

Texto S. O.

La educación es esencial para que las mujeres puedan alcanzar la igualdad de género y se conviertan en verdaderas agentes de cambio, pero también en esta materia en el país abundan las inequidades. Así lo señala el informe sobre los derechos de las mujeres en Argentina elaborado hacia fines del año pasado por distintas Organizaciones de la Sociedad Civil (Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer, Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, Centro de Estudios Legales y Sociales, entre otras).

Actualmente “persisten desigualdades entre las provincias y entre el ámbito rural y urbano, así como altos índices de abandono, falta de acople entre el sistema educativo y el mundo del trabajo, y una relación espuria entre el nivel educativo y las ocupaciones, cargos y salarios en el mundo laboral”, advierte el informe.

Del millón 200 mil jóvenes que ni estudian ni trabajan en el país, el 70 por ciento son mujeres, entre las cuales el embarazo temprano es una razón muy frecuente de abandono escolar.

Las organizaciones destacan que la Asignación Universal por Hijo (AUH), con la escolaridad como contraprestación, contribuyó a aumentar la matriculación, especialmente entre los sectores más desprotegidos. Aun así provincias como Chaco, Corrientes, Misiones, Santiago del Estero y Formosa concentran problemas estructurales de analfabetismo y falta de infraestructura educativa. La relativa paridad entre varones y mujeres en materia de analfabetismo a nivel nacional (1,9 por ciento) se duplica en las provincias más pobres en perjuicio de las niñas.

Para Rolando Kandel, director adjunto de la Fundación SES –que trabaja desde 1999 para promover la inclusión juvenil en riesgo con un enfoque en el desarrollo de sus derechos–, “actualmente la educación argentina continúa impartiendo en forma generalizada una formación sin perspectiva de género que sigue naturalizando los roles asignados y no favorece el surgimiento de formas igualitarias de vinculación,  contribuyendo a reproducir la desigualdad”.

“Esto se manifiesta principalmente en la poca o nula implementación que tiene la Ley de Educación Sexual Integral en los establecimientos educativos de todo el país, uno de cuyos ejemplos más visibles es la persistencia de estereotipos sexistas en los recursos didácticos (cuentos, colores, juguetes, juegos, deportes, etc.) que circulan de forma predominante en el nivel inicial”, indica el especialista.

En cuanto a las mujeres que no estudian ni trabajan, desde SES consideran que esta inactividad está directamente vinculada a que las jóvenes están realizando tareas de cuidado en sus hogares. “En nuestro país cuatro de cada diez jóvenes tienen responsabilidades de cuidado mayormente de niños, pero la tasa de mujeres que cuidan duplica a la de los varones: 48 por ciento versus 24”, dice Kandel.

En esa línea, Solana Noceti –presidenta de la Fundación Políticas Públicas Participativas– coincide en que para las mujeres en situación de indigencia o pobreza que están a cargo del cuidado de sus hijos –poder terminar los estudios para intentar conseguir un trabajo en blanco o capacitarse para mejorar las condiciones laborales y ampliar las posibilidades suelen ser metas muy difíciles de lograr”. En ese marco, indica que “a nivel estatal no existen políticas en este sentido, ya que si bien la educación inicial es obligatoria a partir de los 4 años aún no está garantizada la universalización de las vacantes y los chicos que asisten lo hacen en un solo turno de tres o cuatro horas”, lo que dificulta a sus madres poder continuar con los estudios.

Desde la Fundación VOS –que busca transformar la realidad de las escuelas secundarias–, su director ejecutivo, Alberto Crocce, plantea que “en este tiempo en que se habla mucho de ausentismo docente hay que tener en cuenta que es una actividad donde la mayoría son mujeres, en quienes generalmente recae el cuidado de los hijos y los ancianos de la familia, ya que los varones no sienten la misma obligación”.

En cuanto a la situación de los estudiantes, Crocce dice que “hay como una prioridad de los hombres a la hora de estudiar en muchos casos” y pone como ejemplo los hogares donde “las mujeres son las que se quedan al cuidado de los hermanos menores” y terminan abandonando la escolaridad.

