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Se define como narradora. Sin embargo, para el resto del mundo es una escritora talentosísima y multipremiada. Criada en una familia de mujeres y feminista desde la cuna.

 Texto Alicia Cytrynblum.

Este año, Angélica Gorodischer, o “La Goro”, como se llama a sí misma, publicó Las Nenas, un libro de cuentos que desafía la idea de que las mujeres tienen que ser débiles o víctimas. Son historias en donde esas nenas se hacen cargo de sus vidas y toman decisiones, a veces brutales, que dan un giro a su destino. Los temas que trata el libro están anclados en los dramas de muchas: abuso, trabajo infantil, secuestros o trata de personas. Tercer Sector la entrevistó en su casa de Rosario para que comparta su mirada sobre las mujeres en este contexto de violencia de género. Nos recibe “El Goro”, Sujer Gorodischer, su marido, que está presente en cada anécdota de Angélica, y que participa del encuentro con acotaciones inteligentes y ácidas. Llevan un matrimonio de casi 60 años y se los ve enamorados y compinches.

–¿Cuánto influyó en su literatura haber nacido en una familia de mujeres?

–Eramos todas mujeres, con un par de maridos que no significaban nada. Minas de alta clase, que iban al Colón cultas, hablaban francés. Muy educadas. Además eran fuertes. Sin embargo, yo fui la primera que peleé por los derechos de las mujeres.

–¿Quién la marcó más de todas ellas?

–Mi abuela. Ella consiguió lo que quería. Era analfabeta, vino de las montañas de Aragón donde cuidaba ovejas a la pampa húmeda en Bahía Blanca. No sé si acá aprendió a leer y a escribir, pero te puedo decir que era una mina con ovarios de platino. Estaba casada con mi abuelo que era devoto de la virgen del codo, dice mientras golpea su codo contra la mesa. (Angélica habla con todo su cuerpo, las manos dibujan sus palabras en el aire con la misma energía de su pelo corto, siempre rojo brillante.)

Ella quería un juego de comedor y el viejo no le daba plata. ¡Habrase visto! Pero ella se guardaba cinco centavos al día. Así juntó 30 pesos. Fue y se lo compró. ¡Toma Pa, vos!

–¿Que pasó entonces?

–Enceró el piso, puso cortinas y llave a la puerta. Era una mesa con seis sillas, dos silloncitos y una vitrina. Todas las mañanas se levantaba y se sentaba en su comedor a ver sus muebles. Otras quieren ser juezas. Ella quería su juego.

–¿Qué es el feminismo para usted?

–El feminismo es un movimiento político internacional. En todas partes hay feministas. Y sigue siendo importante mientras haya mujeres en peligro. A las pobres musulmanas todavía las apedrean en las plazas. Hay que seguir luchando.

–¿Cuándo empezó a ser feminista?

–Siempre peleé por las mujeres. Si decían Feminismo, yo estaba al frente. Cuando era jovencita no se usaba la palabra pero yo levantaba la cabecita y decía no. Cuando quise ir a la facultad me dijeron: no m’hijita, tenés que ser maestra. Yo dije ¡ni loca! y fui a la facultad a estudiar letras.

–Siempre nombra a Simone de Beauvoir como una referencia en su vida.

–Yo sostengo que no sos la misma persona después de leer El segundo sexo. Tanto seas hombre o mujer este libro te cambia la vida.

–¿Cómo le cambió la vida?

–Me hizo dar cuenta de que somos las mujeres que la sociedad construyó. Antes, estaba en la postura de resistir. Entendí que hay que buscar el origen del machismo. Ella dice, no nacemos mujeres, devenimos mujeres.

–¿Cómo explica los femicidios?

–Son algo atroz, la violencia de género es repugnante, pero, de todos modos, hay minas que se plantan y dicen no.

