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Las organizaciones sociales pueden sumar a su gestión el valor de los datos generados por los ciudadanos. Para ello, es clave saber convocarlos a que se involucren con una determinada causa. Algunos ejemplos de cómo hacerlo.

La ciudadanía puede generar datos de valor para el sector social. Lo importante es saber convocarlos para que aporten información sobre la temática que se pretende medir. Este tipo de iniciativas, que crece a nivel global, ayuda a documentar y a desarrollar un sustento clave a la hora de diseñar campañas de incidencia. Es que al momento de reclamar políticas públicas para atender a determinadas demandas de la sociedad, no hay nada más poderoso que contar con datos que corroboren la existencia y dimensión del problema que se busca solucionar.

 

Caso #NiUnaMenos

A modo de ejemplo, éste es un caso que amerita la observación. En 2016 se llevó a cabo el primer Índice Nacional de la Violencia Machista (http://contalaviolenciamachista.com/) impulsado por el colectivo #NiUnaMenos: un formulario con más de 150 preguntas estuvo disponible durante 3 meses, a través del cual se recopilaron datos sobre los diferentes tipos de violencia que viven las mujeres en Argentina. De esta forma, lograron que más casi 60.000 mujeres dejaran plasmada la realidad de las que eran víctimas.

Éste es un modelo de cómo se puede involucrar a la ciudadanía para generar datos sobre una problemática que no cuenta con información oficial disponible: hasta 2015, los únicos datos sobre la cantidad de femicidios que se producían en el país provenían de La Casa del Encuentro, una ONG que relevaba los asesinatos de mujeres que se difundían en los medios de comunicación. A partir de las respuestas recibidas, se realizó un informe que fue presentado ante el Poder Ejecutivo con un detalle de cuál era la situación que vivían miles de mujeres.

 

¿Cómo recopilar datos desde la organización?

En primer lugar, se debe hacer un pequeño relevamiento sobre la información disponible sobre el tema: ¿Qué datos existen? ¿Cuáles faltan? ¿Desde qué organismos se recopilan estos datos? ¿Cuál es la frecuencia con la que se generan?

Establecer objetivos del relevamiento: definir cuál será el principal, qué datos se quieren recopilar y con qué propósito. En esta etapa se pueden identificar aliados considerados clave para lograr mayor alcance, calidad en el análisis de la información recibida, etcétera.

Definir plazos: ¿por cuánto tiempo se estará recogiendo esos datos? A veces se puede optar por no cerrar el relevamiento, sino que sea posible de ser actualizado en forma permanente.

Armar el cuestionario u otro instrumento para recopilar los datos. Para ello es  fundamental tomarse el tiempo para entender cuestiones básicas metodológicas.

Definir cómo se recopilará la información: en todas las organizaciones se pueden recoger datos, no hacen falta grandes desarrollos web. En la actualidad hay un gran número de herramientas gratuitas para hacerlo. La más sencilla es en Google Forms, que permite subir un cuestionario y compartir el link para comenzar a recabar respuestas.

Una vez que el cuestionario está en línea comienza la etapa de difusión para conseguir el volumen de respuestas deseado. Dada la escasez de recursos de la sociedad civil, nunca será posible obtener datos del total de la población como los organismos oficiales, pero sí se puede llegar a una cantidad de respuestas suficientes como para darle credibilidad al relevamiento realizado.

 

Analizar los datos recopilados.

Comunicar los resultados. En este punto es importante pensar en el objetivo que llevó a la organización a recoger la información. ¿Para que otras organizaciones los puedan tomar de base? ¿Para usar de insumo en el trabajo de la propia institución? ¿Para generar incidencia en las políticas públicas?

Recopilar datos para visibilizar una situación está al alcance de todas las organizaciones de la sociedad civil. Éstos ayudan a plasmar en cifras concretas una realidad que puede permanecer indocumentada.

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