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Lo que dejó el agua

La respuesta social
Lo que dejó el agua

La explosión solidaria para asistir a miles de damnificados ocupó el centro de la escena tras las inundaciones en La Plata, el Conurbano y barrios porteños. Aún continúa el proceso más largo: el de la recuperación. El rol de las OSC, la fuerza de la organización vecinal y las propuestas de diseñar las políticas necesarias para evitar una nueva tragedia.

Textos: LUCIANA ROSENDE

Sin dudas, hoy por hoy el pronóstico meteorológico determina también los estados de ánimo. Desde los primeros días de abril pasado, cuando la ciudad de La Plata, y algunas zonas de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano se inundaron como nunca antes, un miedo colectivo aparece cada vez que se anuncian lluvias. Llevará tiempo vencer el temor; todavía es demasiado pronto. Todavía hay paredes secándose, viviendas por reparar, reequipar o incluso reconstruir. Todavía hay comedores que no pudieron reabrir sus puertas. Todavía hay que tomar recaudos para que los efectos de la invasión del agua no se traduzcan en enfermedades. Pero también hay, todavía, múltiples actores sociales ocupándose de mitigar las secuelas del desastre.

Al igual que durante la emergencia de las primeras horas y los primeros días, miembros de organizaciones sociales locales siguen poniendo el cuerpo para asistir a los que perdieron todo en la etapa más difícil del proceso: la de (intentar) volver a la normalidad. Algunas veces de la mano del accionar estatal o de los principales referentes del Tercer Sector y otras veces en soledad, comedores, clubes, asociaciones barriales y otras entidades continúan aportando lo suyo para la recuperación.

La tarea tiene distintos frentes: si bien en una primera instancia la labor solidaria se concentró en el acopio de donaciones, el después incluye la reconstrucción de la cotidianeidad, la asistencia psicológica, la reparación estructural y, a mediano y largo plazo, el diseño de estrategias para evitar que las tormentas y las crecidas vuelvan a tener poderío asesino. 

La vuelta a casa y al trabajo

“Cuando bajó el agua fue la peor postal, la casa tapada de barro, llena de bichos. La gente estaba desconsolada”, describe Viviana Coria, integrante de la ONG Siempre Los Niños, que trabaja en Villa Elvira, uno de los puntos más castigados por la inundación platense. Ella calcula que alrededor de medio centenar de viviendas todavía está inhabitable. Igual que el comedor de su organización, que aún se encuentra demasiado dañado como para reabrir sus puertas.

Con la intención de contribuir a revertir este panorama, el Banco Alimentario de La Plata se comprometió a proveer los alimentos que le hagan falta a Siempre Los Niños durante los próximos cinco meses, y voluntarios de Un Techo Para Mi País se sumaron a las tareas de limpieza.

El drama obligó a ciertas organizaciones a dejar de lado su labor específica y sumarse a las tareas de ayuda a los inundados. Tal es el caso de Nutrir La Vida, en Los Hornos. La entidad integra la red de Centros Conin (Cooperadora para la Nutrición Infantil) y habitualmente se ocupa de asistir a familias para prevenir la desnutrición infantil. Hoy, después de la gran inundación que castigó al barrio, se aboca entre otras cosas a reequipar las viviendas devastadas. “Las trabajadoras sociales van a las casas a ver qué se necesita. Como recibimos donaciones en efectivo, estamos comprando muebles. En principio vamos a cumplir las necesidades de las familias del programa. Tenemos en lista 17 roperos, camas, entre otras cosas –enumera Yolanda Di Sarli, presidenta de la asociación–. Con un plus que es que algunas de nuestras familias tenían los colchones en el piso y ahora estamos tratando de que tengan camas. Y ayudarlos a que puedan tener un contrapi- 8 so, por una cuestión de higiene, dado que se puede lavar con lavandina y uno de tierra, no”.

Atajar en red

Tres grandes organizaciones sociales acordaron un trabajo en red a pocas horas de producido el desastre: Cáritas puso a disposición los centros de distribución –parroquias, comedores, clubes–, el Banco Alimentario aportó la logística y el depósito para el acopio principal y Techo Argentina sumó su tropa de voluntarios. Ésas fueron las tres patas de un trabajo que se extendió durante las primeras dos semanas. “La conclusión es que ninguno hubiera podido hacer nada similar si hubiera actuado solo. Tuvimos mucho apoyo de la comunidad y muchos voluntarios”, destaca Liliana Ilari, presidenta del Banco Alimentario de La Plata.

