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Son colegios privados que de un día al otro fueron abandonados por sus dueños. Los padres y educadores decidieron constituirse como cooperativas. La participación igualitaria, el bien común y el trabajo colectivo son algunos de los principios que impulsan.

 

Texto Magalí Sztejn.

“Somos al mismo tiempo empleados y empleadores de nosotros mismos”, define en pocas palabras Javier Lamónica, presidente de la Cooperativa Instituto Nuevo Guido Spano, fundada en tan sólo nueve días, cuando a principios de 2014 la institución educativa, de 92 años de historia, abruptamente iba a cerrar sus puertas. Si bien hubo peleas y obstáculos, en estos cuatro años no sólo creció la matrícula, sino que también se crearon nuevos puestos de trabajo. “Hay algo que tiene que ver con un habitar institucional más libre que en otros espacios. Cuando entrás te das cuenta de que el trato entre los chicos y con los adultos es diferente al que se da en otros colegios. Esta es una escuela con bajísimo nivel de conflicto social, donde la palabra está siembre habilitada”, analiza Lamónica.

Lo cierto es que son muchos los intentos de formar cooperativas y dentro de ellos algunos son proyectos educativos, que generalmente se constituyen ante la quiebra o el vaciamiento de la empresa privada. Entonces, para salvar la continuidad del espacio y los puestos de trabajo, los empleados recurren al Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes) con el fin de obtener la autorización para funcionar y la matrícula correspondiente. Ese proceso atravesó el Instituto Comunicaciones, que de 2000 a 2002 tuvo que luchar legalmente por mantenerse en pie ante un decreto de quiebra del club. Unos cuantos años antes, en 1959, el Instituto Excelsior también abogó por los ideales cooperativos cuando un grupo de profesores aunó esfuerzos para asegurar el crecimiento de la institución. “Queremos que nuestros egresados sean hombres y mujeres honestos, solidarios y comprometidos con sí mismos y con el país que los formó”, refieren en su web.

 

Elegir qué ser

El caso de la Escuela Cooperativa Mundo Nuevo es diferente: en 1972, un grupo de padres y profesores, en vez de buscar el lugar que los satisfaga, decidieron establecerlo ellos mismos. En pleno barrio porteño de Villa Crespo fundaron un colegio de nivel inicial y primario basado en un proyecto pedagógico-político en el que incluso crearon una tabla de puntaje que fue votada y debatida entre todos. “Esto es un colectivo y funciona si estamos haciendo lo que definimos que hace cada uno”, manifiesta Florencia Catenaccio, coordinadora del Área de Convivencia.

Una de las decisiones que se tomaron desde el inicio es que los chicos no lleven una cartuchera, sino que haya una caja con útiles para cada mesa que los alumnos tienen que compartir y hacerse responsables del cuidado y del uso. Además, cada grado cuenta con dos representantes que se juntan con otros niños y niñas para pensar mejoras en la organización del espacio y llegar a acuerdos comunes. Algo similar ocurre entre los docentes, quienes una vez al mes tienen reuniones de capacitación. “Son espacios –cuenta la profesora de teatro Florencia Cristaldo– donde también reflexionamos sobre nuestra práctica y nos mostramos entre nosotros cómo pensamos el trabajo, con la experiencia de compartir lo que hacemos con los pibes”.

 

Comunidad educativa

Con secundaria a la mañana e inicial y primaria a la tarde, el Guido Spano abrió el ciclo lectivo 2018 con 350 alumnos. Si bien se reconocen como una escuela familiar, los integrantes de la cooperativa entienden que tiene que competir con un mercado donde son muchas las opciones. “La gente tiene la idea de que la cooperativa es una cooperadora y no lo es. Si bien forma parte de la economía social, tiene fines de lucro”, explica Lamónica y revela que aunque suele haber una afinidad de los padres a la hora de elegirlos, no es una confianza ciega. En primer año del secundario se incorporó la materia Educación cooperativa y solidaria, donde se enseñan los fundamentos básicos de estas asociaciones y se hace un trabajo de campo. Asimismo, están abocados al desarrollo del nivel terciario con la intención de lanzar una carrera que sea Administración de Escuelas de Gestión Cooperativa, para lo que se convocó a otras entidades con el fin de pensar juntos el armado del plan de estudios.

“Cuando hay un dueño –reflexiona Lamónica– se toman decisiones que no se entienden y eso se hace permeable a los chicos. En cambio, cuando hay un asociado, quizás sin hacerlo consciente, les cuenta procesos que se viven en una cooperativa, habilitando una situación distinta”. En el mismo sentido, Florencia Cristaldo piensa que autogestionarse la fuente de ingresos es otro tipo de experiencia para los trabajadores: “Buscamos consensuar y hacernos cargo. Este trabajo me dio la posibilidad de no enajenarme, porque tengo una apropiación y un cariño distintos”.

Según explica Catenaccio, en Mundo Nuevo “muchas prácticas pedagógicas tienen que ver con lógicas cooperativas y con consensuar en términos colectivos”. Y recuerda: “Lo que me llamó la atención cuando entré fue la apropiación del espacio que tenían mis compañeros. Lo asocio a la manera de pensar el trabajo, una manera horizontal. Te interpela a pensar el impacto de las decisiones, porque tienen un correlato en la realidad. Eso es transformador”.

 

Cómo conectarse:

Instituto Nuevo Guido Spano: www.nuevoguidospano.edu.ar

Instituto Comunicaciones: https://www.facebook.com/institutocomunicacionescooperativa

Escuela Cooperativa Mundo Nuevo: www.escuelamundonuevo.edu.ar

Instituto Argentino Excelsior: www.iaexcelsior.com.ar

Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social: www.inaes.gob.ar

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