Sobre los contenidos de la educación, el especialista señala que “en una comunidad dominada por el patriarcado todavía están presentes en las aulas, en los actos y en la vida cotidiana de la enseñanza mensajes que reproducen las miradas machistas que hay en la sociedad”. En ese sentido, advierte que aunque los sindicatos docentes estén integrados en su gran mayoría por mujeres, “eso no implica que todas estén empoderadas con la mirada feminista, sino más bien estamos lejos de esa situación”.

 

 

 

Más trabajo, menos salarios

La participación femenina en el mercado laboral avanza, aunque la diferencia de ingresos respecto de los varones es alta. También es elevado el índice de trabajo informal y persiste el modelo de cuidado de los hijos y de la casa centrado en la mujer.

 

Texto S. O.

Según cifras del Ministerio de Trabajo de la Nación, en las últimas décadas la tasa de participación de las mujeres en el mercado laboral argentino creció significativamente: del 36,8 por ciento en 1990 al 48,1 durante el primer semestre de 2017. Son muchos los hogares en el país donde las mujeres representan el principal sustento económico, ya sea por tratarse de familias monoparentales, por ser la mujer el principal ingreso ante un varón desempleado o subocupado, o en casas donde el ingreso de ambos es imprescindible para el sostén de la familia. No obstante, en este ámbito también falta recorrer un largo camino para lograr la equiparación entre mujeres y hombres, no sólo en el acceso a los puestos de trabajo sino también en el aspecto remunerativo.

Los números del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) indican que los varones participan del 57,3 por ciento del total de los ingresos, mientras que las mujeres obtienen el 42,7 por ciento restante. Es decir, en promedio, ellas reciben menos de un 30 por ciento que ellos. Y son mayoría entre quienes reciben menores ingresos. Según un informe de la cartera laboral, la concentración de mujeres en el grupo de menores ingresos puede explicarse por la percepción de ayudas económicas como la Asignación Universal por Hijo (AUH), por la inserción mayoritaria de las mujeres sin calificación en el sector del trabajo doméstico remunerado y también por los ingresos generados con “changas” o trabajos informales. Todas estas situaciones hacen que, del total de mujeres ocupadas, casi un 35 por ciento se encuentran en situaciones de informalidad.

El tema fue mencionado recientemente por el presidente Mauricio Macri en la apertura de las sesiones legislativas de este año, marco en el cual anunció el envío de un proyecto de ley al Congreso por parte del Poder Ejecutivo para equiparar los salarios, a tono con países como Perú y Finlandia que recientemente aprobaron normativas en ese sentido. El reclamo de equiparación que viene sosteniendo el colectivo feminista incluye también que se reconozcan las horas de trabajo que la mujer realiza en el hogar.

Otro aspecto a tener en cuenta es el cuidado de los hijos. Solana Noceti, presidenta de la Fundación Políticas Públicas Participativas (PPP), considera que “la feminización de la pobreza y la inequidad del mercado laboral se ven complementadas por la desigual responsabilización sobre el cuidado infantil”.

“Las mujeres en situación de indigencia o pobreza están a cargo del cuidado de sus hijos, por lo cual, poder tener un trabajo estable, terminar los estudios secundarios para intentar conseguir un empleo en blanco o capacitarse para mejorar las condiciones laborales y ampliar las posibilidades suelen ser metas muy difíciles de lograr”, dice en diálogo con Tercer Sector.

Para Noceti, “es tal la absoluta naturalización de esa desigual responsabilización que al cuidado infantil lo llamamos maternidad” y hasta el momento el “empoderamiento y la autonomía” que vienen logrando las mujeres en el campo laboral “no se traduce en cambios relativos al cuidado de los hijos, que sigue siendo desigual”.

