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Cada año, cerca de 3.000 niñas menores de 15 años se convierten en mamás en Argentina. Los riesgos, desde el punto de vista de la salud física y emocional, y la mayor probabilidad de que ese embarazo sea fruto del abuso sexual, encienden luces de alarma frente a una problemática que, según los especialistas, sigue creciendo.

 

Texto Andrea Vulcano.

Hoy, ocho niñas y adolescentes menores de 15 años se estarán convirtiendo en madres a lo largo de todo el país. Y así será, en muchos casos, fruto de un embarazo que llegó a sus vidas producto del abuso sexual. Las que hablan son las estadísticas, claro, porque ellas –o la mayoría–, invisibilizadas, transitan casi sin red por una realidad plagada de obstáculos y desigualdades.

Si para gran parte de las niñas-mamás las inequidades ya eran parte de su vida cotidiana, la brecha se ensanchará. De nuevo, los números permiten ponerle algo de voz a una situación de la que poco se habla: apenas el 66 por ciento de las chicas de 14 años que son madres se encuentran escolarizadas, mientras que entre las adolescentes que no tuvieron hijos, la proporción crece hasta el 95 por ciento. A los 19 años, ocho de cada diez mamás están fuera del sistema educativo, situación en la que se encuentran sólo cuatro de cada diez chicas que no han sido madres.

“El embarazo adolescente, o sea, en menores de 19 años, continúa creciendo en forma leve, pero desde hace tres décadas este aumento se sostiene con la característica de que se está incrementando en las menores de 15 años, es decir que aumenta el embarazo adolescente precoz”, analiza Mabel Bianco, presidenta y fundadora de la Fundación para el Estudio y la Investigación de la Mujer (FEIM).

En este sentido, señala como principales factores determinantes a “la disminución de la edad de inicio de relaciones sexuales de varones y mujeres; el estímulo a tener relaciones sexuales en una sociedad donde todo está erotizado para los adolescentes, y la falta de información adecuada sobre los riesgos de tener relaciones sexuales sin protección, o sea, sin preservativo o sin el uso de otros métodos anticonceptivos”.

En este punto, en diálogo con Tercer Sector, Bianco subraya que existe “responsabilidad por parte del Estado debido a la falta de implementación de la Ley de Educación Sexual Integral en las escuelas”, y también advierte sobre la “persistencia del rechazo en algunos centros de salud/hospitales en atender y suministrar anticonceptivos a los adolescentes”.

“Una parte considerable de las madres menores de 15 años ya estaba fuera de la escuela al momento de quedar embarazadas”, señalan Georgina Binstock y Mónica Gogna, dos de las autoras del trabajo titulado Embarazo y maternidad en adolescentes menores de 15 años. Hallazgos y desafíos para las políticas públicas, de Unicef.

Ese estudio pone el acento en dos aspectos: las disparidades en las condiciones de asistencia escolar entre las madres adolescentes que viven en pareja o con la familia de origen y la necesidad de que los agentes de salud sepan que la ley establece que están obligados a notificar los casos de abuso sexual, muchas veces generadores del embarazo en chicas menores de 15 años. “La Ley establece el deber de informar al organismo de protección para que se pueda brindar protección al niño y el deber de realizar la denuncia judicial”, indican desde Unicef.

Sobre la cuestión de la escolaridad, las investigadoras señalan que “las adolescentes que conviven con su pareja tienen una probabilidad menor de permanecer en la escuela”, con lo cual concluyen que “es probable que, en el marco de la convivencia en las familias de origen, tengan mayores posibilidades de resolver las necesidades de cuidado de sus hijos”. Por ese motivo, el informe de Unicef destaca la necesidad de “fortalecer las políticas públicas de cuidado infantil que incorporen a los hijos de madres adolescentes”.

 

La punta de un iceberg

“La ocurrencia de un embarazo antes de los 15 años evidencia vulnerabilidades y genera riesgos. Es tal vez uno de los fenómenos donde convergen con mayor crudeza la exclusión, las inequidades, la violencia y la injusticia. Tanto por sus causas como por sus consecuencias, se debería eliminar o reducir al mínimo. Esto implica, por un lado, prevenir su ocurrencia y, por otro, brindar respuestas adecuadas y oportunas cuando sucede”, plantea un análisis titulado Niñas y adolescentes menores de 15 años embarazadas, elaborado en el marco del Programa Nacional de Salud Integral en la Adolescencia del Ministerio de Salud de la Nación, con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Unicef Argentina y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) Argentina.

Al reseñar distintos trabajos nacionales y regionales, el informe afirma que “muchos embarazos que ocurren en adolescentes menores de 15 años, y en particular antes de los 13, son producto de violencia sexual ejercida por integrantes de la familia o del entorno cercano bajo distintas formas de coerción que abarcan desde la imposición forzada hasta las amenazas, abuso de poder y otras formas de presión”.

