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Escuelas analógicas, alumnos digitales

Nota de Tapa
Escuelas analógicas, alumnos digitales

Los especialistas coinciden en que la escuela argentina atrasa. Un sistema educativo vapuleado por problemáticas históricas afronta el enorme desafío de preparar a los chicos para acceder al mercado laboral y encarar un futuro en constante transformación. El rol de los docentes. Asignaturas pendientes y experiencias exitosas.

Textos: Silvina Oranges

Argentina. Marzo de 2017. Otro inicio de ciclo lectivo complicado y van… El sistema educativo en el país continúa atravesado por problemáticas históricas. Falta de inclusión educativa. Docentes mal remunerados y con escasa capacitación. Ausentismo, repitencia y jóvenes que abandonan la escuela. Escuelas con problemas edilicios y mal equipadas. Falta de interés por parte de los chicos. Pérdida de autoridad de los maestros. La enumeración de los déficits de la educación argentina es larga y conocida.

Mientras Estado, docentes, gremios y especialistas siguen empantanados en esas discusiones, la cuestión central de la calidad educativa sigue relegada. Se anuncia la “revolución educativa”, pero las escuelas y los alumnos esperan cambios en serio que aún no se ven en el trabajo cotidiano en las aulas. La sociedad cambió, ¿la escuela no?

Las voces calificadas en la materia señalan al unísono que la escuela tradicional ya no responde a las demandas actuales, vertiginosamente cambiantes, y que necesita una actualización urgente, en la que la tecnología se convierta en un componente imprescindible. Y aseguran que, aunque existan problemáticas perentorios, el debate por la inclusión y la calidad deberían ir de la mano.

Referentes de distintas Organizaciones de la Sociedad Civil analizaron para Tercer Sector cómo la escuela de hoy prepara a los chicos para enfrentar el mundo laboral y el futuro en constante transformación. ¿Llegó el siglo XXI a la escuela argentina? ¿Qué rumbo debería adquirir el tan vapuleado sistema educativo nacional?

 

¿Más humanismo o más internet?

“Estamos atravesando una época de transición absoluta, no sólo en Argentina sino en toda la región, en la que cuesta mucho comprender qué sistema es el más adecuado para la época. El modelo pedagógico basado en la transmisión de información y conocimiento hoy ha quedado fuera de nuestros tiempos”, dice Agustina Blanco, directora ejecutiva de Proyecto Educar 2050, una iniciativa que busca colocar a la Argentina entre los países de más alta calidad educativa.

Buscando concientizar a la sociedad civil acerca de la importancia de la educación de calidad, Blanco señala que hoy “internet se convirtió en la biblioteca de la humanidad, patrimonio de todos, y ningún docente tiene semejante bagaje de conocimiento y esa velocidad de cambio”, por lo cual “el desarrollo y el uso masivo de la web nos exige un cambio de paradigma educativo, algo que todavía cuesta mucho llevar a las aulas”.

Desde una visión más humanista, Maximiliano Estigarribia –director del Equipo de Trabajo e Investigación Social (Etis)– plantea que una escuela innovadora es aquella que “a través de su propuesta pedagógica logra sacar del encierro y el sedentarismo a los niños y niñas que pasan horas y horas frente a la pantalla para ponerlos en contacto cara a cara con otros y disfrutar del entorno natural”.

“La escuela es innovadora si reconoce en cada uno de los chicos sus saberes, su capacidad de pensar, de debatir, de crear juntos, con compañeros y docentes, respuestas a las problemáticas de hoy utilizando los medios a su alcance para comprender un poco más el mundo complejo en el que vivimos y empezar a transformarlo para mejor”, agrega.

En ese marco, ejemplifica con su propio accionar dentro del aula: “Una salida al campo a conocer la vida de otros niños en el ámbito rural se convierte en una experiencia más innovadora que el uso del celular para buscar información en Google”. Para Estigarribia, “la verdadera revolución educativa pasará por ayudar a los chicos a recuperar –o mantener– los rasgos de humanidad”.

