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Amenazas, gritos y el chirlo son formas agresivas naturalizadas en la educación de los niños. La Red por la Infancia propone enseñar en positivo bajo un paradigma basado en derechos humanos. Unicef advierte sobre preocupantes niveles de agresión física o verbal.

 

Texto Florencia Tuchin.

 

La violencia en la infancia es un problema con graves consecuencias que en gran parte de los casos se encuentra naturalizada. El viejo paradigma no consideraba inadecuado que una madre o un padre le diesen un golpe a su hijo cuando se portaba mal. Al contrario, se veía como una forma de poner límites.

De a poco, la conducta cambia y se busca erradicar la violencia de la crianza. Desde la Red por la Infancia se intenta empoderar a niños que sufren maltratos y a sus familias, brindándoles herramientas para ser líderes de esta transformación. La lucha también involucra tanto reformas legislativas como la formulación de políticas públicas necesarias para mejorar la calidad de vida de los chicos en Argentina.

“Trabajo hace mucho tiempo en temas de infancia, particularmente en violencia. Después de varios años nos dimos cuenta de que si no hacíamos un abordaje más holístico, sistémico e integral de la problemática, siempre íbamos a llegar tarde y con el daño ya hecho. Trabajamos con los niños que ya fueron víctimas de violencia, brindando herramientas efectivas de reparación de sus derechos vulnerados, pero también nos dedicamos mucho a la prevención”, cuenta Paula Wachter, directora ejecutiva de Red por la Infancia.

La organización trabaja con referentes locales, que son personas empoderadas y/o profesionales con experiencia en la temática. Los referentes asesoran a las víctimas, les brindan herramientas, les dan información para anticiparse a medidas adversas y las conectan entre sí, con los profesionales y/o las instituciones.

“Tenemos muy naturalizada la forma violenta de relacionarnos con los niños. Es un paradigma cultural que tenemos que cambiar. La mayoría de los padres quieren hacer un buen trabajo, pero están repitiendo patrones de educación anacrónicos. Con el nuevo paradigma basado en los derechos humanos, la violencia hacia los chicos no es aceptable y se prohíbe el trato humillante hacia ellos. Las relaciones con los niños deben estar basadas en el respeto y se deben poner límites de una manera constructiva para que ellos puedan desarrollar su máximo potencial”, relata Wachter.

Educar en positivo ya funciona en distintas instituciones. La red cuenta con un programa de educación socioemocional para niños. Allí se propone brindar herramientas concretas de inteligencia emocional, pensamiento crítico, resolución de problemas, sensibilización e igualdad de género, equidad, empatía y diversidad. Para que los chicos incorporen y a la vez promuevan estos valores en sus comunidades.

Liliana tiene 51 años, lucha para que sus dos hijos puedan salir de una situación de violencia y actualmente está en contacto con la Red por la Infancia. “Conectarme con la organización  fue empezar a entender en qué situación estábamos y cuáles eran los caminos a través de la Justicia. Paula me contó que existía una figura que se llama la abogada del niño”, cuenta la mujer.

Además, Liliana busca que sus hijos no porten una mochila que no les pertenece, no reciban ningún estigma o etiqueta por la violencia que sufrieron. “Los ayudo a que el dolor se transforme en fortaleza”, enfatiza.

 

Cómo conectarse: Red por la Infancia http://redporlainfancia.org  // Unicef Argentina https://www.unicef.org/argentina/spanish/

1 Comentario

  1. Las mujeres adolescentes de pueblos vulnerados que aprobaron la Secundaria no tienen una continuidad para seguir en educación universitaria- “tecnicatura superior universitaria”. En tanto que el Estado argentino marca la violencia de género en lo “más grave” con “el impulso del gobierno, la inhibición de la Legislatura y el respaldo del Poder Judicial”. Siendo que el objetivo es garantizar y promover la plena vigencia del principio de igualdad y no discriminación, asegurar el efectivo ejercicio de los derechos de todos los grupos de personas, comunidades o pueblos vulnerados.

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