Compartir

Creada en 2007, Bibliotecas Sin Fronteras se propone luchar contra la pobreza y la desigualdad a través de la difusión de la lectura y el acceso a la información. El trabajo de la ONG en Burundi.

Texto Alejandro Cánepa

Un chico toma un libro de tapa celeste y amarilla entre sus manos, en una sala repleta de otros pequeños. Aquel muestra las páginas, las pasa de a una, comenta cosas. Los otros chicos, sentados en sillas y bancos de madera o en el piso, miran con curiosidad. De las paredes cuelgan dibujos hechos por ellos, como testigos mudos de la escena. En las afueras del lugar, tres jóvenes montan una cámara en un trípode. En una mesa, tres nenes y tres nenas miran videos en una laptop. Esas viñetas, que podrían registrarse en distintas ciudades del mundo, en este caso se ven en los campos de refugiados ubicados en Burundi, adonde llegan las actividades de Bibliotecas Sin Fronteras (BSF), una ONG internacional que difunde la lectura y el acceso a la información en formatos tradicionales y digitales y a la que contactó Tercer Sector para conocer su trabajo en aquel país africano.

BSF se creó en 2007 y, más que crear bibliotecas se propone, según sus impulsores, luchar contra la pobreza y la desigualdad social. Tiene dos sedes centrales: una en Washington y la otra en París, y en la capital francesa también posee un centro de recolección de libros donados. Y se ramificó hacia todos los continentes.

Burundi es un pequeño país africano, de esos que la prensa mundial ignora sistemáticamente, salvo si ocurre alguna masacre. En esa nación, cuya capital se llama Bujumbura, el presidente Pierre Nkurunzizafue fue reelecto en 2016, en medio de acusaciones de fraude y persecución a opositores. A la vez, recibe refugiados de países vecinos envueltos en guerras civiles.  La esperanza de vida al nacer es de solo 59 años y, como casi todos los países empobrecidos, depende de un producto agrícola como principal fuente de divisas: en este caso, del café.

Hasta ese país llegaron los brazos de BSF. El francés Benjamin Gausset es el coordinador de la ONG en la región. “En 2014, BSF eligió Burundi para experimentar por primera vez con su biblioteca-caja de herramientas llamada Ideas Box, dentro de campos de refugiados congoleños”, explica este politólogo.

Elaborada por el famoso diseñador industrial Philippe Starck, la Ideas Box permite, en pocos minutos, ofrecer a la comunidad distintos contenidos y actividades vinculados con la educación, la información y el entretenimiento. ¿Qué contiene cada Ideas Box? Cuadernos, un televisor, laptops, libros de papel, lectores digitales, un proyector, cámaras, artesanías, títeres, juegos de mesa y un scanner, entre otras cosas.

“En Burundi, BSF desarrolló  tres Ideas Box en otros tantos campos de refugiados y luego inauguró otra en un barrio de burundeses repatriados desde Tanzania, que enfrentaban problemas con sus vecinos por cuestiones de acceso a la tierra y al empleo”, dice Gausset.

Además de esa iniciativa, BSF lanzó una segunda: Koombook, una biblioteca digital portátil que aporta textos en áreas sin acceso a Internet. Más de 30 Koombooks se distribuyeron en escuelas, cárceles y comunidades rurales. Entre otros contenidos, estos dispositivos contienen mapas, videos, ebooks y una versión de Wikipedia offline. Por otra parte, también se crearon centros culturales para la Universidad de Burundi.

“Para nosotros las bibliotecas representan mucho más que un conjunto de libros. Sean materiales o virtuales, fijas o móviles, públicas o privadas, las bibliotecas del siglo XXI son primeramente espacios de acceso, mediación, encuentro y de invención de nuevos usos que les darán a los pueblos herramientas para que ellos mismos encuentren soluciones a sus necesidades”, explica Gausset.

Entre los principales aliados de BSF están Ashoka y la Fundación Bill y Melinda Gates, dentro del sector social, además de empresas como Facebook, Sony y Google y organismos internacionales como las Naciones Unidas. La experiencia de las Ideas Box parece haber sido exitosa, ya que tras las de Burundi se enviaron otras a campos de refugiados en Ruanda, Tanzania y República Democrática del Congo.

Pero más allá de las buenas intenciones, el contexto de Burundi no deja de ser durísimo. En ese sentido, reconoce Gausset: “Desde hace dos años, el país está afectado por desórdenes sociales y políticos, lo que ha incrementado las necesidades de la población. BSF intenta, en su humilde escala, responder a esos desafíos respecto del acceso a una educación de calidad. Esperamos continuar con nuestro apoyo para que los jóvenes tengan la oportunidad de construir un futuro mejor.”

Cómo conectarse: Bibliotecas Sin Fronteras (BSF) // www.librarieswithoutborders.org

FuenteRevista Edición 112
Compartir

No hay comentarios

Dejar una respuesta