En el mismo sentido, la presidenta de Chicos.net, Marcela Czarney, aporta que “la escuela tiene que pensar más allá de los trabajos del futuro. Hay que pensar qué tipo de ser humano, qué tipo de ciudadano queremos formar, si no supeditaríamos la educación a la exigencia del mercado”. Desde la asociación civil se impulsan programas educativos que incluyen a la ciudadanía y la alfabetización digital como cimientos, donde las tecnologías surgen como facilitadoras del acceso a la educación, la información y los contenidos de calidad.

 

Rediseñar el sistema educativo

“Los alumnos viven hoy procesos de aprendizaje rutinarios, memorísticos y desencajados del mundo real, lo cual genera en ellos una disociación de sentido cada vez más profunda, especialmente en la escuela secundaria”, completa el diagnóstico el director del Programa de Educación del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cipecc), Axel Rivas.

“La mayoría de los alumnos se pregunta para qué sirve aprender lo que, se supone, deben aprender. Y tienen razón en preguntárselo. Esta es una pregunta decisiva para los educadores: crear el sentido de la enseñanza”, sostiene Rivas, y agrega en forma contundente: “Hay que cambiar el eje que conduce el aprendizaje, pasar de la obligación al sentido, del anonimato a la personalización, de la pasividad al protagonismo de los alumnos”.

Para la Fundación SES, una organización civil que trabaja para la inclusión de los jóvenes en situación de vulnerabilidad buscando fortalecer las posibilidades educativas, “hay diferencias entre la concepción de la formación docente y las prácticas pedagógicas en las escuelas, que muchas veces no contemplan la cultura digital”, dice Rolando Kandel, director adjunto de la fundación, por lo que son necesarias “escuelas abiertas a la comunidad que está atravesada por lo digital que, a su vez, expande el espacio comunitario”.

“Formar ciudadanos críticos, formar trabajadores. En contextos donde la producción va incorporando nuevas tecnologías, la formación en esa área es una forma de acercar la educación al mundo del trabajo”, apunta Kandel desde esta organización, que impulsa acciones de formación digital promoviendo que organizaciones sociales de todo el país incluyan en sus proyectos de apoyo escolar herramientas virtuales.

Magdalena Saieg es directora de Programas de la Fundación Cimientos, creada hace 20 años con el objetivo de diseñar e implementar planes educativos que promuevan la igualdad de oportunidades en las poblaciones más vulnerables y contribuir también con la calidad educativa.“Hay una brecha entre lo que la escuela enseña y lo que los jóvenes necesitan para continuar sus estudios superiores o insertarse en el mercado laboral formal”, dice Saieg, para quien es necesario “garantizar que los alumnos aprendan y que realmente encuentren en la escuela aquello que fueron a buscar, que son los conocimientos”. Pero también considera que la escuela debe brindar otras herramientas que los chicos necesitan para poder desenvolverse una vez que egresan y que llama “habilidades socioemocionales”, como la organización, la planificación, la autoestima, la perseverancia, cualidades “imprescindibles para enfrentar un mundo en el que los conocimientos se van superando vertiginosamente”.

Desde la Fundación del Viso, que hace 28 años desarrolla programas educativos destinados a mejorar la calidad de vida de comunidades vulnerables, Lizzie Wanger manifiesta que “el problema de nuestra escuela actual radica en que su organización institucional está pensada para un modelo de país que ya no es”, además de sostener que “la sociedad ha cambiado profundamente en los últimos 130 años y no así la educación en nuestras escuelas”. La especialista destaca especialmente el proceso de cambio educativo que llevaron adelante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández con la “construcción de políticas que garantizaran el derecho a la educación de todos” y lamenta que ese proceso haya sido “iniciado y abortado lamentablemente en forma prematura”. E incluso va más allá, al afirmar que “bajo el falso discurso de la ‘revolución educativa’ las políticas profundamente igualadoras han sido devastadas en el último año”, bajo la administración de Mauricio Macri.

Para Patricia Mejalelaty, directora ejecutiva de la Fundación Leer –que desde 1997 trabaja para lograr una Argentina alfabetizada– “lo esencial es que la escuela prepare a los chicos para el desarrollo de competencias clave para que puedan desempeñarse en el futuro: aprender a aprender, tener pensamiento crítico, saber enfrentarse a problemas que hoy no imaginamos, el desarrollo de la creatividad y habilidades que son claves, como la competencia comunicativa, chicos que sepan leer y comprender lo que leen, así como producir textos destinados a distintos fines”.