–Como las nenas de su libro…

–Estoy harta en la narrativa de mujeres cansadas, vencidas, suicidadas, las minas hechas pedazos. Quise mostrar que hay mujeres que consiguen lo que quieren. No te digo llegar a ser ministros de Inglaterra, sino de pequeñas cosas. No tenés plata y tu marido no te la da, pero finalmente conseguís cambiar las cortinas del living. No es cierto que todas las mujeres quedamos tiradas en el camino.

(Angélica habla de minas. Dice que tiene que apreciar mucho a una mujer para llamarla así. Si no son apenas fulanitas. Una mina es otra cosa, dice).

–¿Cómo te decidís a escribir?

–Escribo las cosas que me pasan. El último libro nació de una pelea estúpida con Goro, de esas que a los cinco minutos te olvidaste. Y me fui a la computadora y escribí enojadísima.

Goro: –¡pero me dejaste sin cena!

Angélica cuenta entonces cómo escribió otro libro de cuentos en donde las mujeres también llevan la rienda: una tiene un secreto que la libera de la opresión de su marido, otra caza alimañas o cose el mundo. Una colección que tiene como hilo conductor palabras que se entrelazan: Casa, Caza, Coso. Tiene un problema, escribe mucho y la editorial no lo quiere publicar todavía. “Acabás de publicar las nenas”, le dicen.

–¿Como hace para escribir tanto?

–Si no escribo no soy feliz. Escribo cuando puedo. El que te jedi (“El Goro”) me lleva mucho tiempo, dice estirándole un beso. Ahora estamos solos los dos, tenemos hijos, nietos médicos, abogados, que por supuesto no nos llevan el apunte, así que me ocupo de él.

Goro:–¡¡ya era hora!!

–¿Cómo es tu familia ahora?

–Así como en mi infancia viví en una familia de mujeres, ahora tengo una familia de varones. Cuando veo esos ursos que hacen rugby, corren antes del desayuno, me digo: ¿que hacen acá? ¡Los puse yo acá! Con la ayuda de Goro, por supuesto.

Goro: –uno se parece al almacenero de la esquina. Y ella retruca: –si, uno, me parece.

–¿Cómo ves a las nenas de tu libro cuando se hagan grandes?

–Alguna se va a salvar, la que se hace rica y respetable después de haber sido prostituta. La chica que se escapo de la cosecha para estudiar se transforma en una profesora. Tienen que superarse a sí mismas primero, y es difícil, porque las han criado para que no puedan.

–¿Qué podríamos hacer como sociedad?

–Primero hay que empezar por educar a nuestros hombres –¿vos estás bien educado, mi vida? –Le pregunta a Goro.

Goro: –tengo el diploma, lo podés ir a ver.

–¿Cómo influye el idioma?

–¡El castellano es tan machista! Vas al diccionario de la real academia y te querés morir. Bajo el nombre hombre hay tres columnas, refranes, expresiones y todo lo que se te ocurra. Vas a la palabra mujer, ¿y qué dice?: hembra del hombre.

Goro: –Una definición un tanto sintética (dice sarcástico).

–El lenguaje invisibiliza a la mujer. Ah, en eso no me quedo callada. Aunque esté dando una conferencia y empiezan con “la historia del hombre”, yo me levanto y digo: momentito loco (y hace montoncito con los dedos) ¿y las mujeres?…

–¿Como es tener 87 años?

–Es divino, fantástico, es una libertad total, me puedo poner, ir o decir lo que se me da la gana. La duquesa de Alba, por ejemplo, se pintó el pelo de rosa, se puso una biquini y se fue con su novio. Repartió su fortuna y se casó. Hizo lo que se le cantó el quinto forro.

 

BIO

Nació en Buenos Aires pero vive en Rosario desde hace siete décadas.  En 1963 obtuvo el primero de decenas de premios, Se destacan el Konex de Platino, Premio Dignidad (Apdh), Premio Ilch (California). Escribió 25 libros, entre cuentos y novelas: Trafalgar, Menta, Kalpa Imperial, Doquier. Recibió dos becas Fulbright y enseñó en la University of Northern Colorado. Organizó tres simposios internacionales sobre creación femenina.

FuenteRevista Edición 106
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