Después, cada uno se abocó a desafíos específicos. “Hay problemáticas que persisten, como viviendas que el agua se llevó o gente que no puede volver adonde estaba porque se volvería a inundar. Una red de voluntariado está saliendo por los barrios a relevar a través de las parroquias y los estamos capacitando para que evalúen persona a persona. A partir de eso, se podrán direccionar los fondos que fueron donados a la cuenta de Cáritas. Con el trabajo en cada parroquia, cada comunidad va a elegir los aspectos más urgentes para focalizarse en ellos”, afirma el presbítero Andrés Rambeaud, director de Cáritas La Plata. De acuerdo con lo previsto, el relevamiento estaría listo para fines de mayo.

Esta entidad se ocupa, además, de una problemática poco tenida en cuenta en un primer momento: la gran cantidad de personas cuyas herramientas de trabajo quedaron sumergidas e inservibles. “Yo estoy en Tolosa –cuenta Rambeaud–, donde quedó todo inundado pero el agua no se llevó casas. En cambio, sí afectó seriamente la higiene y, en algunos casos, la herramienta laboral: la moto del repartidor, las herramientas del albañil. Cosas que van saliendo a la luz ahora.” La meta es que, tras el exhaustivo relevamiento, se puedan identificar a estas personas para facilitarles su retorno al empleo.

También el equipo de TECHO en La Plata está realizando un mapeo, en este caso para detectar la zona con mayor pérdida de viviendas y construir sus techos.“Vamos barrio por barrio y hacemos encuestas a referentes. Como no los podemos abarcar a todos, veremos cuál fue la zona más afectada en principio en cuanto a viviendas”, afirma Julia Safias, directora de la sede platense de esa ONG. Con este fin, además de las prácticas habituales para recaudar fondos, Techo lanzó campañas con la metodología de financiamiento colectivo (crowdfunding) en las plataformas Ideame y Agrupate. En tanto, avanzarán con la construcción de techos en las zonas previamente seleccionadas de Berisso y La Plata.

Opinión:  Oportunidad y lecciones aprendidas

POR JEAN LUC PONCELET

Los desastres repentinos movilizan fuertemente a la comunidad y a las autoridades, enfocando la atención sobre el problema. No obstante, pocas semanas después, las obligaciones cotidianas retoman su espacio y la tendencia es olvidar lo ocurrido. Lo paradójico es que, precisamente después del período inicial de la emergencia es cuando podemos ser más costo-efectivos para prevenir y evitar complicaciones, realizando actividades que son de bajo costo y salvan muchas vidas: extraer las lecciones e incorporar en la reconstrucción medidas de mitigación. 

Es el momento ideal para examinar las lecciones que deben ser aprendidas. La memoria está suficientemente fresca para recordar los datos de lo ocurrido y hacer el análisis de lo que se debe hacer y de lo que hay que evitar en eventos similares.

Existen múltiples ejemplos de lecciones aprendidas en las Américas, especialmente en inundaciones, que son los fenómenos más frecuentes. Varios han sido publicados, como el referido a las recientes inundaciones en Loreto, Perú, (http://new.paho.org/disasters/index.php?option= com_content&task=view&id=1718&Itemid=1&lang=es) o las de 2003 de Santa Fe, Argentina: ( http://www.disaster-info.net/InundacionesSantaFe/).

La etapa de reconstrucción es también una oportunidad para reparar los daños incorporando elementos de mitigación que ante una situación parecida disminuyan el impacto sobre las personas y los servicios de salud. Hay disponibles un gran número de materiales técnicos en estos temas. Hospitales seguros ante inundaciones, por ejemplo, se orienta a reducir daños sobre hospitales y facilitar que continúen siendo funcionales después de un evento adverso. (http://www1.paho.org/spanish/dd/ped/HospitalesInundaciones.htm)

Tomando en cuenta estas dos medidas, la de sacar las lecciones aprendidas y la de asegurar que la reparación de los daños y la recuperación de los servicios se haga con las medidas de mitigación necesarias se podrán evitar grandes pérdidas en el futuro. Como indican el Banco Mundial y otros organismos, por cada peso invertido en preparativos y reducción de riesgo, se ahorran 7 pesos en la respuesta.

Director Departamento de Emergencia y Desastres OPS/OMS Washington, DC.




 
 
 
 
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