Compartir

Como resultado de que muchos de sus integrantes pasó a la esfera pública, se registra un mayor diálogo entre las organizaciones y Estado. Sin embargo, aún resta profundizar la acción en temáticas que exigen atención, como la ambiental, la de género y la protección de derechos.

 

Texto Marysol Antón.

 

Con una trayectoria que muestra una evolución constante, las Organizaciones de la Sociedad Civil hoy son un actor con peso propio en toda estructura social. Aún con objetivos por concretar (mayor integración entre ellas y ser más eficientes en su financiamiento, por ejemplo) y con demandas hacia el sector político (ser más escuchadas y contar con herramientas legales más específicas para el sector), las OSC se han ido adaptando a los distintos contextos de modos creativos. En los últimos dos años hubo cambios que marcan el ritmo actual de su labor.

“La diversidad y riqueza de la sociedad civil argentina es de tal magnitud que muchos preferimos hablar en plural: pensamos mejor en las sociedades civiles. Hay multiplicidad de situaciones y resultaría muy complejo tratar de abarcarlas en este espacio. Sin embargo, es posible hacer referencia a una situación que las caracteriza y que ha permanecido bastante invariable a lo largo del tiempo, y es su capacidad de adaptación, innovación y creatividad. Pero, curiosamente, estos talentos sociales no han generado la misma cantidad de aprendizajes colectivos ni se conocen de manera generalizada las buenas prácticas que existen. ¿Por qué? Quizás porque persiste una tendencia a la fragmentación y al aislamiento. Es bastante probable que en un mismo municipio entidades que trabajan en problemas parecidos o en cuestiones complementarias, estén desconectadas entre sí”, describe Mercedes Jones, presidenta del Foro del Sector Social.

“Especialmente en estos dos últimos años se vio una migración al sector público de equipos de distintas ONG. Esto, primero generó un vacío, pero al mismo tiempo abrió la oportunidad de un mayor diálogo en algunos sectores entre el Gobierno Nacional y los sectores sociales; y sucedió en diversos campos, como medio ambiente, desarrollo, cultura y más –aclara Gabriel Berger, docente y director del Centro de Innovación Social de la Universidad de San Andrés–. Esta apertura también implica que hoy desde el Estado se convoca más a las entidades a pensar proyectos, a que expongan cómo creen que se deben abordar las problemáticas y hasta a participar de acciones.”

La apertura que señala el catedrático es percibida por el sector en general, aunque no todos consideran que es una práctica que esté en total funcionamiento. “Como cambio importante notamos que el Gobierno Nacional, a partir del acceso a la información pública, instaló la noción de gobierno abierto, un avance muy valioso y que antes era difícil de lograr. Que las distintas administraciones tengan áreas orientadas a esta modalidad implica ya una mayor receptividad, un accionar colaborativo y que rinde cuentas; todo esto mejora el diálogo. Lamentablemente, para quienes trabajamos en el interior del país, también debemos aclarar que no siempre somos llamados a discutir los temas, incluso cuando son propios de nuestras regiones, como los ambientales, los que tienen que ver con la minería y más”, advierte Pamela Cáceres, presidenta de la Asociación Civil Nuestra Córdoba y miembro del Grupo Coordinador de la Red Ciudadana Nuestra Córdoba.

 

Cuestión de agenda

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) trazados por las Naciones Unidas marcan la estructura central y generan agenda tanto en el área social como en la estatal. Sin embargo, hay temas en los que todavía hay cierto retraso o que han sido relegados. “En la Argentina hay tres grandes problemáticas de agenda: la ambiental (que incluso ya la toman muchas empresas), los nuevos modos de organizarse para la supervivencia (sobre todo en los barrios más pobres ya se nota que se empiezan a ordenar para paliar las carencias) y la relación entre ONG y Gobierno, que aún falla en la coordinación. Por otro lado, una temática que todavía no fue incluida en la agenda es la de la mujer: por su realidad en el ámbito laboral, en cuanto a la violencia y acoso que recibe”, señala Adriana Sirito, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina.

Con una amplia experiencia de trabajo en el campo, Gustavo Gioseffi, presidente del Centro para la formación y organización social  (Forga), no duda en afirmar que en el último año crecieron en un 70 por ciento la demanda de los comedores comunitarios, que no sólo tienen hoy más comensales, sino que se multiplican las sedes. “Creemos que el foco de la mirada de las ONG debe estar puesto en las necesidades del pueblo y no en que a la propia entidad se le genera para dar solución al tema. Así, es un momento valioso cuando es el Estado el que convoca para resolverlo y dándole un volumen totalmente distinto, expandiendo el radio de acción. Hoy hay temas que están en agenda pero no son tomados por el gobierno, como los de género o los de violencia institucional”, explica el especialista.

Por su parte, Félix Bombarolo, arquitecto y sociólogo, consultor del Banco Interamericano de Desarrollo y uno de los autores del libro Investigación diagnóstica con enfoque participativo (Noveduc), asegura que “la grieta también afectó a las organizaciones sociales”. Según el analista, esto se expresa de un modo claro: “De un lado, aparecen las organizaciones sociales más vinculadas a la protección de derechos, ligadas a una cultura llamada comúnmente nacional y popular, colectivista, cercana a la educación popular, a una concepción política de la acción social, próxima al fortalecimiento de la acción del Estado. Por el otro lado, están las organizaciones sociales más cercanas a una mirada asistencial, más tradicional e individual, productivista, impregnada de conceptos empresariales como la eficiencia y la eficacia, más próxima al vínculo de lo social con el mercado.”

