Compartir

La escritora y periodista es una de las creadoras de textos infantiles que rescatan personajes revolucionarios de la historia, a la vez que cuestionan los roles que la literatura tradicional asigna a los géneros.

Texto Noelia Leiva. 

A Nadia Fink, los caminos de la vida la llevaron por experiencias diversas. Pero, en este punto de su historia, todo confluye. Algo de su formación docente, de su compromiso con la búsqueda de un discurso contrahegemónico y de la convicción de ejercer el periodismo en intersticios típicamente masculinos se cuela en su tarea como escritora de las colecciones Antiprincesas y Antihéroes de la editorial Chirimbote, un proyecto autogestivo que encabeza junto al ilustrador Pitu Saá. Su aporte a la literatura infantil es fusión y fractura a la vez: recopilar los legados que las mujeres dejaron en el pasado y cuestionar los roles que la industria cultural legitima para la infancia en función de los géneros.

Lo que se inició en enero de 2015 como un proyecto para aportar a la literatura infantil una perspectiva distinta ya tiene aceptación en al menos nueve países de América y Europa, desde Uruguay y Brasil hasta Italia y Turquía. Se trata de textos novelados que rescatan la biografía y la obra de referentes que se pelearon con lo que la sociedad de su época les asignaba por ser mujeres. Son Antiprincesas Frida Khalo (de la que se vendieron 10 mil ejemplares), Victoria Parra, Juana Azurduy, Clarice Lispector y Gilda. Dado que la construcción es en conjunto, también contaron desde su perspectiva el legado de Julio Cortázar y Eduardo Galeano, una lista que se está por ampliar.

–¿A qué se debe el nombre de las colecciones?

–La primera que surgió fue Antiprincesas, justamente porque se opone al modelo tradicional de las princesas. Sabemos que Disney está bastante aggiornado y ahora surgen princesas como Mérida, que sabe andar a caballo y no se quiere casar. Pero cuando vamos a la juguetería o vemos el merchandising, se reproduce el modelo clásico de princesas como Blancanieves o la Bella Durmiente, que representan cosas que queremos alejar de las niñas. Hace muy poco, un estudio del New York Times, un diario hegemónico, sostuvo que jugar en el ‘modo princesa’ influye en cómo se desempeñarán las niñas el día de mañana. Es decir, no es al revés como muchas mamás dicen, que les compran a sus hijas ese tipo de contenido porque a ellas les gusta. Y así también nos oponemos a los superhéroes para las infancias masculinas. Sabemos que nos queda por hablar de lo transgénero, pero creemos que los límites los vamos corriendo, al menos desde nuestra colección y nuestra mirada.

–¿Qué asignaciones de género se encuentran en la literatura infantil?

–En la literatura infantil clásica tenemos estereotipos que se repiten. Se les suelen otorgar a las mujeres lugares muy estáticos o bien asociados al legado familiar o a la construcción individual. Además se vincula la bondad (de un personaje femenino) con la belleza. Por otro lado están las brujas, que son relacionadas con el mal. No se las muestra como curanderas o sanadoras, sino como mujeres para quemar.

–Si de roles asignados se trata, ¿cuál entiende que es el lugar que ocupa la mujer en la literatura, al menos en América?

–Cuando le pedimos a cualquier niño o niña, a modo de examen, que nombre a cinco escritores y a cinco escritoras, le va a costar mucho nombrar a las mujeres. Eso muestra el lugar que ocupamos, al menos desde la difusión. Creo que también la literatura de mujeres está relacionada con la novela y la poesía como si fueran géneros menores. Sin embargo, me parece que la novela histórica ganó mucho lugar entre el público y está escrita mayormente por mujeres.

–Como mujer que escribe, ¿entiende que tiene responsabilidad en evidenciar estereotipos de género en el rubro?

–Es fuerte que siempre las mujeres seamos las que tengamos que reivindicar o poner sobre la mesa los roles de género y, de hecho, si lo hace algún varón y no lo conocemos de cerca hasta puede generar sospecha. No sé si lo veo como un rol previo, que por ser mujer tenga que hacerlo. Se dio desde los lugares donde escribí como periodista, cuando era la única mujer y trataba de escribir sobre temas de los que los hombres no se iban a encargar. En esta colección en particular el género está puesto de relieve porque propone desandar estereotipos, mostrar otras formas de ser mujer.

–¿Alguna vez sintió que sus textos fueron cuestionados por el hecho de que los producía una mujer?

–Me pasó que en algún trabajo territorial, ya sea una nota sobre gatillo fácil o de desaparición forzada de personas, decían que el material estaba bueno y cuando les contaba que lo había escrito yo me comentaban: “Ah!, pensé que lo había escrito un varón”. Pero fueron casos aislados. Tal vez las primeras veces que escribí sobre fútbol, que es un lugar más asociado a lo masculino, sentía que me estaban observando más de cerca, esperaban el error para cruzarme. Por suerte no pasó y estoy a cargo de la sección de Deportes del portal al que pertenezco (Marcha), un espacio que gané legítimamente.

–¿En qué proyectos se trabajan desde Chirimbote?

–Acaba de salir la Liga Antiprincesas que tiene que ver con varias guerreras que fueron menos visibles en la historia. Las traemos todas juntas a una ficción donde tienen que resolver un problema y Juana Azurduy las recluta. Además de mostrarlas y hablar de ellas, queríamos pensar en cómo las mujeres se organizan. Parte de este trayecto en el que hay menos nombres individuales para distinguir tiene que ver justamente con que las mujeres construyen colectivamente. Ahora, en parte lo reflejan los Encuentros Nacionales de Mujeres y el Ni Una Menos. Nos parece que está bueno mostrar estas construcciones desde la infancia. Y también estamos trabajando arduamente en el Che Guevara, que sale a mediados de diciembre. Nuestro antihéroe preferido.

 

Cómo conectarse: Chirimbote  //  www.chirimbote.com.ar

FuenteRevista Edición 109
Compartir

No hay comentarios

Dejar una respuesta