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Beatriz Pellizzari

Derribar muros culturales
Beatriz Pellizzari

En uno de cada cinco hogares de la Argentina vive una persona con discapacidad; un total de 5,1 millones, según los datos del último censo nacional. Pese a los avances que se registraron en los últimos años, falta aún ver a esas personas desarrollando todo su potencial en las universidades, en ámbitos laborales, como profesionales de la salud o la educación. Desde hace 22 años, ésa es la obsesión de Beatriz Pellizzari, una verdadera militante de la integración e inclusión de las personas con discapacidad. Ella misma lo sufrió en carne propia. A los 18 años tuvo un accidente en moto que le costó la vida a su novio de entonces y que la dejó postrada durante seis meses. En ese lapso, estuvieron a punto de amputarle una pierna y debió soportar múltiples operaciones. Hoy es una referente nacional en el tema y trabaja en crear oportunidades reales de trabajo para ese sector. En esta entrevista con Tercer Sector cuenta su historia de vida.

Textos: Silvina Oranges

–¿Cómo comenzaste a trabajar con el tema de la discapacidad y qué te impulsó a hacerlo?

–Comencé en 1993 y tiene que ver con mi propia experiencia de vida. Cuando tenía 18 años era una joven muy activa. Estaba enamorada de Guillermo, con quien planificamos unas vacaciones en Piriápolis. Después de pasar un día maravilloso, un 7 de enero de mucho calor, viajábamos en una moto cuando nos detuvimos en un cruce de rutas porque venía un micro de larga distancia. Ese día se apagó la luz para mí. Cuando me encontré conmigo misma, tomé una decisión: elegí vivir esa vida nueva como un regalo y una oportunidad. El día que me pusieron de pie por primera vez después del accidente con la prótesis que llevo puesta, un médico me dijo ‘todo lo que viene, está en tus manos’. Cuando pude volver a trabajar, sentí la mirada de pena y lástima de mis compañeros, una mirada puesta en mis bastones canadienses y no en mis ganas de superarme. Muchos años después me decidí a trabajar sobre el peso social de la discapacidad. Hoy, hace 22 años que trabajo con el foco puesto en el tema laboral y es como una militancia, un modo de estar en la vida. 

–¿Por qué te enfocaste en la cuestión laboral de las personas con discapacidad?

–Tenemos 5 millones de personas con discapacidad en el país y, sin embargo, cuando salimos a las calles no los vemos. ¿Dónde están? Todavía en sus casas, esperando una oportunidad, un entorno que facilite su integración verdadera para aportar toda la riqueza que llevan consigo. Yo imagino y sueño un mundo donde las personas con discapacidad sean más libres y aporten su valor a la vida económica de sus comunidades. Generalmente, están más consideradas para el deporte, el arte, la cuestión más social, pero necesitamos que sean consideradas como actores económicos. Generalmente se piensa que el principal problema es la falta de accesibilidad, el tema de las escaleras y todas esas barreras, pero en realidad el principal problema está en la mente de las personas, en la cabeza de la sociedad que ve el déficit del otro, lo que le falta. 

–A partir de tu compromiso con el tema, ¿qué problemas concretos encontrás que enfrentan hoy en el día a día las personas que tienen una discapacidad?

–Son múltiples las barreras que se inician por el primero de los derechos que es el acceso a la información y, a partir de ahí, conocer y ejercer sus derechos. Lo primero que se debe hacer es obtener el certificado único de discapacidad, a través del cual se accede a prestaciones inclusive para su potencial empleador. Esta es la única manera de que haya información seria y confiable sobre esta población; si no, no se puedan hacer políticas públicas. Las personas con discapacidad tienen que dejar de pensar que es una etiqueta y que, lejos de estigmatizar a nadie, es un derecho y se hace valer cuando corresponda. Se avanzó muchísimo en los últimos años y se sigue avanzando en la instalación de la temática en la opinión pública, pero todavía falta. Por ejemplo, que se federalicen los servicios y recursos públicos, que se transversalice en las áreas de gobierno.

–En los últimos años creaste y lideraste diversas iniciativas sociales como La Usina y Red Activos. ¿En qué estás trabajando ahora? 

–Después de 13 años, renuncié a La Usina para seguir avanzando, barajar y dar de nuevo. Ahora estamos con un grupo de colegas lanzando Libertate, una empresa social con la intención de seguir agregando valor al tema laboral. Nuestro ferviente deseo es que las personas con discapacidad sean gestoras de su autonomía económica, darles libertad e invitar a aquellos que todavía tienen prejuicios basados en la falta de experiencia y la desinformación.

–¿A través de qué herramientas buscan lograrlo?

–Tenemos varios programas. Uno de Inmigrantes digitales, con el que buscamos generar trabajo directo para mujeres con discapacidad motriz. Otro llamado Dinamo, con el que queremos lograr el empoderamiento productivo para generar oportunidades para jóvenes con discapacidad, creando empresas sociales que sean proveedoras de bienes y servicios. Con el programa Evolución inclusiva buscamos acompañar a empresas y municipios en el abordaje transversal de la temática. Ya tenemos una propuesta encaminada para Salta capital e iniciamos conversaciones con Pilar, Bariloche y Morón.

–¿Cuál es tu mayor sueño?

–Mi sueño es salir a la calle y encontrarme con las 5 millones de personas con discapacidad viviendo la vida libremente todos los días. Ser libre implica elegir dónde estar, quién ser, cómo crecer y desarrollarse, cómo vivir. Ese nivel de libertad está muy lejos de la realidad para las personas que viven en este país hoy. 

 

Cómo conectarse

info.libertate@gmail.com o, en Facebook, Libertate empresa social de inclusión.  

 

BIO

Beatriz nació en Uruguay y es argentina por opción.

Es psicóloga social.  

Trabajó en importantes empresas multinacionales.  

Fue asesora de Naciones Unidas para el Desarrollo, en temas de planificación de políticas públicas.  

En 2002 fundó La Usina y en 2008 creó la empresa social redACTIVOS.

Fue seleccionada Fellow de Ashoka, red global de emprendedores sociales líderes.  

En 2015 lanzó su nueva iniciativa Libertate, empresa social de inclusión 


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