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El planeta en default

El planeta en default

La demanda anual de los seres humanos sobre la naturaleza excede cada vez más lo que la Tierra es capaz de renovar en un año. Argentina tiene un rol estratégico, ya que se ubica entre los diez países con mayor capacidad de producir recursos, pero también está entre las naciones que más deforestan. Los avances en torno del Acuerdo de París y las consecuencias visibles de la mayor amenaza: el cambio climático

Textos: Luciana Aghazarian

“No tomen agua”, tipeó rápido Antonio en un mensaje de whatsapp a su familia. Desde arriba de la mina explotada por Barrick Gold, el obrero minero vio el hecho en primera persona y se lo advirtió a familiares y amigos. Sucedió el 8 de septiembre último, justo a un año del mayor desastre minero en Argentina en el que se derramaron un millón de litros de agua con cianuro que terminó contaminando, por lo menos, cinco ríos de Veladero, provincia de San Juan. Mismo lugar, misma fecha, misma empresa, similar indiferencia.

¿La sociedad del hiperconsumo? ¿Una producción sin límites? ¿Políticas extractivas cada vez más laxas? ¿De quién es la responsabilidad? Lo cierto es que el caso de la minera en San Juan, ya sea por la compulsiva extracción de oro así como por los “accidentes” a los que somete al ambiente, hizo su aporte al gasto ecológico excesivo que hace cada año la humanidad. De hecho, el 8 de agosto pasado se celebró el Día del Exceso de la Tierra, fecha que marca el momento del año en el cual la demanda anual de los seres humanos sobre la naturaleza sobrepasa lo que el planeta es capaz de renovar en un año. La iniciativa es impulsada por la ONG The Global Footprint Network, asociada a la Organización Mundial de Conservación (WWF), representada en la Argentina por Vida Silvestre. Tiene como objetivo generar conciencia y plantear un cambio, ya que la fecha, para alarma de todos, se conmemora cada vez más temprano: en 2000 se alcanzó a finales de septiembre. 

“La humanidad ha utilizado los recursos de la naturaleza para construir ciudades y rutas, para proporcionar alimentos y crear productos, pero 1970 fue el último año en que el consumo de recursos fue equivalente a los recursos disponibles naturalmente. Desde entonces, se ha llegado el ‘Overshoot Day’ cada vez más pronto. Este año, en ocho meses hemos agotado el presupuesto anual de la Tierra. Desde ahora y hasta fin de año, entonces, el presupuesto ambiental entra en rojo”, sintetiza Juan Manuel Ojea Quintana, coordinador del departamento de Educación Ambiental de Fundación Vida Silvestre Argentina.

 

Los mayores “deudores”

En un contexto en el que se asoma un futuro de recursos limitados, según datos de The Global Footprint Network, la Argentina tiene un rol estratégico ya que se encuentra en el puesto número nueve dentro de las 10 naciones con mayor capacidad de producir recursos y proveer servicios ambientales. No obstante, el país cae al puesto 27 por su elevada “huella ecológica” –que mide cuánta naturaleza tiene, cuánta utiliza y cómo se utiliza–: hoy se necesitan 3,1 hectáreas de recursos naturales para cubrir las necesidades de consumo de cada argentino.

Por su parte, algunos de los países más deudores en términos de recursos naturales, es decir, cuya huella ecológica supera los recursos naturales que puede renovar, son: Australia (se necesitan 5,4 Australias para satisfacer sus necesidades de consumo), Estados Unidos (precisa multiplicar su país por 4,8) y Suiza, Corea del Sur, Rusia, Alemania y Francia (necesitan 3,3 veces sus países para responder a su demanda). 