“Hoy, la escuela no prepara en ese sentido. Necesitamos repensar la forma de enseñanza y la escuela entera, volver a pensar el sistema educativo en forma integral. Hoy, el desafío es la calidad. No se trata de más horas. Se trata de horas de mayor calidad educativa para que los chicos aprendan y estén mejor preparados para el mañana”, agrega. 

 

Docentes, divino tesoro

Ante tamaños desafíos, los docentes –tanto los formados en el siglo pasado como en el actual– juegan un papel central en el camino transformador que debe emprender con urgencia el sistema educativo argentino.“La mayoría de los docentes vive la confusión de un sistema educativo tradicional desencajado aún de esas potencialidades. Sufren en sus aulas no sólo la vulnerabilidad de derechos de sus alumnos, sino también la falta de un contexto de aprendizaje diseñado para su vivencia cultural. Atacar esta disociación es la clave de las reformas educativas”, sostiene Rivas del Cipecc.

A la necesidad de repensar el rol, el sentido y la organización de la escuela tradicional hay que sumarle el hecho de que se haga “con respeto y cuidado por la experiencia y la práctica” de los educadores, y “no imponerlo desde afuera sino construirlo desde adentro” ya que “no se puede reemplazar un sistema educativo completo sin participación cultural activa de los docentes”, añade.

Al hablar de ese nuevo rol que maestros y profesores deberían adoptar, Agustina Blanco indica que “deben preparar a los chicos para discernir, aprender a ser constructores de conocimiento, habilidades y competencias modernas, saber aplicar ese conocimiento sin esperar que ellos sean como una vasija que necesita ser llenada. Esta idea no se contrapone con basarse en contenidos y programas curriculares a través de los cuales los chicos aprendan ciertos temas en particular y que son la excusa para construir, indagar críticamente y aplicar esos conocimientos”, destaca.

Desde Fundación SES, en tanto, hablan de la necesidad de “un cambio de perspectiva de los educadores, que se alejan de un rol de enseñanza para acercarse a uno de facilitadores o dinamizadores de los aprendizajes de los estudiantes”. Wanger, a su turno, apunta directamente a la responsabilidad del Estado en cuanto a la capacitación docente. “Los maestros no son todos iguales. Algunos se han capacitado y otros no. La pregunta que debiéramos hacernos es qué ha hecho el Estado para que los docentes puedan estar a la altura de lo que la sociedad actual –y los chicos en particular– demandan a la escuela”, indica.

 

Un sistema ideal en 2030

En la escuela del futuro, internet será la principal fuente del saber, las clases tradicionales desaparecerán y el maestro ya no ejercerá como un mero transmisor de conocimientos, sino que tendrá la misión de guiar al alumno a través de su propio proceso de aprendizaje. La currícula escolar estará personalizada a la medida de cada estudiante, se pondrán en valor las habilidades personales y prácticas más que los contenidos académicos y las aulas se convertirán en entornos interactivos. Así será la escuela en el año 2030, coincidieron los expertos que, en 2015, participaron en Doha de la Cumbre Mundial para la Innovación en Educación. A instancias de la revolución tecnológica, los sistemas educativos de todo el mundo transitan una época de transición y, según los especialistas, deberían sufrir grandes modificaciones en los próximos 15 años.

A tono con esta urgencia de cambio, desde el Colegio Nacional Buenos Aires, secundario dependiente de la UBA, se intentó este año –sin éxito–el fin de la distribución de los chicos por año en aulas fijas para cada división. Si bien la reforma inédita había sido anunciada por las autoridades del colegio antes del inicio de clases, hubo que dar marcha atrás ante los cuestionamientos que apuntaron sobre todo a la falta de análisis y debate de la propuesta de reorganización entre los docentes, graduados y alumnos. La idea era que el curso no permaneciera en un aula, sino que rotara a lo largo de la jornada escolar de salón en salón, de acuerdo con la materia que se dicte. Además, desaparecerían la mayoría de las aulas con los clásicos bancos de madera y serían reemplazados por mobiliario movible. Pero la innovación quedó en la nada, demostrando la resistencia que se genera ante los cambios concretos que se van proponiendo.

