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Especial desde las Islas Malvinas.

Texto Silvina Oranges.

 

Creada en 2008, la Fundación No me olvides, con sede en Mar del Plata e integrada por familiares de caídos, ex combatientes y personas que adhieren a la Causa Malvinas, tiene por finalidad ayudar a quienes sufren estrés post- traumático, cualquiera sea su origen, y llevar adelante causas solidarias y humanitarias. Su presidente, Julio Aro, es veterano de la guerra de Malvinas y recientemente vio hacerse realidad un sueño que fructificó luego de más de ocho años de arduo trabajo. Se trata de la concreción del Proyecto ADN, por medio del cual se logró identificar los restos de 90 argentinos caídos en el conflicto bélico de 1982 que permanecían enterrados en el cementerio de Darwin como “soldados sólo conocidos por Dios”.

Con apenas 19 años, Julio combatió junto a cientos de jóvenes que, sin ninguna preparación, la última dictadura militar envió a la guerra. “Han perdido la vida y no por eso tienen que perder el nombre”, pensó en 2008, cuando recorrió las tumbas de sus compañeros en Darwin. Al igual que la mayoría de ellos, durante la guerra él tampoco llevaba una chapa identificatoria y si su destino hubiera sido quedarse en las islas, también hubiera sido uno de esos soldados argentinos “sólo conocidos por Dios”.

Cuando volvió de Malvinas, luchó contra el olvido y la invisibilización de los ex combatientes, presidió el Centro de Veteranos de Mar del Plata y volvió muchas veces a sus queridas islas para enfrentar esas lápidas despersonalizadas que, durante 36 años, no identificaron a sus compañeros por sus nombres y apellidos.

En un viaje que realizó a Londres en 2009, Aro conoció a Geoffrey Cardoso, un veterano inglés que había participado de la guerra y a quien le habían asignado la tarea de recoger los cuerpos de los argentinos muertos y enterrarlos en Darwin. Ese encuentro fue clave para empezar a desandar el camino de las identificaciones. A partir de allí, comenzó un largo y sinuoso trabajo que involucró a los gobiernos de Argentina y el Reino Unido, además de organizaciones como el Comité Internacional de la Cruz Roja y el prestigioso Equipo Argentino de Antropología Forense, quienes encararon una tarea diplomática y forense que permitió lograr la identificación de 90 de los 121 cuerpos que estaban enterrados sin nombre.

“Hubo cientos de vicisitudes y personas que pusieron palos en la rueda, pero también hubo decenas que ayudaron para que se pudiera cumplir este sueño, hoy una realidad”, dice Aro en diálogo con Tercer Sector. Para el ex combatiente, “con esta acción se llevó a cabo el acto de soberanía más importante desde la finalización de la guerra”.

 

Ceremonia por los caídos

El pasado 26 de marzo, los ex combatientes Aro y Cardoso, esta cronista y otros 240 argentinos –en su mayoría, familiares de caídos– participaron de un viaje que quedará guardado en la historia y en la memoria de cada uno de los que formaron parte de ese acontecimiento. Ese día, tras un vuelo directo a las islas, madres y padres, hijos, hermanos y sobrinos de los caídos en Malvinas visitaron por unas horas el cementerio de Darwin y pudieron rendir homenaje ante 90 tumbas que –por primera vez después de la guerra del ’82– estaban identificadas con nombre y apellido. Bajo un cielo despejado, en el marco de una emocionante y respetuosa ceremonia, los familiares pudieron abrazar, llorar, rezar o simplemente permanecer en silencio ante la tumba de su ser querido con las placas de granito negro que los identifican.

Cardoso y Aro –propuestos para el Premio Nobel de la Paz– recorrieron una a una las tumbas, conteniendo a los familiares y abrazando sobre todo a las madres ancianas, algunas de las cuales llegaron con sus bastones y andadores y debieron sentarse en sillas colocadas especialmente frente a las tumbas de sus hijos. “Ahora mis chicos descansan en paz. Ya no son huérfanos, ahora están en sus hogares, que son los corazones de sus padres y hermanos”, afirmó Cardoso luego de la ceremonia, visiblemente emocionado. “Hijo, te encontré”, “Ahora sé que estás acá”, fueron algunas de las frases que se escuchaban de las madres que ingresaron al cementerio con llantos desconsolados.

 

Recuperar la identidad

El objetivo principal de la fundación No me olvides se cumplió, aunque aún queda completar el trabajo con los restos de unos treinta soldados que no pudieron ser identificados. Mientras tanto, la institución sigue adelante con diferentes proyectos. Uno de ellos es el programa Nuestros Héroes, por medio del cual colocan la imagen de los jóvenes que murieron en Malvinas en las escuelas donde cursaron sus estudios. Otra iniciativa, Un nombre para mi escuela, propone utilizar el nombre y apellido de los caídos en la guerra para identificar a los establecimientos educativos que por ahora sólo tienen un número. También buscan financiamiento para que cada año un familiar directo de un caído en la guerra pueda viajar y permanecer una semana en las islas para rendir el homenaje a su ser querido; y realizan campañas solidarias con el propósito de que la Causa Malvinas se recuerde más allá del 2 de abril.

 

Cómo conectarse: Fundación No me olvides: www.nomeolvides.org.ar/ // Teléfono: 0223 15-685-4135

“Con esta acción se llevó a cabo el acto de soberanía más importante desde la finalización de la guerra”. Julio Aro, presidente de la Fundación No me olvides.

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