También plantea que, “cuando una adolescente menor de 15 años queda embarazada, su presente y futuro cambian radicalmente” porque “termina abruptamente su ciclo educativo, enfrenta serios riesgos para su salud y su vida, se alteran sus relaciones sociales, se reducen significativamente sus perspectivas de inserción laboral y generación de ingresos, multiplicándose su vulnerabilidad frente a la pobreza, la exclusión, la violencia y la dependencia”.

Según datos estadísticos del 2015, los últimos disponibles, la tasa de fecundidad temprana fue de 1,6 por 1.000 a nivel nacional. No obstante, las disparidades según las regiones geográficas son notorias. Mientras las tasas más altas se concentran en las provincias del Noreste (5,2 por 1.000 en Chaco, 4,7 por 1000 en Formosa y 3,7 por 1.000 en Misiones), las más bajas se dan en la región Centro y la Patagonia (0,7 por 1.000 en Buenos Aires, 1,1 por1.000 en Chubut y 1,3 por 1.000 en Córdoba).

 

Cuestión de Estado

“Existen más políticas públicas para acompañar que para prevenir. Para acompañar/asistir existe una ley que impide a las escuelas echar a las madres o alumnas embarazadas y que facilita el horario o incluso las que tienen las guarderías para que puedan dejar a sus hijos mientras estudian son beneficios importantes que las ayudan a continuar estudiando”, afirma Mabel Bianco. Pese a estas medidas, indica, “se ve que muchas igual abandonan la escuela porque tienen que trabajar o no pueden hacerse cargo del niño y estudiar, mientras que otras chicas ya habían dejado la escuela antes de quedar embarazadas”.

También, señala Bianco, otra medida instrumentada desde el Estado es la Asignación Universal en caso de embarazo y, luego, la Asignación Universal por Hijo, pero –agrega– “lamentablemente las sumas de estas ayudas no alcanzan para vivir, con lo cual la mayoría necesita igual trabajar”.

Más allá de estas políticas, lo cierto es que, para la fundadora de la Fundación Feim, en materia de prevención del embarazo precoz también resulta vital que “las adolescentes mujeres tengan o perciban un futuro con posibilidades. La posibilidad de vislumbrar oportunidades de desarrollo, ya sea en el estudio, en una carrera profesional, en un empleo atractivo, en el deporte u otra actividad, las ayudaría a no caer en el embarazo como única salida de desarrollo personal”, plantea.

Pero muchas veces hay realidades que exceden ese escenario: “El punto de partida del recorrido institucional es la detección del embarazo. Este es un punto crítico ya que suele ser tardío por motivos de desconocimiento del cuerpo y sus procesos, negación u ocultamiento del embarazo. En algunas situaciones, en especial cuando existe abuso intrafamiliar, ni la adolescente ni su entorno tienen conciencia real de la presencia del embarazo hasta la concreción del parto”, plantea el estudio realizado en el marco del Programa Nacional de Salud Integral en la Adolescencia.

 

Cómo conectarse:

Feim: www.feim.org.ar

Unicef: www.unicef.org/argentina

OPS/OMS: www.paho.org/arg/

Programa Nacional de Salud Integral en la Adolescencia: www.argentina.gob.ar/salud/dinamia/saludintegralenadolescencia

Campaña #DeciloComoQuieras: www.embarazoadolescente.feim.org.ar

Plan Internacional: www.plan-international.es

 

 

#DeciloComoQuieras

En el marco de su trabajo en pos de la prevención de embarazos no planificados en adolescentes, la Fundación Feim desarrolla año a año, con el apoyo de Unicef, la campaña “#DeciloComoQuieras, pero informate antes”. “Mito: Eyacular afuera es un método seguro para evitar el embarazo. ¡Falso! Usar preservativo desde el inicio de la relación sexual evita el embarazo y enfermedades de transmisión sexual”, señala uno de los videos. A ése se suman otros mitos a desterrar, entre ellos que en la primera relación sexual no puede producirse un embarazo, que durante la menstruación las mujeres no pueden quedar embarazadas o que el momento de la colocación del preservativo ‘corta el clima’ de la relación sexual. Cada una de esas afirmaciones es tachada en base a información, cuyo déficit es justamente una de las múltiples variables que derivan en el embarazo precoz.

 

Más allá de la frontera

América latina y el Caribe es la región con mayor fecundidad adolescente en el mundo después del África subsahariana. Se estima que, en el mundo, unas 16 millones de niñas de entre 15 y 19 años se convierten en mamás cada año. De acuerdo con las estadísticas mundiales, las niñas entre 10 y 14 años tienen cinco veces más probabilidades de morir durante el embarazo y el parto.

Por Ser Niña es un movimiento mundial motorizado por la ONG Plan International que brega por la igualdad de las niñas y su empoderamiento a través del derecho a la educación. Para eso, busca que líderes mundiales se comprometan a garantizar al menos nueve años de educación universal gratuita y de calidad para todas las niñas del mundo, con el fin de acercarles herramientas para desarrollar su potencial y de salir del círculo de la pobreza.

Plan International nació en España en 1937 y actualmente constituye una OSC global que ayuda directamente a más de 1,5 millón de niños en 70 países.

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