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Mientras abundan los inmuebles desocupados en la Ciudad, la imposibilidad de reunir los requisitos que demanda el mercado formal de alquileres condena a muchas familias a pagar precios altísimos para vivir en condiciones de hacinamiento.

 

Texto Florencia Tuchin.

El número de familias que alquila el lugar donde vive supera el 30 por ciento en la Ciudad de Buenos Aires. Los alquileres se dividen en dos grandes universos: el formal, relacionado con la clase media, y el de las villas, regido por la informalidad. Los conventillos o pensiones representan la parte más vulnerada del mercado formal.

Para alquilar en condiciones de formalidad, en general los inquilinos deben pagarle al dueño un mes por adelantado y uno o dos meses de depósito, además de presentar una garantía a través de una persona que posea una propiedad, abonar gastos de averiguación de antecedentes, certificación de firmas y escribanía. Si el contrato se efectiviza mediante una inmobiliaria, a estas condiciones hay que adicionarle la comisión.

En contraposición a lo que suele creerse, el mercado informal de hogares en alquiler no ofrece precios más bajos. Las familias que recurren a esta modalidad de hábitat deben afrontar alquileres tan elevados como los del mercado formal, pero en condiciones mucho más precarias. Es la única alternativa que queda cuando no se cumplen los requisitos que exige el mercado formal.

En relación con las villas, la antropóloga e investigadora docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento María Cristina Cravino desarrolla: “Más del 50 por ciento de la población en las villas vive en condición de inquilino. Al no contar con contratos, si no pagan en fecha los pueden echar ese mismo día. En los últimos tiempos, los dueños empezaron a poner algunas restricciones en el alquiler en estos barrios”.

 

Asignaturas pendientes

Al ser consultado sobre las políticas públicas en materia de alquileres, Pablo Vitale, de la Asociación Civil para la Igualdad y la Justicia (Acij) asegura que “hubo discontinuidades y no se diseñaron programas que se mantuvieran en el largo plazo”. Cree que, en general, se desarrollaron medidas paliativas y la escala de intervención fue muy limitada.

Otra cara de la misma problemática es la cantidad de inmuebles desaprovechados por parte de sus propietarios, que en muchos casos los dejan casi en estado de abandono. Esto lleva a que existan barrios en zonas urbanas con tendencia a desvalorizarse. La organización Hábitat Para la Humanidad Argentina (Hpha) estima que 100.000 propiedades porteñas están subutilizadas, mientras que 360.000 familias pagan alquileres por viviendas inadecuadas. “Hay que animar a que los propietarios pongan sus inmuebles en uso y que el Gobierno proponga incentivos para que los reciclen, si es que no están en condiciones”, remarca Ana Cutts, directora en Hpha.

 

Un modelo posible

Frente a la cantidad de alquileres precarios, Hábitat Para la Humanidad Argentina buscó soluciones concretas. En una primera instancia, se recuperó un espacio deshabitado de la Ciudad para transformarlo en un edificio de ocho departamentos que se alquilan formalmente a familias provenientes de conventillos, inquilinatos u hoteles-pensión.

El programa estuvo dirigido a familias de la zona sur de Buenos Aires, prioritariamente del barrio de La Boca, famoso por sus conventillos, donde con frecuencia se producen incendios y se vive en condiciones de hacinamiento. La inversión del proyecto superó los 800 mil dólares, ya que el edificio se construyó de cero sobre el viejo conventillo, que no pudo ser remodelado. Tres años le tomó a Hpha la obtención de todos los permisos necesarios, desde la compra hasta el inicio de las obras. El edificio comenzó a ser alquilado a las familias en diciembre de 2016. “El proyecto lo iniciamos para convencer a empresas, gobiernos y donantes de que hay familias que pueden pagar un alquiler normal, pero que viven en condiciones muy severas por no poder acceder al mercado formal”, señala Cutts.

Las ocho familias que iban a alquilar tenían que cumplir con algunas pautas: tener ingresos suficientes, vivir preferentemente en el barrio de La Boca y no ser una familia demasiado numerosa para un departamento chico. “Como lección aprendimos que es importante contar con viviendas amplias, ya que es otra razón de discriminación en el alquiler formal: los departamentos típicos en la Ciudad son muy pequeños y no son adecuados para familias con más de cuatro integrantes”, agrega Cutts.

Este primer proyecto se logró con un 50 por ciento de fondos donados y el otro 50 por ciento del dinero reunido a través de un préstamo. Por el momento, con los alquileres se paga el crédito. En cuanto se haya saldado la deuda, los ingresos de las locaciones permitirán la gestión de nuevas iniciativas.

Las familias que rentan en el edificio de Hpha firman un contrato de dos años que puede ser renovado por otros dos. “Durante el proyecto se realiza un tutelado de las familias que viven en el edificio. Trabajamos desde temas de convivencia y responsabilidades de inquilinos hasta cuestiones legales y administrativas. Este tutelado lo realiza una persona del equipo social a través de reuniones mensuales. Por otra parte, como a las familias se les cobra un alquiler de mercado, van generando un historial de pago regular y formal como antecedente para un futuro alquiler”, desarrolla Cutts.

 

Cómo conectarse

Hábitat para la Humanidad // Hpha: www.hpha.org.ar/es

Acij: www.acij.org.ar

 

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