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La tragedia lo golpeó mientras hacía lo que más le gustaba, en plena práctica de un deporte de riesgo. Sin embargo, redirigió su energía para convertirse en un instructor innovador y siguió su vocación de servicio en la función pública.

Texto Rocío Galván.

Un accidente ocurrido mientras practicaba esquí acuático obligó a Carlos Breyaui, de 58 años, a usar una silla de ruedas de por vida. La determinación y la voluntad fueron las mejores herramientas para que esta nueva realidad no lo condicionara. Así fue que Carlos logró rehabilitarse en la asociación civil Alpi, que lo distinguió con el premio Bienal, un reconocimiento a personas con discapacidad física que son ejemplos de esfuerzo, superación personal y que participan activamente en las comunidades donde viven.

Breyaui, además, se capacitó como instructor de Vida Independiente y, junto a Martín Arregui, su compañero de cuarto en la Asociación de Lucha contra la Parálisis Infantil (Alpi), incorporó el concepto de calificar a instructores de deportes extremos para que fueran practicados de forma apropiada.

“Fue un proceso largo y necesario. Había aprendido mucho sobre la importancia de la vida independiente para una persona con discapacidad y quería transmitir esos conocimientos a personas que se encontraban sin ánimo, encerradas en sus casas. Me pareció que iban a sentirse más cómodas y con mayor confianza si veían que un par suyo había logrado enfrentar y superar muchas barreras”, relató Breyaui a Tercer Sector.

 

Actitud y vocación

La actitud fue fundamental a la hora de hacerse cargo de la situación: “Apenas me recuperé del accidente que tuve y que me llevó a estar en silla de ruedas, salí con todo a seguir haciendo cosas. Siempre fui muy activo y nunca pensé en bajar el ritmo”, expresó el “Turco”, como lo llaman sus amigos y familiares.

La vocación de ayudar no se detuvo en el instructorado y Carlos fue por más: la experiencia con el Programa Vida Independiente y su interés por investigar más sobre los derechos para las personas con discapacidad lo condujeron “casi de manera natural”, como define, a comenzar a trabajar en la Dirección General de Discapacidad del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en el 2007. Así comenzó una gran carrera en el ámbito público que hoy lo encuentra como presidente de la Comuna 3, que abarca los barrios de Balvanera y San Cristóbal.

“Nunca busqué un cargo. Llegué al lugar donde estoy porque hubo gente que vio en mí cosas importantes para asumir este desafío”, afirma Breyaui, y sintetiza: “Mi principal objetivo es, fue y será estar cerca de los vecinos”.

FuenteRevista Edición 112
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