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Estado y mercado, derechos y negocios

La industria farmacéutica se ha convertido en una de las más rentables a nivel global. Sin embargo, el abastecimiento de remedios sigue siendo un problema en todo el mundo. En la Argentina, acceder en tiempo y forma a tratamientos con un control de calidad adecuado, aún es una asignatura pendiente.

 

Texto Marysol Antón. 

Atrás quedaron los tiempos en que era el boticario quien diseñaba, a medida de la dolencia y siguiendo las indicaciones médicas, el remedio que alejaba al paciente de los dolores. Con el avance de la tecnología y el auge de los grandes laboratorios, la farmacia se convirtió en una industria –hoy integra el podio de las más rentables a nivel mundial– y así se sujetó a las reglas del mercado. La oferta y la demanda, la libertad de precios y el acceder a un remedio se igualó a comprar una remera, un par de zapatos o un cuaderno. En medio de este cambio, muchos pacientes vieron alejarse la cura y el Estado, en su rol de responsable y garante del derecho a la salud, intermedió para volver a acercársela. Sin embargo, esto no siempre funciona, lo que alimenta el debate sobre si es lícito que un remedio sea considerado como un simple bien de consumo.

“Alrededor del 90 por ciento de los medicamentos que emplea la humanidad son fabricados y entregados listos para su utilización por las industrias farmacéuticas. Es excepcional, en efecto, que los farmacéuticos o los curanderos preparen medicamentos. Los países en desarrollo, donde vive el 80 por ciento de la población del planeta, consumen entre un 15 y un 20 por cieno de la producción farmacéutica mundial, y este consumo tiende a aumentar en ellos con mayor rapidez que en los países ricos”, advierte el doctor Ignacio Katz, profesor de Salud Pública en la Universidad del Centro y una extensa trayectoria en la función pública. Sin embargo, estos países sólo producen el 10 por ciento de los medicamentos que utilizan, y apenas unos pocos poseen laboratorios: Brasil, India, Egipto, México, Argentina y Pakistán. “El resto debe comprar a los países ricos y así destinar buena parte de su presupuesto de salud, incluso el nacional, y a menudo no logran satisfacer las necesidades más apremiantes de la mayoría de su población”, contextualiza el profesional.

Argentina no escapa a esta realidad: por eso, en 2002 se sancionó la Ley 25.649, de Prescripción de Medicamentos por su Nombre Genérico (ver recuadro). “Si bien era cierto que en ese momento el poder adquisitivo de la sociedad había caído sustancialmente, en aquel entonces y ahora no es lógico estructurar un sistema en el que los genéricos sean una opción ‘de segunda’. Su empleo es de la misma categoría y se trata de un recurso terapéutico tan válido como cualquiera otra medicación cuando se ajusta a un criterio de estricto rigor científico: los genéricos deben corresponderse en principio activo, calidad y cantidad de la droga utilizada. El problema es que nuestro sistema sanitario no ha instrumentado los medios para establecer rigurosamente las condiciones que deben cumplir los medicamentos genéricos: biodisponibilidad y bioequivalencia”, aclara Katz.

 

Bien de consumo

Edith Grynszpancholc es directora de la Fundación Natalí Flexer, que trabaja en la temática del cáncer infantil. Además, integra el Grupo de Trabajo de Medicinas Esenciales de la Sociedad Internacional de Pediatría Oncológica. “En el área del cáncer infantil se aceitó mucho y bien el acceso a la medicación en el sistema de hospitales públicos. Sí, a veces nos encontramos con pacientes que tienen dificultades en el acceso, pero intermediamos rápidamente para que las obras sociales o las prepagas cumplan con su responsabilidad. En general, los casos que más nos preocupan son los que están vinculados con la producción internacional, porque en algunas ocasiones nos encontramos con que el laboratorio deja de fabricar determinado medicamento porque se empieza a usar otro, que debería ser compatible con el que se cesó, pero no siempre el nuevo es efectivo en todos los niños que lo tomaban. Esta preocupación es internacional, tanto en los países desarrollados como los que están en desarrollo. La empresa deja de fabricarlos unilateralmente y provoca un vacío. Creemos que deberían tener penalidades, porque a ellos los Estados les compran miles de dosis al año. La producción de medicamentos no puede seguir bajo la ley mundial de comercio. Por ejemplo, en los Estados Unidos faltó una droga durante seis meses y no la podían importar porque como se produce en ese país, no les permitían el ingreso. No son un producto más ni un commodity”, denuncia.

En cuanto a los genéricos, Grynszpancholc también pone el acento en la calidad. “A nivel internacional también falta un mayor control. Estamos armando un portal para poder tener, en tiempo real, información sobre qué medicamentos y con qué calidad se están entregando en los países.”

Por su parte, María Alejandra Iglesias, presidenta de la Asociación Civil Sostén, que está presente en los hospitales porteños Rivadavia y Vélez Sarsfield, reconoce que los pacientes se encuentran con muchos casos de problemas burocráticos para conseguir la medicación. “A veces llegan a la ventanilla y les dicen que le falta un papel o los guiaron mal en el trámite. Quien está en situación de vulnerabilidad, con un diagnóstico de enfermedad que tiene que procesar, se angustia mucho más con este tipo de tratos. También hay pacientes que vienen desde lejos y si les piden que vuelvan en unos días se les hace imposible; lo mismo les sucede a quienes perdieron su trabajo y llegar a la capital desde el conurbano bonaerense les significa un gasto considerable. Todo esto dificulta la adherencia al tratamiento, son varios los que terminan dejando. Por tal motivo estamos trabajando con la Coalición de Cáncer Argentina para bajar los tiempos de entrega (que no superen los 30 días) y que se multipliquen los lugares de entrega”, señala.

