Compartir

A través de las pruebas Aprender y las Pisa se pone el foco en el estado de la educación en el país. Convocados por Tercer Sector, referentes de organizaciones sociales analizan el impacto que tienen. Además, advierten sobre la necesidad de consenso en torno de su implementación. El debate está abierto.

 

Texto Andrea Vulcano.

 

Desde el día cero, las evaluaciones tendientes a trazar un diagnóstico de la calidad educativa en el país generan polémica, dividen aguas y, a la vez, encienden luces de alarma. En ese marco, la internacional Pisa y el más reciente operativo Aprender, junto a otros antecedentes, se suman a la lista de pruebas que, desde la década del ’90, rinde el sistema educativo argentino.

“Para que las evaluaciones sean realmente efectivas desde el punto de vista pedagógico y no sólo un mecanismo de control es muy importante la participación y la buena voluntad de todos los actores, tanto de quienes evalúan como de quienes van a ser evaluados. Si no hay un acuerdo o un trabajo coordinado es una cuestión de control de unos sobre otros y, como tal, un ejercicio de poder que puede ser legítimo en algunas circunstancias pero que, desde el punto de vista pedagógico, no va a ser útil”, advierte Alberto Croce, secretario nacional de la Campaña Argentina por el Derecho a la Educación (Cade), que reúne a unas 80 OSC.

En este sentido, plantea que “muchas veces las evaluaciones buscan más tratar de mostrar lo que alguien quiere que se muestre, que conocer algo que no se conoce”, con lo cual, “en realidad, funcionan como mecanismo probatorio de ideas preconcebidas”. Y puntualiza: “Por más que desde lo discursivo se diga que sirven a la calidad educativa, en realidad, no terminan colaborando con estos fines”.

 

Dos, con ruido

Alumnos de 15 años de escuelas de todo el país participan del Programa de Evaluación Internacional de los Estudiantes (Pisa, por su sigla en inglés), que se realiza cada tres años bajo el paraguas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (Ocde) en más de 70 naciones. La prueba se enfoca en las habilidades y conocimientos en Matemática, Lectura y Ciencias. En su última edición (2015), el país quedó afuera y envuelto en una polémica.

Es que, según se argumentó, las autoridades de entonces habían tomado mal la muestra de escuelas, con lo cual los resultados fueron invalidados, una decisión que referentes del anterior gobierno atribuyeron al actual. “Esto se produce porque los resultados de las pruebas Pisa a nivel nacional mejoraron y, frente a ello, instalaron dudas respecto a la transparencia de la muestra”, había argumentado el ex ministro de Educación Alberto Sileoni.

En las Pisa 2012, Argentina quedó en 59° lugar a nivel mundial y ocupó el sexto puesto en América latina, lo que implicó una nueva caída tras la posición 37 que había logrado en el primer relevamiento, realizado en el año 2000.

Más allá de esta medición internacional, desde 2016 se realiza en el país, a instancias del Gobierno Nacional, el operativo Aprender, que este año volverá a evaluar a más de un millón de alumnos de escuelas primarias y secundarias de todo el territorio.

 

Distintas miradas

Con el foco puesto en adolescentes y jóvenes, la Fundación SES trabaja en pos de la inclusión. Marcela Browne, quien coordina el área de Educación, plantea: “Los países y las jurisdicciones provinciales deben tener soberanía sobre las evaluaciones, teniendo en cuenta también que constituyen un recorte parcial, pero que, a la vez, son un instrumento clave para estudiar la complejidad de la realidad”.

Por ese motivo, subraya la necesidad de cruzar sus resultados con otros indicadores y estudios cualitativos, a fin de evitar “dar la idea falsa” de que se trata de “un ‘espejo’ del sistema educativo”. “También deben considerarse los contextos sociales, económicos y culturales para entender mejor qué puede compararse y qué merece tener otras consideraciones interpretativas”, agrega.

En la misma línea, el director ejecutivo de la Fundación Cimientos, Marcelo Miniati, sostiene que “el carácter estandarizado de estas evaluaciones mide por igual a jóvenes que asisten a instituciones de contextos diferentes”. “La ruralidad y el contexto socioeconómico”, entre otros aspectos, deben ser tenidos en cuenta para desarrollar “políticas públicas ajustadas a cada necesidad”, señala.

No obstante, considera que “medir y evaluar siempre es un beneficio” y entiende que “las evaluaciones educativas hechas de manera sistemática y dotando a las escuelas y al gobierno de información son fundamentales para trabajar en propuestas de mejora para el sistema educativo”.