Parte de esta diferenciación también es percibida por Marcela Czarny, presidenta de Chicos.Net, organización dedicada a la educación y la tecnología. “El Gobierno tiene más apertura a las ONG en general, y acude a ellas en varios aspectos que no puede abordar. De todos modos, se ve mucha dispersión en las diferentes instancias gubernamentales y poca articulación desde diferentes espacios estatales que proponen temas similares. Dentro de este contexto, tienen mucho protagonismo todos los programas que están alineados con las políticas del Estado (modernización, emprededurismo, inclusión digital), pero faltan miradas más macro, más inclusivas de otras problemáticas que implican tomar la educación de un modo más integral: con valores que van más allá del exitismo, de llegar bien a las pruebas Pisa o de pensar en los trabajos del futuro. Esto es sólo una parte del tema educativo.”

También empiezan a ganar terreno en el mundo empresarial las llamadas organizaciones del cuarto sector, que ya tienen incluidos en su estructura los objetivos sociales. “En el país hay ejemplos interesantes como Ondulé, de juguetes ecológicos, o La Escombrera, que reutiliza los residuos de la construcción”, detalla Federico Zárate, director de Administración y Formación de Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresaria.

“En estos años se profesionalizó mucho la inversión y las entidades deben adaptarse a esto. Muchas siguen tocando puertas, por ejemplo, en empresas cuyo producto no está vinculado al tema que desarrollan. Hoy las compañías planifican su responsabilidad corporativa con un foco, exigiendo a las organizaciones ver los resultados de sus acciones”, agrega.

 

 

 

Hacia la unidad

Recientemente se puso en funcionamiento la Mesa de Redes de la Sociedad Civil de Argentina, que está integrada por la Federación de Fundaciones Argentinas, el Foro del Sector Social, la Red Encuentro de Entidades No Gubernamentales por el Desarrollo, la Red Argentina de Cooperación Internacional, la Red de Bancos de Alimentos y el Grupo de Empresas y Fundaciones Empresarias.

“Esta Mesa de Redes asume como propio el desafío de participación en la vida democrática del país desde la perspectiva de los Objetivos de Desarrollo Sustentable y la promoción y defensa de los derechos humanos de todos los ciudadanos y ciudadanas”, destaca Mercedes Jones, presidenta del Foro del Sector Social.

Para quienes trabajan en el sector, uno de los objetivos para 2018 es aumentar la coordinación entre las organizaciones. Así lo afirma Guillermo Correa, director ejecutivo de la Red Argentina para la Cooperación Internacional. “A la hora del trabajo conjunto sigue faltando un poco más de esfuerzo para concretarlo; hay que hacer un mejor uso de los recursos, pues cada día son más escasos”, señala.

“Todavía debemos modificar nuestra modalidad de gestión de recursos e incorporar fuertemente la tecnología. Buscar formas más creativas de relacionarnos con nuestros entornos. Adecuar las estructuras y dispositivos institucionales a los nuevos tiempos, haciendo gestión de la transparencia y la incidencia, del conocimiento, del cambio, de la colaboración. Para no desperdigar esfuerzos existe la necesidad de formar espacios de trabajo conjunto, coaliciones y bloques regionales e internacionales para fortalecer nuestra tarea por el bien común”, remarca Jones.

 

 

Desafíos y amenazas para el sector social. Por Carlos March*

Los balances entre activos y pasivos terminan inclinándose para el lado del resultado negativo o positivo. Poniendo la lupa en los pasivos (desafíos) y en lo negativo (amenazas), podemos señalar que no se ven avances estructurales en el denominado sector social organizado.

Existen dos desafíos que demandan, uno un cambio de paradigma y el otro un cambio de lógicas. El primero trata de la falta de articulación entre las organizaciones sociales para evitar dividir capital social, mal invertir recursos en acciones superpuestas y duplicadas y generar una curva de colaboración que permita producir impactos integrales e integrados que aseguren movilidad social ascendente en escala. El segundo, exige un cambio de lógica para poder identificar las agendas programáticas y los procesos de transformación más desafiantes e innovadores, aquellas iniciativas que permitan unir la innovación social, tecnológica y en negocios para aumentar cuantitativamente el alcance de la transformación social, acelerar los procesos con tecnología y desarrollar negocios que no hagan depender la sustentabilidad sólo de la filantropía.

Y existen dos amenazas graves, una que requiere de voluntad política y otra que precisa coraje de las organizaciones sociales. La primera se centra en avanzar con las reformas fiscales, legales y laborales que permitan a las organizaciones sociales poder formalizarse (la mayoría de las ONG no tiene personería jurídica), acceder a un régimen de desgravación impositiva amplio y a normas laborales adecuadas. La segunda se centra en la interacción de las organizaciones sociales y sus referentes con el Estado y la política. No existe una estrategia desde el sector social ni para evitar que las organizaciones sean manipuladas mediante los subsidios ni para acompañar a los líderes sociales que pasan a disputar poder político u ocupar roles en el Estado para que puedan continuar impulsando sus agendas y valores en contextos hostiles.

*Miembro de la Comisión Directiva de la Confederación de la Sociedad Civil.

 

Cómo conectarse: Foro del Sector Social: www.forodelsectorsocial.org.ar  // Avina: www.avina.net  // Centro de Innovación Social: http://live.v1.udesa.edu.ar/Unidades-Academicas/Centros/Centro-de-Innovacion-Social  // Red Ciudadana Nuestra Córdoba: http://www.nuestracordoba.org.ar/  // UCA: Chttp://www.uca.edu.ar  // IARSE: www.iarse.org  // RACI: http://raci.org.ar

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here