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Esenciales para la preservación de la flora y la fauna, cruciales para evitar inundaciones y generadores de riqueza para las comunidades, estos espacios corren peligro en todo el mundo por diversos factores relacionados con la actividad humana.

Texto Alejandro Cánepa.

 

Un pantano, una laguna, una hondonada que cuando llueve en abundancia se cubre de agua. Esos y muchos otros son espacios que se denominan humedales, hoy afectados en todo el mundo por la industria de la construcción, la contaminación industrial y la ganadería intensiva, entre otros factores. Wetlands International es una OSC que lucha por la preservación de esas zonas por su biodiversidad, porque contienen riquezas para las comunidades locales y además evitan inundaciones. Desde Indonesia a Brasil, pasando por Rusia, Holanda, Guatemala y Panamá, entre muchos otros países, la entidad intenta concientizar sobre la importancia de regular las actividades humanas en estas zonas.

Los humedales atesoran valores para los pobladores de las regiones que los rodean, como pueden ser la presencia de peces, miel, mimbres y agua dulce. Por otro lado, poseen un valor ambiental en cuanto a la preservación de la flora y la fauna, además de uno arqueológico, ya que pueden alojar elementos de culturas milenarias. Y algo no menor: regulan las inundaciones, al permitir que cuando el agua sale de su cauce ocupe esos espacios y no otros.

En Europa, más precisamente en la ciudad de Ámsterdam, están las oficinas centrales de Wetlands International. Desde la capital holandesa María Stolk, coordinadora de programas de la organización, dice: “En términos globales, los humedales cubren sólo una pequeña parte de la superficie terrestre; sin embargo, son sistemas esenciales para sostener las economías locales y globales. Actúan como fuentes de provisión y purificación de agua, protegen los sistemas costeros, son las reservas naturales de carbono más grandes del planeta y son cruciales para la agricultura y la pesca”.

Stolk cuenta cómo es la situación actual en Holanda:“Muchos de los humedales importantes, aunque muy intervenidos, son piezas clave para algunas aves que migran hasta África. También se está dando un giro en el manejo de los ríos donde ahora se trata de ‘darle espacio’ como una estrategia de manejo de los recursos acuáticos más adaptada para soportar inundaciones y así proteger ciudades, haciéndolas menos vulnerables”.

La principal tarea de Wetlands es monitorear el estado de los principales humedales del planeta y de las especies que los habitan. “Contamos con veinte oficinas alrededor del mundo que se enfocan en proyectos locales, nacionales,regionales y hasta continentales. En África tenemos proyectos nacionales de restauración y conservación de humedales en Kenia, Etiopía, Uganda, Senegal y Sudán del Sur, sólo por mencionar algunos. En Asia hemos trabajado en restaurar el lago Chilika en India, en conservar las extensiones de turba en Indonesia y en aplicar un modelo de ingeniería que incluya a la naturaleza en Filipinas, entre otros enfoques”, informa Mira Bai Simón Muciño, directora de Comunicaciones de Wetlands.

 

Guerras y otros desafíos

La construcción sin límites, la agricultura y ganadería intensiva y la contaminación industrial no son los únicos factores que deterioran estos ámbitos; las guerras civiles u otro tipo de conflictos armados también amenazan a los humedales y empobrecen a las poblaciones locales, como sucede en el Lago Chad y el Delta del río Níger en África, o en las zonas de la Mesopotamia en Irak. Los daños, sean por la causa que fueren, son concretos.

“Las plantaciones de aceite de palma en Indonesia están destruyendo los bosques de turba, la falta de regulación de las papeleras contamina ríos y deforesta áreas enteras de selva, los manglares son degradados para actividades agrícolas u otras, los ríos son alterados con la creación de embalses de gran infraestructura, las actividades ganaderas tienen un impacto negativo en las marismas”, advierte Mira Bai. De todas formas, en 1975 entró en vigencia un tratado internacional que busca proteger a estos lagos, charcos y ciénagas: la Convención Ramsar, que abarca más de 2.000 sitios a lo largo del mundo que deben ser preservados (ver recuadro).

Por otra parte, en América latina existen numerosos países con humedales de importancia vital. De hecho, Wetlands lleva adelante el proyecto Corredor Azul, que vincula a Brasil con Argentina y Paraguay, ofreciendo alternativas de desarrollo sustentables a las comunidades que viven en pantanales y esteros de estos tres países.

En tanto, en Panamá Mayté González, coordinadora de la oficina local de Wetlands, advierte: “Los humedales en este país están altamente amenazados por presiones asociadas al desarrollo urbano, la actividad inmobiliaria y el avance de la frontera agrícola, principalmente. Los más comprometidos son los manglares, toda vez que el borde costero en las áreas urbanas del Pacífico y el Caribe es una zona altamente apetecida para desarrollo inmobiliario, turístico y actividades de logística portuaria”.

En suma, lo que está en juego a nivel internacional es nada menos que mantener espacios naturales en donde la tierra y el líquido más importante para la humanidad se dan la mano. Como señala Stolk, de Wetlands International:“Un mundo sin humedales es simplemente un mundo sin agua”.

 

Cómo conectarse: Wetlands International: www.wetlands.org

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