En este marco, Paula Ellinger, de Fundación Avina Argentina, expresa: “El hecho de que cada vez se adelante más esta fecha es un precedente preocupante y lleno de significado, un síntoma del modo de vida y la relación insustentable que desarrollamos con los recursos naturales. Una de las razones para mantener el modelo de desarrollo es que los tomadores de decisión y ciudadanos de hoy, que deben conducir el cambio, no son los más afectados por un modo de vida en desequilibrio con el planeta. Las consecuencias las sienten sobre todo las poblaciones más vulnerables y lo sentirán las futuras generaciones. Esta relación no lineal entre causa e impacto hace importante que se establezcan días simbólicos y pedagógicos, como el Día de Exceso de la Tierra, así como el acompañamiento de esta tendencia en el tiempo”.

Una de las problemáticas que encendieron la alarma en los últimos años, y ni la sociedad ni los gobiernos pueden negar, es el progresivo cambio climático. La quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas), que se usan para producir energía, libera gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera, aumentando, así, la temperatura de la Tierra y provocando una  distorsión en el sistema climático global. 

El 2015 pasó a la historia como el año en el que se superó el límite de un grado centígrado de temperatura de la Tierra y la Oficina Meteorológica británica –Met Office– advirtió que la combinación del cambio climático y el fenómeno conocido como El Niño, este año, dispararán el termómetro a 1,4 grados en relación a la era preindustrial. Diversos estudios científicos advierten que si la temperatura global superara los 2 grados centígrados las consecuencias serían catastróficas.

 

El Acuerdo de París

En un informe de 2013, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU (Ipcc, por sus siglas en inglés) estimó en un 95 por ciento la probabilidad de que los humanos sean los culpables del cambio climático, un número que aumentó respecto de 2007 en el que se estimaba en un 90 por ciento y del 2001, año en el que se planteaba en un 66 por ciento.

Entonces, está claro que las causas del cambio climático, que también pueden ser naturales –por ejemplo, por variaciones en la energía que se recibe del Sol, circulación oceánica, erupciones volcánicas, etc.–, provienen, sobre todo, de la influencia antrópica. Las consecuencias son concretas y se ven a diario: derretimiento de glaciares y otras masas de hielos permanentes que ponen en riesgo las más importantes reservas de agua dulce del mundo y generan la crecida del nivel del mar. Incremento de olas de calor, inundaciones y sequías. Expansión de enfermedades. Colapso de numerosos ecosistemas.

En este marco, desde hace más de 20 años los distintos grupos ambientalistas reclaman, cada año, en la Convención del Cambio Climático, la falta de acción a la velocidad que las circunstancias lo requieren. Finalmente, en un hecho histórico, a fines del año pasado se llevó a cabo la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21), en París, Francia, donde 177 estados firmaron un acuerdo con el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global por debajo de los 2 grados.

“Es el primer acuerdo mundial de cambio climático donde todos los países del mundo se comprometen a la reducción de emisiones, sobre todo las de efecto invernadero, y a la producción sustentable. Llevó cuatro años gestarlo y ha superado las expectativas de todos. ¿Es el mejor acuerdo que se puede conseguir? No. Porque no tiene metas fijas, no dice quién tiene que hacer qué, ni penaliza a quien incumpla un compromiso. Da un marco regulatorio global y herramientas para reducir emisiones y atender las necesidades de los más vulnerables y tiene un sistema de medición de transparencia”, explica Enrique Maurtua Konstantinidis, director de Cambio Climático de Farn Argentina. 

Argentina definió la ratificación del acuerdo de París en la Cámara de Diputados. Es el país número 24 en hacerlo, segundo en el continente latinoamericano (Perú fue el primero) y segundo, también, del G20 (antes lo hizo Corea del Sur). Es uno de los países que presentó compromisos; lo hizo el 1 de octubre del año pasado. Para esto se hizo una trayectoria de emisión de gases de efecto invernadero proyectada en la que se calculó cuánto emitiría el país, sin implementar ningún cambio, en 2030. Con este resultado, la Argentina se comprometió a reducir en un 15 por ciento sus emisiones respecto de ese número base. Tal objetivo se lograría con el aumento en la implementación de energías renovables: según el compromiso, para el 2025, Argentina alcanzaría el 8 por ciento y en 2030 el 12 por ciento de renovables. Sin embargo, en octubre de 2015, también, nuestro país había actualizado la Ley Nacional de Energías Renovables que obliga a la Nación –y por lo tanto se diferencia del compromiso argentino en la COP21– a contar, para el 2025, con el 25 por ciento de energías renovables. 