“Esa idea es central, una escuela moderna donde no hay un banco detrás de otro, sino mesas en grupo investigando, resolviendo problemas, tomando decisiones, trabajando en un proyecto común, con conocimiento interdisciplinario”, dice Blanco, de Proyecto Educar 2050.

En tanto, para Mejalelaty, de la Fundación Leer, “sentarse en círculos en el aula puede ser muy bueno pero si la comunicación sigue siendo docente-alumno-docente no cambiamos nada. Debemos buscar que la comunicación se torne docente- alumno- alumno- alumno- docente, de modo de facilitar la discusión sobre los temas. Necesitamos un docente que enseñe, pero que a su vez facilita el aprendizaje”.


Comunidades de aprendizaje, una experiencia exitosa

TEXTO FÁTIMA CHEADE

Clases en las que participan distintos actores: alumnos y docentes, acompañados de padres y abuelos, comerciantes, enfermeras, amas de casa y empleados, ONG y voluntarios. Bancos de escuela que están colocados en círculo donde todos se miran y se escuchan mientras comparten actividades que van más allá de lo curricular. Así funcionan las llamadas Comunidades de Aprendizaje, un programa que desde los ’80 funciona con éxito en 160 escuelas de España, y que hace mucho menos se puso en marcha en Brasil y Perú, debutando en Argentina hace escasos dos años de la mano del Cippec.

Se trata de un conjunto de actuaciones educativas de éxito que transforman el contexto de aprendizaje, despiertan el interés de los alumnos y promueven la integración de la comunidad. Está demostrado que su implementación logra mejoras relevantes en el aprendizaje de los chicos y en el desarrollo de la convivencia y la participación comunitaria.

El objetivo de estas comunidades –explica Alejandra Cardini, codirectora del Programa de Educación del Cippec– es que “todos los alumnos alcancen los mejores resultados de aprendizaje para estar incluidos en la sociedad actual. La propuesta busca contribuir a la superación de las desigualdades sociales, pero también a mejorar la convivencia y la participación de la comunidad”, agrega.

En Argentina, el programa ya está en marcha en 39 escuelas urbanas y rurales de Santa Fe, Salta, Chaco y Corrientes, con la participación de 1.500 docentes, 23 formadores y 13.234 alumnos. 

La participación de la comunidad toma diferentes formas: grupos interactivos, tertulias dialógicas literarias y comisiones mixtas.

Sobre esa base, se reflexiona y se intercambian percepciones, lo que promueve relaciones igualitarias. En las comisiones mixtas, espacios de decisión que reúnen a toda la comunidad educativa, se elaboran objetivos y se diseñan estrategias para alcanzarlos. Estos objetivos se establecen a partir de la recolección de los sueños de todos los actores involucrados en la escuela. 

Las instituciones educativas que participan de este programa son en su mayoría primarias, tanto urbanas como rurales, pero también hay secundarias y bachilleratos de adultos. La Fundación Natura apoya a las Comunidades de Aprendizaje a través de su campaña Creer para Ver, por la que se destina el 100 por ciento de los ingresos por la venta de una línea de productos creada especialmente para ese fin.

Qué pasa en otros países

Hay muchos ejemplos de escuelas innovadoras que buscan adecuarse a los nuevos tiempos y de ese modo despertar el interés dormido de los chicos. Redes de tutoría en sectores rurales de México, escuelas híbrido parte presencial-parte digital llamadas Innova en Perú, plataformas disruptivas que mezclan aprendizaje y entretenimiento como Descomplica en Brasil, otros métodos de aprendizaje personalizados como el Fontán de Colombia, la experiencia de los jesuitas en Barcelona (España) o los sistemas educativos de Cuba y Finlandia son algunos valiosos.

“Me encanta el sistema educativo cubano: sin fracaso escolar, con una sociedad sin analfabetismo desde hace décadas y un altísimo índice de egresados de la educación superior. Pero Argentina no es Cuba, Finlandia ni Japón. Argentina tiene que pensar y seguir trabajando para un sistema educativo que responda a nuestros intereses, los del pueblo, a nuestra cultura, a un proyecto de país con justicia social y al que todos puedan acceder para aprender”, dice Lizzie Wanger.

