Compartir

El uso medicinal de la planta ya cuenta con una ley que lo regula gracias al impulso de ONG y profesionales de la salud. Se estima que su implementación podrá beneficiar al 50 por ciento de los pacientes con epilepsia refractaria y otras patologías.

Texto María Sol Abichain.

ONG conformadas por madres, padres y pacientes con enfermedades que no responden a tratamientos convencionales, profesionales de la salud y cannabicultores se unieron y, juntos, lograron que se promulgara la Ley 27.350 de Uso Medicinal de la Planta de Cannabis, y con ello la posibilidad de un futuro diferente para muchas personas. Hoy, los impulsores de la norma celebran los avances conquistados en el marco regulatorio y bregan por una reglamentación integral.

Tobías tiene epilepsia refractaria, es decir que su afección no responde a los tratamientos antiepilépticos. Guillermina, su madre e integrante de Mamá Cultiva Argentina, cuenta que antes de probar con el aceite de cannabis, Tobías sufría 300 convulsiones diarias, pero desde que comenzó a utilizarlo, la cantidad de episodios bajó a diez y, algunos días, a cero. Katrina tiene la misma patología que Tobías y en su caso, a partir de los 6 años, las convulsiones se volvieron tan frecuentes que los médicos recomendaron dormirla. Soraya, que es mamá de Katrina y forma parte de Cannabis Medicinal Argentina (Cameda), recuerda que al segundo año de permanecer en ese estado los especialistas le sugirieron que analice la posibilidad de desconectarla.  “Lo único que nos faltaba probar era el aceite de cannabis. Emprendimos ese camino junto a otras diez familias, de a poquito, porque no teníamos idea de efectos adversos ni de las dosis. A los veinte días de tratamiento, mi hija Soraya se despertó sin convulsiones. Desde ahí nos propusimos que sea legal y para todos”.

Las historias de Tobías y Katrina resumen el recorrido de búsqueda de muchas familias cuyos miembros tienen enfermedades a las que la medicina tradicional no les pudo brindar un tratamiento adecuado. En el camino comparten experiencias, se unen a otros en la misma situación y forman organizaciones para acompañarse y sumar fuerzas. Mamá Cultiva Argentina, por ejemplo, es una ONG que propone el cultivo individual y colectivo del cannabis, para promover leyes que permitan y faciliten el uso medicinal de la planta y lograr la libre información sobre el tema. Por su parte, Cameda apunta a lograr el acceso de los pacientes de forma legal, acompañados por el sistema de salud y bajo normas de seguridad y calidad. Estas dos organizaciones, entre muchos otros actores, fueron clave a la hora de impulsar la Ley 27.350.

 

Medicina y cannabis

“El primer acercamiento que tuve con el cannabis fue por mamás y pacientes adultos con epilepsia refractaria, quienes me plantearon la necesidad de investigar esta alternativa.  Realicé una búsqueda más exhaustiva y contacté al principal investigador de la temática en Estados Unidos”, rememora Silvia Kochen, investigadora del Conicet y jefa del área de Epilepsia del porteño Hospital Ramos Mejía.

Al desarrollar un estudio clínico observacional en el país, la especialista obtuvo resultados similares a los que encontraba en la bibliografía internacional: “Entre el 40 y el 50 por ciento de los pacientes con epilepsia refractaria mostraron una evolución favorable y sólo un 3por ciento tuvo efectos adversos, cuando este número es cercano al 20 por ciento en otros fármacos”. Kochen también advierte que la inexistencia de un marco legal constituía una dificultad extra. “El hecho de que se apruebe la ley implica que vamos a pasar de una zona gris a una de plena legalidad para realizar estudios seguros como con cualquier molécula y luego garantizar que cada paciente reciba el medicamento que necesita”, aclara.

Marcelo Morante, investigador de la Universidad Nacional de La Plata, explica a su vez que estaba analizando posibles moléculas alternativas a las tradicionales para el manejo del dolor. “Nos pareció que el cannabis, por más preconcepto que tuviera, era interesante a tratar. Por otro lado, tenía una hermana médica y enferma con convulsiones refractarias, por lo que me movilizaron tanto lo científico como lo emocional”, señala.

Morante decidió viajar a Canadá para capacitarse sobre el tema y concluyó: “Lo que se espera de las moléculas es que tengan un efecto deseado con la menor toxicidad posible y el cannabis cumple con estas condiciones para el dolor neuropático en los pacientes con VIH-Sida, esclerosis crónica, fibromialgia y Parkinson, entre otras. Más allá de la construcción social negativa que posee la marihuana, en el ámbito medicinal se logra mejorar el bienestar del paciente y con bajos riesgos de efectos adversos”.

 

Un gran avance

El 29 de marzo último, el Congreso Nacional sancionó la Ley 27.350 y marcó un hito en la historia de aquellos protagonistas que bregaron por la regularización del uso del cannabis con fines medicinales y por la posibilidad de investigar una nueva molécula que podría mejorar la calidad de vida de miles de pacientes.

“La ley genera la base de la regulación, entonces la sustancia va a estar controlada y se va a fomentar la educación médica para que los profesionales acompañen. Debe reglamentarse con velocidad porque ya son más de diez años de atraso y los pacientes la están pasando mal”, expone el doctor Morante. Por su parte, Kochen señala que es crucial el autocultivo, pero controlado, auditado y certificado por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat): “Debe poseer condiciones de cuidado porque todos tienen el derecho a estar seguros de que lo que están consumiendo está libre de contaminación, que no tenga ningún tipo de riesgo y que la concentración sea la misma siempre”.

Alcanzar uno de los primeros pasos motiva a los familiares y pacientes, pero todavía queda mucho camino por recorrer. Por ejemplo, Soraya explica que falta la reglamentación de la norma y que se asegure que el cannabis medicinal “sea distribuido en forma gratuita, que se incluyan todas las patologías que pueden ser tratadas y que mientras se cumpla con la ley se les permita a los pacientes cultivar”. Un punto crucial que la normativa dejó afuera es la figura del cultivador solidario. “Hay personas, por ejemplo alguien con Parkinson, al que no se le puede pedir que cultive, por eso es tan importante incluir a los cultivadores solidarios”, agrega Guillermina.

 

Cómo conectarse: Mamá Cultiva Argentina: www.mamacultivaargentina.org/  //  Cameda: www.cannabismedicinal.com.ar

No hay comentarios

Dejar una respuesta