En tanto, la directora ejecutiva de Educar 2050, María Cortelezzi, destaca las bondades de las evaluaciones de la calidad educativa, aunque enfatiza que “no deben dejar de ser pensadas como una herramienta más, sin dudas muy buena, pero que brinda una mirada parcial, que debe ser complementada con otros análisis”. Entre las fortalezas del operativo Aprender, rescata el hecho de que sus resultados “son presentados y publicados al poco tiempo de su aplicación”, lo que permite “una utilización en el corto plazo en la toma de decisiones”.

Sin embargo, enfatiza que “la información por sí misma no genera cambios, sino lo que se puede hacer con ella”. “Que las escuelas cuenten con información confiable respecto de los aprendizajes de sus estudiantes puede ser una herramienta sumamente poderosa, pero les tenemos que dar mayor autonomía para tomar decisiones de mejora en función de sus propios contextos”, agrega.

Claro que, por delante de esta cuestión, está el debate de hacia qué horizonte se mira. Para Alberto Croce, referente de la Campaña por el Derecho a la Educación, es “central” que exista cierto consenso en ese punto. “Hoy en día hay una divisoria de aguas entre quienes piensan que hay que hablar de calidad educativa y quienes pensamos que hay que hablar de educación de calidad. La educación de calidad pone a la calidad como un adjetivo, mientras que la calidad educativa pone en segundo plano a la educación. Esto no sólo es una diferencia de palabras sino también de miradas”, plantea. Quizás, por este punto haya que empezar.

 

Los desafíos de las evaluaciones

La evaluación requiere de un enfoque integral. Este enfoque implica que no se encuentre solamente restringida al producto final del aprendizaje, sino que se extienda al contexto y a las condiciones en que se producen en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Por ello, la evaluación tiene que ser una herramienta que forme parte de la gestión educativa puesta al servicio de la mejora de la educación. Esto permite a los conductores y gestores del sistema educativo y a los equipos directivos de las instituciones escolares tomar decisiones acertadas, confiables y fundamentadas acerca de cómo seguir, de cómo dar a sus acciones la direccionalidad deseable, sobre la base de las apreciaciones valorativas de lo que se vino haciendo y logrando. En el marco de la Agenda Educación 2030 y acorde con la concepción de calidad de la educación que allí se propone, la evaluación debe tomar un enfoque global e integral que alimente la toma de decisiones para la mejora de los niveles de calidad y equidad de la educación y que apunte a un juicio de valor sobre cómo se desarrolla y qué resultados genera el conjunto del sistema y sus componentes: su estructura, organización y financiamiento, el currículo y su desarrollo, el funcionamiento de las escuelas, el desempeño de los docentes y lo que aprenden los estudiantes en el aula. Especialmente, si estos saberes son socialmente relevantes y en qué medida los habilita a acceder a oportunidades futuras y contribuyen a la construcción de ciudadanía.

Oficina para América Latina del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación de la Unesco (Iipe-Unesco Buenos Aires).

 

OPINIÓN

Aprender // Por Elena Duro *

Este año se realizará la tercera edición de la evaluación nacional Aprender, que releva desempeños de los estudiantes y permite robustecer la información disponible sobre el contexto social y el clima pedagógico en el que se desenvuelven los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Además, permite generar una devolución individualizada a cada una de las escuelas participantes. El reporte por escuela de Aprender se convirtió en un insumo con alta valoración por parte de los directivos de escuelas primarias y secundarias de todo el país. Las jurisdicciones, con apoyo de la Nación, diseñan estrategias para potenciar su uso: las provincias trabajaron para facilitar la lectura del reporte por escuela, realizaron talleres con especialistas para fortalecer las áreas que presentaron mayores desafíos en la escuela y organizaron ateneos de Matemática, Lengua y Ciencias Naturales.

La evaluación educativa es un proceso integral que cobra sentido cuando es utilizada en los distintos niveles de decisión, para generar cambios y acciones tendientes a propiciar procesos continuos de mejora educativa. Se trata de un insumo que permite conocer las fortalezas y retos del sistema, revertir brechas e inequidades y mejorar la calidad educativa de las chicas, chicos y adolescentes del país.

*Secretaria de Evaluación Educativa del Ministerio de Educación de la Nación.

 

Cómo conectarse

Campaña Argentina por el Derecho a la Educación: derechoseducacion.org.ar

Fundación SES: www.fundses.org.ar

Fundación Cimientos: www.cimientos.org

Educar 2050: www.educar2050.org.ar

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here