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Fundación Pilares creó un espacio dentro del Centro de Primera Infancia Pilarcitos en la Villa 21-24, donde familias extranjeras se capacitan y reciben herramientas para reforzar sus conocimientos sobre el español.

 

Texto Maia Pelman.

Trabajar por una sociedad sin barreras, donde todas las personas cuenten con herramientas para desarrollarse plenamente, es uno de los objetivos centrales de la Fundación Pilares, una organización sin fines de lucro que desde el 2008 está presente en la Villa 21-24, del barrio porteño de Barracas, donde realizan actividades recreativas y educativas y que poco a poco fue creciendo en la comunidad y en compromiso.

Trabajan programas sociales basados en cinco áreas: educación, salud, previsión, trabajo y vivienda, para dar nuevas respuestas a las problemáticas del barrio. Hoy, más de 60 voluntarios de distintas edades y lugares acompañan a 255 familias que buscan nuevas oportunidades para mejorar su calidad de vida.

En 2012, la fundación inauguró el Centro Conin Barracas, que trabaja para combatir la desnutrición infantil. Allí brindan atención en consultorio nutricional, pediátrico, de estimulación temprana y asistencia social para los niños que viven en la villa, talleres de cocina para las mamás, charlas educativas de salud y un espacio de ludoteca para los chicos.

La institución también cuenta con un Centro de Primera Infancia (CPI), Pilarcitos, ubicado en el barrio porteño de Pompeya, al que diariamente concurren 75 niños de entre uno y tres años, donde se les brinda el desayuno, almuerzo y merienda. Este programa fue inaugurado el año pasado gracias a una gestión asociada entre la Fundación Pilares y el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es el centro número 64 del Programa de Centros de Primera Infancia de la Ciudad, que comenzó en 2009.

 

Aprender el castellano

Casi la mitad de las madres que llevan a sus hijos al CPI son migrantes de Paraguay y su lengua es el guaraní. También asisten mujeres provenientes de Bolivia, Perú y República Dominicana. Frente a esta situación, Pilares creó recientemente el taller Ronda de Palabras, un espacio para que las familias extranjeras puedan reforzar sus conocimientos del vocabulario español e incorporar herramientas que les sirvan para la vida cotidiana.

“No es un taller meramente lingüístico, sino un espacio de intercambio para que las madres puedan compartir inquietudes vinculadas a cómo desarrollar el lenguaje en ciertas situaciones que les cuesta y también para poder expresarse”, cuenta Magdalena García Pena, responsable de Comunicación de Pilares.

Durante los encuentros se recrean circunstancias de la vida cotidiana para lograr una mejor inserción. “Trabajan sobre situaciones específicas; por ejemplo, una entrevista laboral, una cita con el médico o un trámite. Al mismo tiempo, sobre cuestiones familiares, para que puedan identificar los sentimientos que surgen y ponerlos en palabras”, agrega García Pena.

El taller, coordinado por Graciela Vázquez y Liliana Bergaña, docentes jubiladas del área de Lengua y Literatura, se realiza una vez cada quince días. Las familias extranjeras que llegan al país muchas veces se encuentran con dificultades para comprender expresiones que en sus países no se utilizan.

“Tratamos de darles un lugar para que tengan la palabra y puedan conectarse mejor con sus derechos y posibilidades. También trabajamos en el ámbito de las emociones y cómo manifestarlas y en el ámbito laboral, desde el punto de vista de los elementos de la comunicación”, explica Graciela Vázquez, profesora del taller de español para adultos.

Enseñarles a otros a hablar con mayor fluidez en público y que estén seguros de lo que dicen es una manera de tratar de ayudarlos a insertarse socialmente. “El taller ha sido muy artesanal, porque hemos ido trabajando conectándonos con la realidad y reformulando lo que pensábamos hacer en función de lo que la gente necesitaba”, dice Graciela.

En cada encuentro, a través del intercambio de palabras y experiencias, la ronda sigue girando y abriéndose a nuevas familias que se animan a asistir. Así van adquiriendo nuevas herramientas que fortalecen su desarrollo integral.

“Me siento muy gratificada, porque es una forma de aportar lo que uno sabe y brindar acompañamiento a la gente que lo necesita. Sigo aprendiendo a pesar de tener un largo camino hecho. Cada encuentro es único y genera satisfacciones y nuevas experiencias”, finaliza Graciela, que con su vocación apuesta a brindar herramientas que empoderan.

 

 

Cómo conectarse:

Fundación Los Pilares: www.pilares.org.ar // contacto@pilares.org.ar

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