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Ganó el premio Mujeres Solidarias de Avon por su proyecto de hornos ecológicos para su comunidad que vive en los cerros jujeños. Es la referente de un pueblo que no baja los brazos ante las enormes dificultades que afrontan cada día. 
Texto Fátima Cheade.
Pastora Sonia Cruz es ama de casa y se dedica a la agricultura y la artesanía, pero además está fuertemente comprometida con su comunidad, a la que ayuda de diferentes maneras: desde capacitar a otras mujeres en la técnica del bordado, que le transmitieron su madre y su abuela, hasta buscar soluciones para que vivan un poco mejor.
Fue así que Pastora le dio vida al proyecto que busca reemplazar los hornos de barro con otros ecológicos, construidos en base a tachos cilíndricos metálicos de 200 litros, cuya utilización reduce drásticamente el consumo de leña, una fuente de energía que, para conseguirla, a la gente de Santa Ana les demanda horas de caminata por los cerros jujeños.
Ella conoció la idea, la conversó con la gente de su pueblo y no dudó. Con la ayuda del centro vecinal de Santa Ana de Valle Grande, a cargo de Mario Sosa, presentó el proyecto en el concurso Mujeres Solidarias de la Fundación Avon y, el 27 de octubre, recibió en Buenos Aires el premio de manos de la actriz Natalia Oreiro. Su iniciativa fue elegida entre 101 que se presentaron este año de todo el país. Gracias al empuje de Pastora, la ayuda beneficiará a 40 familias de su comunidad, casi la mitad del total.
–¿Cómo nació la idea de este proyecto?
–En Santa Ana no hay leña. Para conseguirla tenemos que caminar tres horas y media de ida y tres horas y media de vuelta. Cada horno de barro consume entre 25 y 30 kilos de leña cada vez que se lo usa, y muchas familias ni siquiera tienen uno propio, sino que deben acudir al de la escuela, lo que implica una larga fila cada vez que se necesita hornear pan o una comida.
–¿Qué beneficio concreto traería el horno ecológico?
–Esos hornos se hacen con tachos metálicos que tienen el beneficio de contaminar menos, tanto el aire como el alimento, pero además utilizan menos leña, que es difícil de conseguir, y más estiércol de las ovejas, que es fácil de obtener y más económico. El estiércol no se puede usar en un horno de barro porque contaminaría la comida, pero sí en uno ecológico, ya que el fuego se prepara aparte y luego se va pasando, lo que impide la contaminación.
–¿En qué consistió el premio y cuántas familias se beneficiarán con estos hornos?
–Recibimos 100 mil pesos para apoyar este proyecto, con el que se van a beneficiar 40 familias que recibirán cada una un horno ecológico, pero ojalá luego podamos llegar a las casi cien familias que componen el pueblo de Santa Ana.
–¿Cómo viven las familias en Santa Ana?
–Somos casi 700 habitantes que vivimos en este pueblo rodeado de cerros. Tenemos una escuela primaria y, desde hace muy poco, también una secundaria. Estamos a cinco horas y media de Humahuaca por la ruta 73, que es de tierra. Es difícil llegar, no llega cualquiera.
–¿Cómo hacían antes los jóvenes para cursar sus estudios secundarios?
–Yo tengo dos hijos: uno más chico que está estudiando en la escuela secundaria de Santa Ana y otro más grande que tuvo que ir a la de Valle Grande, la localidad más cercana. Cada lunes caminaba cinco horas hasta llegar y se quedaba internado hasta el viernes. Cuando salía, lo íbamos a buscar con algún animal para que no caminara tanto. Iban al colegio una semana sí y la otra no. Por suerte, ahora es distinto. Antes los jóvenes terminaban abandonando los estudios secundarios por esta situación, ahora todos estudian. Es algo muy bueno para nosotros.
–¿Cómo es un día en su vida?
–Me levanto a las 6, voy a ver a los animales, cocino y lavo la ropa. Tenemos luz desde las 15 hasta las 6 de la mañana con paneles solares. No tenemos teléfono, menos aún celulares y tampoco televisión, sólo la radio. A veces escuchamos la radio local, pero también nos gusta escuchar la de la capital de Jujuy y las radios de Buenos Aires.
–¿Qué les hace falta en Santa Ana?
–Nos falta un médico, un odontólogo. Tenemos una salita de salud y dos enfermeros que se rotan por turnos. La gente vive sufriendo. Los dolores de muela terminan en extracciones porque la gente no tiene odontólogo ni tampoco el dinero para pagarse un pasaje en micro hasta la ciudad para que lo traten y muchas veces ni siquiera saben que pueden hacerlo. Para no sufrir la gente elige sacarse su dentadura.
–¿Cuál es su próximo proyecto?
–Me gustaría que Santa Ana tuviera una ambulancia, ya que cuando tenemos a alguien enfermo tenemos que llamar desde la salita de salud por radio a Humahuaca y esperar más de cinco horas para que llegue una, y después otro tanto hasta que llegue al hospital. En algunos casos, este tiempo es vida o muerte.
Estímulo para ellas
El Premio Mujeres Solidarias de la Fundación Avon nació en 2007 con el objetivo de reconocer, estimular y apoyar el trabajo comunitario y social de las mujeres en la Argentina. En diez años, ha recibido 1.300 proyectos y entregado una decena de premios que consisten en una asignación monetaria para apoyar a la iniciativa ganadora.
BIO
38 años. Nació y vive en Santa Ana de Valle Grande, en la provincia de Jujuy. Dos hijos.
Ama de casa, se dedica a la agricultura y la artesanía.
Ganó el premio el Premio Mujeres Solidarias de la Fundación Avon con su propuesta de hornos ecológicos.

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