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A través de una heladera social, dos amigos tucumanos ofrecen la comida que no venden en su restaurante a quienes lo necesitan. Otros vecinos se sumaron a la iniciativa.

Texto Magalí Sztejn.

 

“En lo personal, es un proyecto que me genera sentimientos ambivalentes, porque se está hablando de la necesidad de la gente. Puede haber una sensación de satisfacción al hecho de darle una forma a la ayuda, pero en el fondo es triste su existencia y es un recurso finito. No hay que pensar en cómo repartir comida, sino cómo generar trabajo”, analiza Fernando Ríos Kissner a la hora de hacer un balance sobre la iniciativa que hace dos años y medio emprendió junto a su socio, Luis Pondal, en San Miguel de Tucumán. Si bien su abogado les había desaconsejado que instalaran una heladera social por la inexistencia de un marco jurídico, una noche ambos vieron a una familia revolviendo un contenedor en la puerta de su restaurante y decidieron avanzar con la idea de ofrecer la comida que no llegaban a vender.

Más allá de la ausencia de regulación y de los problemas que les pudiera ocasionar, optaron por lo que les decía el sentido común: dejar de desperdiciar alimento que podría abastecer a otros. “Buscamos antecedentes, redactamos un proyecto que discutimos con gente amiga y conversamos con nuestros empleados. Teníamos una heladera, un pasillo con salida a la calle y la comida. Unir esas partes era muy fácil”, recuerda el emprendedor. Allá por febrero de 2016 colocaron el electrodoméstico con sus respectivas porciones individuales e, inmediatamente, se vieron sorprendidos por la repercusión mediática y la apropiación de la propuesta por parte de los vecinos.

Hoy siguen manteniendo la idea inicial, a la que se incorporó la comida que aportan otros bares y restaurantes cercanos, la que deja la gente del barrio y la que llega desde eventos sociales. Paralelamente, reciben donaciones de alimentos no perecederos, papel film y bandejas. “Tenemos –cuenta Ríos Kissner– un grupo de voluntarios que todos los lunes se junta en uno de nuestros locales a producir comida que se entrega, como prioridad, a los adultos mayores y a la ONG Plato Esperanza”. De este modo, el proyecto se extiende a otras áreas de la capital tucumana y a localidades vecinas, pero también tiene sus réplicas en la Ciudad de Buenos Aires y en las provincias de Santa Fe, Misiones y Salta, entre otros lugares. Hubo, a su vez, intentos que no se pudieron consolidar: “Lo que sí pedimos es que no se politice”, aclara el comerciante sabiendo que, a pesar de los sentimientos ambivalentes que genera la iniciativa, la crisis social que atraviesa la Argentina no contribuirá a que la heladera cierre sus puertas, al menos en el corto plazo.

 

Cómo conectarse : Heladera social: www.heladerasocial.wordpress.com  // https://www.facebook.com/heladerasocial/

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