“Desde nuestra perspectiva es un compromiso demasiado sencillo, que no tiene mucha ambición y no está a la altura del esfuerzo que debiera hacer nuestro país para ser parte de la solución”, opina Maurtua Konstantinidis. Cabe destacar que la Argentina es responsable de 0,9 por ciento de las emisiones globales, lo que la coloca entre las 25 naciones que más contribuyen al cambio climático. “Parece poco, pero viéndolo en perspectiva sabemos que, por lo menos, hay 175 países que contaminan menos que nosotros”, advierte el especialista de Farn. 

Para la puesta en marcha del Acuerdo de París, éste debe ser ratificado por 55 países parte que representen el 55 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero globales. Hasta ahora son 24 los países que lo hicieron, incluida la Argentina, y suman apenas casi el 2 por ciento de las emisiones.

 

Emergencia forestal

En Argentina, el sector energético es el responsable del 40 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero totales del país y la deforestación es la causa de casi el 20 por ciento. Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), en Sudamérica se perdieron unas 40 millones de hectáreas de bosques nativos durante la primera década del siglo XXI. Los cambios en la región ocurrieron principalmente sobre El Cerrado (Brasil), la selva de Chiquitanos (Bolivia) y el Gran Chaco Americano (que comparten Argentina, Bolivia y Paraguay) y fueron equivalentes al 76 por ciento de los desmontes que se produjeron en todo el planeta.

Por su parte, hasta 2015, Argentina desmontó 7 millones y medio de hectáreas, lo que ubica al país en el noveno puesto entre las naciones que más deforestan, con Brasil a la cabeza. Como contracara, el monto anual que recibe la Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos –sancionada a fines de 2007– arroja, hoy en día, un promedio de cinco pesos para la conservación de cada hectárea. 

“Desde la aprobación de la ley se han desforestado 2 millones de hectáreas, de las cuales 620 mil se hicieron en forma ilegal. Esto se da, por un lado, porque las multas que penan estas acciones son muy bajas y, por el otro, porque muchos gobiernos con resoluciones provinciales violan una ley nacional”, asegura Hernán Giardini, coordinador de la Campaña de Bosques de Greenpeace Argentina. 

620 mil hectáreas es el equivalente a la Ciudad de Buenos Aires multiplicada por 30. No es poco. La ley clasifica los bosques y en el 79 por ciento de ellos no se permite el desmonte; pero la norma no se cumple y, si bien en los últimos años por la retracción de la soja y cuestiones políticas la deforestación disminuyó, la Argentina se encuentra en Emergencia Forestal. Los bosques contienen el 50 por ciento de vida que hay en el planeta, desnudarlos trae consecuencias: “No sólo se liberan a la atmósfera miles de toneladas de CO2 que contribuyen al cambio climático, sino que además aumentan la desertificación de nuestros suelos, a la vez que crecen las inundaciones que afectan a miles de personas”, advierte Darío Rodríguez, coordinador del Banco de Bosques.

