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Filósofo y responsable de la Fundación Avina en Colombia, en su paso por Buenos Aires conversó con Tercer Sector sobre los desafíos que se plantean a nivel regional en materia de equidad.

Texto Andrea Vulcano.

 

El colombiano Bernardo Toro es promotor del llamado “paradigma del cuidado”, con el que viene bregando por la construcción de sociedades más equitativas.

 

¿A qué atribuye la profundización de la pobreza y su creciente infantilización, como sucede hoy en la Argentina?

–El problema de los niños es que es un problema de los adultos, no de los niños. El problema en América latina es que queremos mucho a nuestros hijos, pero no a los niños. Tenemos una conciencia de que los niños son hijos del grupo humano en el que estamos y, entonces, los cuidamos mucho a ellos, pero somos indiferentes ante los hijos de los otros. No tenemos un concepto colectivo sino más bien tribalista, con lo cual no existe esa compasión profunda de que todo lo que le pasa a un niño nos pasa a todos, y que, tarde o temprano, eso va a tener un impacto violento para toda la sociedad.

 

–¿La solución pasa por las políticas públicas?

–Hay aspectos que están mucho antes que la definición de políticas públicas. Se puede hacer una política pública para prevenir la trata de niños para fines sexuales, pero en lugares como Brasil, por ejemplo, te encuentras con una carretera donde por miles de kilómetros hay tráfico de sexo con niños y niñas. Entonces, se trata de un problema cultural el de creer que los niños pueden ser abusados, con lo cual no hay una reacción colectiva frente a esto y, en este tipo de cosas, si no hay reacción colectiva no pueden ser enfrentadas.

 

–¿Cómo se podría empezar a andar un camino que permita torcer ese rumbo?

–Cómo una sociedad aprende a respetar a los niños es una tarea que debe empezar en las comunidades y en la educación que se les da a los hombres.

 

–¿Qué nos pasa como sociedad que, en todos estos años de vida democrática, no hemos conseguido ubicar a la equidad como valor central?

–Es que no se hizo la tarea completa de educación. Si cada generación no le enseña a leer y escribir a la siguiente, no hay nada. La democracia es un aprendizaje cultural, conceptual y práctico, pero cada generación debe luchar para que la siguiente aprenda. Creo que el trabajo se está haciendo, hay que coordinar esfuerzos y ahí sí la política pública es muy importante.

 

–¿En qué medida es posible una transformación si persiste una educación para ricos y otra para pobres, un sistema de salud para ricos y otro para pobres?

–Imagínese que en Buenos Aires hubiera dos redes de agua, una potable y la otra no. ¿Eso sería perjudicial? Pues sí, totalmente, porque nunca lograría ser una sociedad equitativa. ¿Por qué? Porque vuelve un bien necesario, fundamental para la vida digna, de una calidad para unos y otra calidad para otros. Eso pasa cuando se tienen bienes públicos de diferente calidad. Es como si les dieras un tipo de alimentación a un hijo y otro de menor calidad a otro. Una sociedad es equitativa no porque todos sean iguales sino porque todos tienen acceso a los mismos bienes públicos, de igual calidad. El agua se vuelve incluyente porque la excelencia es para todos; entonces el agua es equitativa en Buenos Aires.

 

–¿Cómo se pone en juego esa concepción en relación al Estado? ¿Es posible que el Estado en sí mismo sea equitativo?

–El máximo bien público de una sociedad es el Estado, porque es la síntesis de toda la contradicción de la sociedad. Un Estado es equitativo cuando uno se siente seguro de que sus intereses van a ser protegidos de igual manera que los de los otros. Pero si usted ve que el Estado les da unas ventajas a unos y otras a otros, ese Estado deja de ser un bien público y se convierte en un Estado corporativo, muy común en América latina, que favorece a ciertos sectores sociales y económicos, y mira con desprecio u olvido a otros. La capacidad de los Estados de América latina de tener eso claro es muy difícil, porque no crecieron en base a una gran discusión social sino a élites de clase que hicieron instituciones parecidas a ellas, con grandes sectores excluidos.

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