 

Cómo conectarse

Fundación Flexer: www.fundacionflexer.org / 4825-5333.

Asociación Argentina de Farmacéuticos de Hospital: www.aafhospitalaria.org.ar.

Fundación Huésped: www.huesped.org.ar/ 0800-222-4837.

Asociación Civil Sostén: sosten.org.ar 4861-1687.

Ignacio Katz: 4806-0448.

 

Opinión

VIH: la importancia de sostener el tratamiento. Por Valeria Fink *

En principio, debemos partir del hecho de que todas las personas que viven con VIH tienen la indicación de recibir tratamiento. En otras épocas se evaluaba según parámetros como los CD4, conocidos comúnmente como defensas, o la carga viral, si se debía iniciar o no el tratamiento. Hoy sabemos que lo mejor es empezarlo lo antes posible, siempre con el asesoramiento de un médico y buscando un esquema adecuado para el paciente. Esto es así porque hubo muchos estudios que demostraron que las personas con tratamiento viven más y tienen menos complicaciones cardiovasculares o renales. Además, cuando una persona viene recibiendo un tratamiento y este funciona, uno de los parámetros principales que vamos a tener en cuenta es la carga viral no detectable. La cantidad de virus en sangre va a figurar no detectable, lo cual no quiere decir que se haya eliminado, sino que con los métodos de laboratorio que se usan habitualmente no podemos detectarlo.

Ahora bien, si una persona interrumpe el tratamiento tenemos dos problemas: primero perdemos los beneficios del tratamiento y la posibilidad de mantenernos indetectables. El riesgo de que bajen las defensas es mayor y si las defensas bajan mucho ponemos en riesgo a las personas de que aparezcan enfermedades oportunistas, que son infecciones de las que normalmente el cuerpo se puede defender solo, pero cuando las defensas bajan mucho hacen que no pueda hacerlo. El otro riesgo es la aparición de resistencia: cuando una persona recibe tratamiento y un día lo toma y otro no, lo deja por el período de vacaciones o por otros motivos, se corre el riesgo de que el virus “se dé cuenta” de qué modo queremos frenarlo y aparecen lo que llamamos mutaciones, que son pequeños cambios que hacen que dejen de responder a la medicación. Cuando aparece resistencia, cada vez vamos a tener menos drogas que puedan controlar a ese virus, o sea menos opciones de tratamiento para esa persona. Por eso es importante que cada persona que esté en tratamiento pueda continuarlo en forma ininterrumpida y si tiene un problema, porque esa medicación le cae mal o le produce alguna reacción, es importante que no se suspenda, que se consulte al médico para poder buscar alternativas.

Miembro del equipo de Investigaciones Clínicas de la Fundación Huésped.

 

Opinión

Acceso a medicamentos de alto costo en la Argentina. Por Karen Rodríguez  * 

El acceso a los medicamentos es parte fundamental de toda política farmacéutica y, por extensión, uno de los pilares de la salud pública. Si bien se enfrenta a crecientes dificultades y retos, esta situación es especialmente grave en el caso de los medicamentos de alto costo o también llamados para enfermedades catastróficas, que son aquellas con gran repercusión social y/o con grave riesgo de muerte, como el VIH/Sida, las oncológicas y las inmunológicas, entre otras. También se repite el problema en una población objeto muy pequeña, como los medicamentos huérfanos para la cura de enfermedades raras, pues son de baja frecuencia y no resultan atractivos para la industria.

La cobertura de los medicamentos de alto costo en la Argentina, como en el mundo, representa un gran desafío para los financiadores (el sistema de salud público, obras sociales y prepagas) que deben asegurar la cobertura. La utilización de medicamentos de alto costo, que en su gran mayoría se encuentran protegidos por la ley de patentes, forman parte de un mercado monopólico, sin competencia.

En la Argentina, los precios de los medicamentos no se encuentran regulados, esto se observa en los costos de los medicamentos para los tratamientos de cáncer, artritis y esclerosis múltiple, entre otros. En nuestro territorio son más caros que en el Reino Unido y España, según reveló un estudio de la Asociación Agentes de Propaganda Médica basado en datos del British National Formulary y el listado de precios para la seguridad social de los Colegios Oficiales de Farmacéuticos españoles. Sin embargo, estos medicamentos no siempre son innovaciones terapéuticas, que darían como resultado una mayor ganancia en salud respecto de los tratamientos existentes. Es fundamental contar con herramientas para realizar la selección y evaluación de medicamentos basados en la evidencia que permitan tomar decisiones no sólo en la seguridad, eficacia y calidad, sino también en su relación costo/efectividad.

Especialista en Farmacia Hospitalaria, prosecretaria de la Asociación Argentina de Farmacéuticos de Hospital (Aafh) y codirectora del Centro de Información de Medicamentos de la Universidad Juan Agustín Maza.

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