“Cambiar la cultura de las escuelas es muy difícil pero posible y requiere entender muy bien cómo hacerlo y trabajar con los actores del territorio, de las provincias y las escuelas públicas. Es revelador verlo en práctica, destruye la impotencia y la desesperanza que rodea buena parte de las visiones sobre la educación pública y muestra que es posible cambiar la educación con sentido de justicia social”, concluye Axel Rivas con esperanza.

En un mundo que cada vez cuenta con más pantallas y menos pizarrones, la mayor paradoja (y, al mismo tiempo, el enorme desafío) lo plantea la subsistencia de una educación del siglo XIX con docentes del XX y chicos del XXI. Eliminar la brecha puede convertirse en una utopía, reducirla, un objetivo posible de alcanzar.

 

Opinión

Imprenta y cybercultura // Por Gabriel Brener*

¿Cuándo le compro un celular a mi hijo? Esa pregunta que se formula PhillippeMeirieu1 es un ejercicio interesante para pensar la distancia entre alguien de cuarentipico y su hija/o adolescente, la brecha entre generaciones. Aquello que los separa no es sólo un objeto tecnológico, sino la tensión entre modernidad sólida y su versión líquida, entre la cultura de la imprenta y la cultura digital, entre el amplio dominio del espacio físico y la preponderancia del tiempo y la velocidad. Y si le agregamos la dimensión escolar, sumamos la tensión entre lo fijo, inamovible y más rígido que ha caracterizado a dicha institución moderna y lo portátil, móvil y flexible que se presenta con un celular o una notebook, con la incomodidad que genera en el mundo adulto.

Si reconocemos como crucial en estas horas el desafío de unir lo diverso para confrontar con las adversidades, entonces será un buen paso gambetear las miradas nostálgicas que esconden arbitrariedad y que apuntan a los más jóvenes, subestimándolos por sus modos de estar con las tecnologías, de tipear y expresar, como la antesala del terror, en vez de construir una posición adulta que se reconoce responsable y parte de las dificultades para leer, escribir y aprender en un mundo bastante complicado, cambiante, desigual e injusto.

A no caer en opciones binarias, que encierran, que nos reducen y nos hacen una trampa. No se trata de la escuela de la imprenta o la escuela de la cybercultura, son ambas al mismo tiempo. No hay nativos y extranjeros digitales, la división no es sólo etaria. Lo que separa a adultos y adolescentes es que los primeros tenemos la primera y mayor responsabilidad ante los otros que complementan el vínculo aprendiendo a hacerse cargo y a vivir mejor que nosotros en este mundo. Darles medios de orientación para que se constituyan en sujetos y puedan hacerse de una ciudadanía más digna, justa y democrática que la nuestra.

1 PhilippeMeirieu. Conferencia en MEN, 2016. En http://www.me.gov.ar/curriform/publica/meirieu_final.pdf

Licenciado en Ciencias de la Educación (UBA), especialista en gestión y conducción de sistema educativo (Flacso).

Escuela, ¿que todo lo puedes? // Por Félix Bombarolo * 

¿La escuela pública argentina prepara a nuestros chicos para enfrentar los desafíos del futuro? He tenido la fortuna de acompañar procesos, proyectos y políticas orientadas al fortalecimiento de la escuela pública. Iniciativas de capacitación docente, de promoción de la lectura, de mejora curricular, de infraestructura, de gestión institucional, de modernización, de vínculo con el mundo del trabajo. He podido acompañar a numerosas escuelas y comunidades educativas a lo largo y ancho de América latina, especialmente de Argentina. Escuelas públicas mal acondicionadas y equipadas, con docentes mal pagos y desmotivados, con directivos con varios trabajos, escuelas sin libros, sin papel en los baños, con equipos informáticos obsoletos, desplegando su tarea en contextos de suma dificultad social, habitacional, económica, cultural. Escuelas precarias con docentes de precaria formación “cobijando” alumnos y familias que atraviesan situaciones precarias. Precariedad parece ser el nombre de aquello que nombramos. Ante esta dolorosa realidad, muchas veces me pregunto: ¿querremos seriamente contar con escuelas de excelencia? ¿Estamos dispuestos a invertir en serio en infraestructura de calidad, en materiales de calidad, en docentes de calidad? ¿Estamos dispuestos a pagar el costo de tener escuelas públicas tanto o más modernas y preparadas que las privadas? ¿Estamos dispuestos a recaudar impuestos que nos permitan pagar a los mejores docentes y evaluar la calidad de la tarea que realizan? ¿Cómo motivar a docentes y directivos burocratizados, desmotivados y ausentes? ¿Cómo hacer para que la sociedad en su conjunto reconozca la necesidad de transformar hondamente la educación pública e invertir en ello? Necesitamos problematizar y construir respuestas colectivas a estos interrogantes. Mientras tanto, difícil seguir pidiendo cosas “modernidad, excelencia– a nuestra querida y esforzada escuela pública.

