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Con el acompañamiento del Estado y el aval de la Constitución, unos 150 mil productores enrolados en distintas redes vinculadas a la economía solidaria de ese país dan vida a un modelo de desarrollo alternativo cuyo éxito es objeto de análisis a nivel internacional.

 

Texto Alejandro Cánepa.

 

Dice la Constitución boliviana de 2009, en el inciso III del artículo 306: “La economía plural articula las diferentes formas de organización económica sobre los principios de complementariedad, reciprocidad, solidaridad, redistribución, igualdad, seguridad jurídica, sustentabilidad, equilibrio, justicia y transparencia. La economía social y comunitaria complementará el interés individual con el vivir bien colectivo”. El texto reconoce y potencia al sector social como actor económico y Tercer Sector indagó en el panorama de las organizaciones de aquel país que impulsan nuevas formas de producir bienes y servicios.

Durante los últimos años en Bolivia se desarrollaron distintas normativas desde los poderes públicos para apuntalar otro modelo económico, alejado tanto de la visión neoliberal como de la mirada de la izquierda más dogmática. Dicho sistema reconoce cuatro formas de propiedad: la empresa privada, la estatal, la asociativa y la comunitaria. Estas dos últimas se basan en organizaciones sociales en el ámbito urbano y en el rural, respectivamente.

La Asociación Artesanal Boliviana Señor de Mayo (Asarbolsem) es una organización de productores de la ciudad de El Alto creada en 1989 y definida como una “empresa social de estructura administrativa autogestionaria”. Agrupa a pequeños artesanos de las comunidades aymará y quechua, aunque incluye a integrantes de otros pueblos y es socia de la Wfto, la organización internacional de comercio justo. El 85 por ciento de sus 160 miembros son mujeres.

La función principal de Asarbolsem es potenciar a los pequeños productores que, aislados, no tendrían la misma fuerza. Es imposible imaginar que una oferta comercial dispersa de artesanos logre alguna oportunidad en el mercado. “Nuestra estrategia asociativa permite articular la oferta de artesanías con nichos de mercado, principalmente con importadores que trabajan en condiciones de comercio justo”, dice a Tercer Sector Antonia Rodríguez, su directora.

Cerámica decorativa, tejidos con lana de camélidos e instrumentos musicales son las principales producciones de los integrantes de la organización, que busca “ser económicamente viable, socialmente aceptada y ecológicamente sostenible”, explica Rodríguez. “En una estrategia asociativa unimos esfuerzos para la nivelación y perfeccionamiento de calidad y capacidad productiva destinada a satisfacer la demanda de los productos cumpliendo las exigencias del mercado local e internacional”, agrega.

 

Casos testigo

También tallan fuerte las mujeres en Proagro, organización social con sede en Chuquisaca. Su director, Gonzalo Aguirre Villafán, sostiene: “Nos dedicamos a mejorar el riego para proyectos productivos de agricultura familiar, un sector muy afectado por el cambio climático. Y a partir de un mejor acceso al agua, principalmente las mujeres se han organizado en clubes o pequeñas empresas para cultivar amaranto, cosa que antes no podían por la falta de riego”.

Para no quedarse sólo en producir esa planta, con propiedades parecidas a un cereal, las productoras han obtenido a través de otra entidad, financiamiento para transformar el amaranto en un alimento similar a los copos de maíz, que acompañan los desayunos de los chicos. “También incentivamos la producción de durazno, en parte para el mercado y luego como durazno seco, que se destina al Oriente boliviano como insumo para elaborar mocochincho, un refresco muy popular”, agrega Aguirre.

Otro caso exitoso es la Central de Cooperativas El Ceibo, una organización de segundo grado que nuclea a 50 emprendimientos de 1.200 familias que viven en la zona de Alto Beni, dedicadas a la producción de cacao orgánico. Entre sus ramas incluye una fundación dedicada al desarrollo sostenible, una línea de microfinanzas y el área agroindustrial, que acopia el cacao y produce derivados como licor, manteca y chocolates. Como ejemplo del criterio de reparto de ingresos, diferente al de una empresa privada, una tonelada de cacao vendida por El Ceibo se liquida así: un 77 por ciento para el productor original y sólo el 23 por ciento para la Central. Desde la organización aseguran que con el comercio justo “existen relaciones de largo plazo con el comprador y, por lo tanto, mercados garantizados. Son diferentes de los demás clientes que ven solamente la plata”.

El poderío de la economía social boliviana llama la atención de los investigadores internacionales, como la francesa Isabelle Hillenkamp, que se doctoró en Estudios sobre el Desarrollo con una tesis en el tema. En su artículo “La economía solidaria en Bolivia: ¿efecto moda o verdadero proyecto de sociedad”, remarca que “parte de estos hombres y mujeres que se consideran como los excluidos seculares de los sucesivos modelos de desarrollo ajenos, y especialmente de su último avatar, el capitalismo ‘de mercado’, ven en la economía solidaria un modelo alternativo abierto para ellos y en acuerdo con sus propias tradiciones”. Las investigaciones de Hillenkamp calculan que son 150 mil los productores bolivianos enrolados en las distintas redes vinculadas a la economía solidaria.

Este modelo plural en lo económico le ha dado resultados a Bolivia: un crecimiento de la economía del 4 por ciento durante 2017, de acuerdo con las estimaciones de la Comisión Económica para América Latina (Cepal). Y una expansión que nunca bajó de esa cifra desde la aprobación de la Constitución de 2009.

 

Cómo conectarse: Asarbolsem: https://srdemayo.weebly.com/about.html  //  Central de Cooperativas El Ceibo: www.elceibo.org // Proagro: www.proagro-bolivia.org

 

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