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Capacitar, asesorar a mujeres y acompañar sus emprendimientos es clave en el largo camino de lucha contra la explotación y la esclavitud en la industria textil. Un programa que apunta a la inclusión laboral ya se implementa en el Gran Buenos Aires, tras la exitosa experiencia en el Bajo Flores porteño.

Texto Luciana Aghazarian.

“Es la primera vez que vemos que alguien se interesa por lo que necesitamos en el barrio”, comienza María del Rosario Selva. Ella es costurera de oficio, tiene 37 años, cuatro hijos y hace casi dos décadas que reside y cose a pedido en el barrio Derqui del municipio bonaerense de Tres de Febrero. Cuando habla se refiere a lo que siente como una oportunidad de crecimiento: un programa que la reclutó a ella y a otras costureras de la zona con el objetivo de empoderarlas, darles herramientas para desarrollar su vocación, pero también para valorar su trabajo, hacer mejor las cuentas, conseguir formalizarse y salir al mundo emprendedor desde otro lugar.

El programa, que tiene una duración de diez meses, es producto de la alianza entre el Centro de Atención Integral para la Inclusión (Caii), una ONG que trabaja para mejorar la calidad de vida de las familias socialmente vulnerables, y La Costurera, empresa social que tiene la misión de capacitar y fortalecer a los sectores que intervienen en las producciones textiles. La idea resulta de un estudio en territorio que el Caii desarrolló a comienzos de este año. “Relevamos 230 grupos familiares en Tres de Febrero y surgió que el 34 por ciento de las personas, sobre todo mujeres, que sostienen económicamente a su familia está vinculado directa o indirectamente con la costura. Entonces, descubrimos que en la zona hay muchos polos textiles informales que trabajan ese rubro, pero no en las mejores condiciones”, explica William Villegas, coordinador del módulo de empleo del CAII.

 

Proyecto en marcha

Con los resultados en la mano y luego del exitoso programa de aceleración textil desarrollado por La Costurera en el Bajo Flores porteño, la alianza entre el Caii y esa agrupación fue inexorable. Si bien la iniciativa se encuentra en su fase inicial de convocatoria a costureras de la zona oeste del conurbano bonaerense, ya está instalada una oficina de asesoramiento laboral –donde se les brindarán herramientas para realizar un currículum o una carta de presentación–, un consultorio emprendedor para darle acompañamiento a los proyectos, implementar planes de negocios y de marketing, y un taller productivo en el que las participantes desarrollarán packaging sustentable para empresas aliadas. “El objetivo final es lograr mayores índices de inclusión laboral”, asegura Villegas.

Selva aprendió a coser en el barrio, en la casa de una vecina que hacía camisolines para empresas. “Empecé con overlock, luego a manejar la recta y me fui largando de a poco a hacer sábanas, cortinas. Más tarde, empecé a trabajar a pedido para una empresa de ropa infantil, pero era demasiada la explotación, me pagaban muy poco y yo no me sabía manejar, así que lo dejé y ahora trabajo por mi cuenta a pedido porque tengo mi propia máquina, pero siempre desde la informalidad”, relata la mujer. “Para mí es muy importante la oportunidad de estar en este programa porque necesito capacitación, saber que uno puede valorar más su trabajo, si no te tenés que conformar con lo que te dan. Quiero aprender moldería, a sacar bien los costos, poner precios y a moverme diferente, porque la costura es lo que me gusta”, se entusiasma.

“Hicimos una reunión grupal para analizar las necesidades que estas mujeres tienen, en qué están capacitadas y en qué no, y estuvimos organizando información para poder traer a los capacitadores de las distintas actividades que están solicitando. Hay un ítem que es transversal, que es la capacitación en plan de negocios para que puedan llegar a ser proveedoras de medianas y grandes empresas. En este momento tenemos un pequeño pedido de arreglos de remeras que vamos a comenzar a hacer con ellas y la idea es, además de brindar las capacitaciones, articular con una cartera de clientes. Queremos generar emprendimientos que puedan autosustentarse y el sueño es que Tres de Febrero se convierta en un polo textil formalizado”, relata el coordinador de módulo de empleo del Caii.

Teniendo en cuenta que se estima que el 90 por ciento de la indumentaria en Argentina proviene del trabajo informal y para intentar comenzar a evitar estos escenarios de explotación e incluso de esclavitud, el programa busca sistematizar los procesos, que haya cada vez más costureras con herramientas para hacer su propio camino. Ya hay 18 emprendedoras que comenzarán su proceso de aceleración textil, con la expectativa de transformar su entorno laboral en proyectos más formales, más justos, más inclusivos.

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