* Docente universitario, especialista en diseño, gestión y evaluación de políticas sociales.

La escuela en el siglo XXI // Por María Teresa Lugo*

La tarea educativa en las instituciones escolares se ve hoy fuertemente interpelada por los desarrollos tecnológicos que signan las últimas décadas de nuestra cultura. Aprendemos en todos lados y en todo momento. La cultura digital está transformando los modos de lectura y escritura al punto que no es suficiente leer y escribir para estar alfabetizado. Las tecnologías producen efectos en una nueva y necesaria organización de las instituciones educativas poniendo en cuestión las mismas fronteras espaciales y temporales que tradicionalmente separaron el adentro y el afuera. Enumerar algunos de los principales cambios en el modelo pedagógico escolar contribuye a dimensionar su alcance: una nueva relación con el conocimiento tensionada por nuevos desafíos cognitivos; el cambio en las dinámicas del trabajo en clase, ahora centrado en la simultaneidad; la distribución y la conexión; la idea de un “aula aumentada” como instancia virtual que complementa y da apertura a la propuesta del aula presencial; entre otros.

Es en este sentido que las TIC constituyen una oportunidad para repensar nuevos modelos pedagógicos y formatos institucionales tendientes a renovar las posibilidades de aprendizaje de calidad de los alumnos, su relación con otros y con el mundo social y cultural e incluso interpelando el concepto mismo de escuela.

Socializar a los estudiantes en las redes digitales y el uso de los dispositivos móviles, educar para ser ciudadanos en la sociedad del conocimiento y para aprender a convivir en la diversidad y la multiculturalidad, son desafíos fundamentales para la escuela de hoy.

El sentido será que la brecha entre lo que los estudiantes necesitan y lo que la escuela les ofrece sea cada vez menor. Proponer actividades con distintos formatos y lenguajes, mejorar la comunicación, desarrollar la autonomía y la creatividad, son parte del nuevo diseño de la escolarización que no se sostiene sin la entrada de las tecnologías. Pero no habrá mejora en la calidad si no los direcciona una propuesta pedagógica que oriente la inclusión TIC hacia prácticas colaborativas, de innovación, de pensamiento crítico, de creatividad y de adquisición de saberes socialmente significativos y relevantes.

La creciente incorporación de las TIC constituye un conjunto de desafíos hacia la formación de los docentes y los liderazgos directivos. Los futuros docentes deben formarse y experimentar dentro de entornos educativos que hagan un uso innovador de las tecnologías. Iguales o mayores desafíos se presentan a los formadores de formadores y a los directivos escolares.

Para lograr capitalizar el impacto de las tecnologías en la educación se necesita construir acuerdos con una mirada heterogénea y diversa, ampliando el foco y la comprensión del problema pedagógico que las tecnologías pretenden resolver.

Q Coordinadora TIC y Educación IIPE Unesco // Oficina Regional para América latina.

 

Cómo conectarse

Equipo de Trabajo e Investigación Social (ETIS): www.etis.org.ar // dirección@etis.org.ar // 011-4732-9381 

Fundación del Viso: www.fundaciondelviso.org.ar // info@fundaciondelviso.org.ar // 011-4777-4460/6988 

Chicos.net: www.chicos.net // info@chicos.net // 011-4775-1984

Proyecto Educar 2050: www.educar2050.org.ar // contacto@educar2050.org.ar // 011-4816-2402

Fundación Cimientos: www.cimientos.org // 011-3723-0500

Fundación Ses: www.fundses.org.ar // 011-5368 8370/8371/8372

Cipecc: www.cippec.org // info@cippec.org // 011-4384-9009

Fundación Leer: www.leer.org // info@leer.org.ar // 011-4777-1111




 
 
 
 
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