 

Las malabaristas

En el libro El cuidado infantil en el siglo XXI. Mujeres malabaristas en una sociedad desigual, la docente e investigadora Eleonor Faur lo plantea de esta manera: “Todas las mujeres que tienen empleo casi siempre hacen una logística especial para ver quién queda al cuidado de los chicos. Esto tiene que ver con que el modelo de cuidado está todavía puesto en la mujer, que sigue sintiéndose responsable de los hijos y de la casa. Es cultural y político, porque el Estado avala esto dándole 90 días de licencia a la mujer y dos al hombre”.

“Al ser la licencia por maternidad mucho más larga que la licencia por paternidad se contribuye a la injusta sobrecarga de las mujeres en tareas de cuidado y a la discriminación por género en el mercado laboral”, dice un reciente informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).

El Gobierno nacional anunció también que propondrá un proyecto para elevar la licencia por paternidad a 15 días. Aunque sea implementado, todavía hay mucho para hacer debido al alto índice de informalidad laboral que dejaría afuera de este beneficio a un gran número de trabajadores.

 

 

 

 

Todavía en veremos

Argentina hizo punta a nivel latinoamericano con el cupo femenino en las listas electorales y el último avance en esta materia es la Ley de paridad de género, aunque la presencia de las mujeres en los partidos sigue siendo baja y en los sindicatos, los progresos, por ahora, fueron mínimos.

Texto S. O.

De forma imprevista, en noviembre del año pasado el Congreso convirtió en ley el proyecto que promueve la aplicación del principio de paridad de género en las listas de candidatos a legisladores nacionales, con lo cual en las elecciones de renovación parlamentaria de 2019 la representación femenina deberá subir del 33 al 50 por ciento.

Argentina fue el primer país de América latina en establecer un cupo femenino. En 1991, con la sanción de la Ley 24.012 se había establecido la obligatoriedad de que el 30 por ciento de o integrantes de las listas fueran mujeres.

En 1987, sólo el 4,3 por ciento de las bancas correspondían a diputadas y senadoras, mientras que una década después el porcentaje ya había trepado al 27,2 por ciento, según un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para el Equidad y el Crecimiento (Cippec). Actualmente, las mujeres ocupan el 34 por ciento de los asientos en la Cámara baja y el 40 por ciento en el Senado, cifras que prácticamente no se han modificado desde 2003.

Según especialistas en la materia, la normativa de 1991 representó un avance pero generó un techo que ahora viene a subsanar la ley aprobada el año pasado.

La sanción de la nueva norma fue impulsada por un conjunto de Organizaciones de la Sociedad Civil como el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), la Fundación Feim, Mujeres en Igualdad, Fundación Siglo 21, Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (Acij) y Red por los Derechos de las Personas con Discapacidad (Redi), entre otras. “La paridad es un principio rector de la democracia y una demanda presente en la agenda internacional y regional. Además, la implementación del principio de paridad en la vida política contribuye a garantizar el principio de igualdad, promueve un debate más plural y diverso avanzando en la inclusión de la perspectiva de género en los asuntos públicos y garantiza la legitimidad democrática de los espacios de decisión”, señalaron esas OSC en un documento conjunto.

Según un reciente informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), la participación de la mujer en la política argentina –en los tres poderes del Estado– es “excesivamente baja”. El documento indica que en el país, al igual que en otros de América latina, “persisten desigualdades de género que limitan el ejercicio pleno de los derechos políticos de las mujeres y su autonomía en diferentes esferas de la sociedad”.

 

Relegadas en los sindicatos

En el terreno gremial, las mujeres vienen aún más relegadas. Sancionada en 2002, la denominada Ley del Cupo Sindical Femenino estableció que la representación de mujeres en los cargos electivos debe alcanzar un mínimo del 30 por ciento. Pero, según los últimos datos oficiales –proporcionados por el Ministerio de Trabajo en septiembre pasado–, sólo 4 de 22 organizaciones  relevadas cumplen con el cupo determinado. El informe indica que hay cuatro sindicatos que no tienen absolutamente ninguna mujer en los puestos de decisión, que ninguno de los gremios relevados tiene a una mujer como secretaria general y que, en general, los puestos que ocupan las mujeres con mayor frecuencia son los de secretarias “de género”, “de mujer” o “de familia y niñez”.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here