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El antropólogo fue uno de los impulsores del Equipo Argentino de Antropología Forense que preside. Célebre en el mundo entero por haber recuperado la identidad de restos de miles de personas.

 Texto Hernán Di Bello. 

Un antropólogo está destinado a quedar en la historia, al igual que cada una de las identidades que logró recuperar. Desde hace más de tres décadas, el presidente del Equipo Argentino de Antropología Forense (Eaaf), Luis Fondebrider, es un eslabón insoslayable en la cadena que permite determinar a quién pertenecen los restos de personas desaparecidas o que sufrieron muertes violentas.

Primero fueron los cuerpos no identificados que comenzaron a aparecer, tras el fin de la última dictadura militar y a partir del avance de las investigaciones judiciales sobre el terrorismo de Estado que imperó en Argentina entre 1976 y 1983. Pero con el correr de los años, las fronteras se volvieron invisibles para Luis y el Equipo: el trabajo los llevó –y los sigue llevando– a Centroamérica, Chile, Chipre, Sudáfrica, el Congo, Vietnam y Tailandia, por mencionar sólo algunos de los países que solicitaron su colaboración.

Humilde y de pocas palabras, Fondebrider tenía apenas 21 años y era estudiante de la UBA en 1984, cuando sin un atisbo de duda comenzó a colaborar en la creación del Eaaf junto al antropólogo forense estadounidense Clyde Snow, que había llegado al país con un eficaz método para identificar huesos. Con la misma sencillez de aquellos tiempos, este experto argentino conversó con Tercer Sector.

–¿Qué fue cambiando a lo largo de los 32 años de trabajo del Equipo?

–Los cambios tienen que ver con la evolución de las investigaciones en la Argentina en cuanto a la búsqueda de personas desaparecidas durante la última dictadura, pero también con la trayectoria y el desarrollo de actividades fuera del país. El Equipo, desde los primeros años, comenzó a recibir pedidos de otras naciones que, al igual que la Argentina, retomaban la democracia y necesitaban investigar qué había pasado con las personas desaparecidas. Esa nueva experiencia, que hoy ya lleva trabajos en casi 50 países de todos los continentes, ha enriquecido nuestra perspectiva y ampliado el marco de las investigaciones, inicialmente basadas desde el punto de vista científico mucho en la arqueología, la antropología y la medicina, y hoy en día ha incorporado disciplinas como la genética, la informática y otras conectadas. Además, nos ha permitido pasar de ser un núcleo inicial de ocho miembros a que hoy seamos 65 personas que cubren no solamente el trabajo desde oficinas en Argentina, sino también en México, Estados Unidos y Sudáfrica. Al mismo tiempo, se han dado desarrollos importantes en nuevas temáticas, como migrantes y mujeres víctimas de femicidios, especialmente en México, donde uno de nuestros proyectos más grandes, tiene que ver con la identificación en Ciudad Juárez, en el norte de ese país.

–¿Cómo manejaron ese crecimiento a nivel de recursos humanos y económicos?

–Pasamos de ser una ONG muy pequeña a tener un número mucho más grande de colaboradores y hoy el trabajo se estructura más por áreas de investigación, logística, coordinación y planificación. El crecimiento se fue dando paulatinamente, no a saltos, lo que hubiera sido muy complicado. A nivel financiero, el cambio más importante fue a partir de 2004, cuando el gobierno de Néstor Kirchner comienza a apoyar los proyectos que tenemos en la Argentina con fondos del Estado. También desde 2007, cuando iniciamos un proyecto muy grande llamado Iniciativa Latinoamericana Para la Identificación de Personas Desaparecidas, donde a través del empleo de la genética en forma masiva recibimos una incorporación importante de dinero que nos permitió implementarla en conjunto con el Estado. Tras el cambio de gobierno, en la actualidad el sostenimiento de parte del Estado sigue siendo similar, por lo menos en este año, y esperamos que continúe de la misma manera.

–¿Qué desafío les queda por delante, cuál es el motor que los impulsa a seguir?

–En el caso de Argentina, seguir dando respuesta a los familiares en forma muy concreta, identificando los cuerpos que ya hemos encontrado y aún no se han podido identificar, y buscando en lugares que queden donde hay otros cuerpos. Pero al mismo tiempo, el desafío también involucra casos actuales, que tienen que ver con violencia institucional, violencia de género, desapariciones en democracia, que es lo que estamos haciendo hace varios años, como por ejemplo, en el caso de Luciano Arruga, en Argentina, o el de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, en México. Al mismo tiempo, seguir capacitando y formando a colegas de diferentes ámbitos en la Argentina y otras partes del mundo. ése es un elemento clave en esta tarea.

–¿Con qué grandes satisfacciones o frustraciones se encuentra en su tarea cotidiana?

–Las situaciones de satisfacción tienen que ver con el agradecimiento de cada familiar al que podemos darle la certeza de que encontramos a su ser querido y lo puede recuperar. Las palabras de aliento, agradecimiento y apoyo de los familiares es el combustible que nos mueve y es algo que, a pesar del paso de los años, siempre es muy fuerte y emocionante. Las frustraciones tienen que ver con la burocracia, la falta de voluntad política, de justicia, con ver a familiares que esperan durante años sin tener una respuesta. No estoy hablando de la Argentina, sino de muchas partes del mundo donde me toca trabajar.

 

Cómo conectarse: Equipo Argentino de Antropología Forense  // www.eaaf.org

FuenteRevista Edición 108
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