Con la intención de revertir la prepotencia de algunas empresas y connivencia de gobiernos locales, Greenpeace impulsa un proyecto de ley de Delitos Forestales para que la deforestación y los incendios intencionales pasen a tener competencia en el fuero penal federal. “Nos queda el 27 por ciento de los bosques originales. A este ritmo, en cien años, nos quedamos sin bosques. Lo bueno es que la sociedad tiene la conciencia más grande que hace veinte años y acompaña las causas ambientales, pero necesitamos que la dirigencia política asuma el papel que corresponde y aplique la ley. El tema es que del otro lado hay grandes intereses: soja, ganadería, negocios inmobiliarios. Y, en muchos casos, son proyectos que están impulsados por políticas públicas a nivel nacional. Entonces, hay una discusión de modelo de desarrollo que tenemos que dar. A mayor producción no es verdad que hay más riqueza. En 25 años estaría bueno ir a ver las provincias que más desmontan del norte y chequear si tienen menos pobres o están igual. Es un mito lo del desarrollo, porque es un desarrollo para grandes terratenientes que exportan y no para un mayor bienestar para nuestros habitantes”, analiza Giardini.

 

El liderazgo de las ONG

Son las que se ponen las problemáticas al hombro para transformarlas en desafíos y contagiar a la sociedad. Son las que trabajan codo a codo con el Estado y se atreven a interactuar, sugerir y presionar cada vez que hace falta. Son las que supervisan de cerca, apoyan y hasta proponen leyes. Son las ONG ambientalistas, líderes en esta transición hacia un cambio urgente de los modos de producir y consumir de la humanidad. 

Gabriela del Valle Rebellato, coordinadora de Prensa y Comunicación de Movimiento Agua y Juventud, resume el espíritu del trabajo comunitario ambientalista: “Creemos que la clave está en empezar a pensarnos como responsables pero también como creadores de soluciones, y es fundamental que todas nuestras actividades tengan en cuenta el entorno natural, el cuidado y conservación de los recursos vitales y el respeto por la casa común. El primer paso está dado, hemos tomado conciencia, a fuerza de sufrir las consecuencias. El segundo es no quedarnos en que nos pusimos de acuerdo y actuar. Dejar de ver la naturaleza como un patrimonio y entendernos parte de ella. Es, quizás, un llamado a la humildad”, expresa.

En la actualidad, la amenaza de la construcción de represas sobre el Río Santa Cruz, encuentra a una gran cantidad de ONG ambientalistas unidas: Farn, Vida Silvestre, Greenpeace, Banco de Bosques, Aves Argentinas, entre muchas otras e internacionales como WWF, BirdLife e incluso la Uicn. “La principal causa de extinción de especies y de pérdida de biodiversidad en el mundo tiene que ver con la pérdida de hábitat. El avance de la frontera agrícola, la sobreexplotación de recursos tienen como origen, muchas veces, el consumo desmedido. Hoy nos encontramos luchando contra dos megarrepresas en Santa Cruz que pueden ser decisivas para la suerte del Macá Tobiano, cuyos sitios de invernada pueden ser afectados. Estas represas se construyen para hacer frente a la cada vez más creciente necesidad de energía, pero es poco lo que se trabaja en cuanto al ahorro de energía”, destaca Francisco González Táboas, de Prensa y Comunicación de Aves Argentina.

Marcan agenda, interceden ante las empresas y el Estado, y se proponen concientizar al consumidor. Lideran el cambio y muestran el camino. Pero también dejan en claro que sólo entre todos podemos saldar la deuda con el Planeta.

 

cómo conectarse:

 

FARN:

farn.org.arinfo@farn.org.ar

 

Aves Argentinas: 

www.avesargentinas.org.arinfo@avesargentinas.org.ar

 

Fundación Avina:

www.avina.net/avina/listado-paises/argentinacomunicaciones@avina.net

 

Fundación Vida Silvestre: 

www.vidasilvestre.org.arinfo@vidasilvestre.org.ar

 

Movimiento Agua y Juventud:

www.aguayjuventud.org.ar 

 

Greenpeace Argentina:

www.greenpeace.org/argentina/es  /  activismo@infogreenpeace.org.ar

 

Espacio Sustentable:

www.espaciosustentable.cominfo@espaciosustentable.com

 

Banco de Bosques:

www.bancodebosques.org 




 
 
 
 
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