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Mientras a nivel global crecen los niveles de conciencia sobre la magnitud del desperdicio de comida, que representa el 33 por ciento de la producción total, muchas ONG trabajan para revertirlo en diferentes países.

Texto Alejandro Cánepa.

Papas porque tienen formas que no encajan con las que se supone debería tener ese tubérculo. Panes, porque están duros y no se vendieron. Manzanas, porque se abollaron en el traslado. Bifes, porque se vencen y también quedaron en la góndola. Merluzas, porque sus carnes se destrozaron en la pesca y ya no se pueden comercializar. Lo mismo sucede con tortas, bananas, cebollas, salmones, pastas, quesos… En todo el mundo se produce mucha más comida que la que hace falta para alimentar a toda la humanidad. El problema anida en la distribución de los recursos para conseguirla y, ante ese panorama, el derroche de alimentos es un pecado moral y mortal y distintas ONG luchan para revertirlo.

El tipo de organización más conocida es el banco de alimentos. De hecho, existen en países tan diferentes entre sí como Panamá, Sudáfrica, Argentina, Paraguay, Canadá e India, entre otros. Sin embargo, surgen otras iniciativas novedosas, como la alemana Foodsharing. “Somos una organización que combate el desperdicio de alimentos desde 2012. Originalmente, surgió de voluntarios que rescataban comida todavía utilizable de la basura de supermercados”, dice el documentalista alemán Valentin Thurn, uno de los creadores. En la actualidad buscan aliarse con los locales para que les separen la comida que ya no puede utilizarse.

Luis Tamayo, de Foodsharing España, dice: “En la época de los contenedores, en tres horas de recogida por las zonas calientes, conseguíamos comida para cien personas. Nos hemos acostumbrado a comer por los ojos, así descartamos un tomate porque no es tan rojo o tiene una manchita, cuando es perfectamente comestible. La Tierra da lo que da”.

La organización se extendió y aparte de las réplicas en suelo español, posee otras en México, Argentina y Chile. Thurn dice que ahora trabajan junto a “gente que se va de vacaciones, cocina demasiado o compró la comida equivocada, que puede ofrecer esos alimentos online a cien mil usuarios” a través de la plataforma de la red. “Además, inventamos el concepto de ‘Fair-Teiler’, con canastos y a veces una heladera, en sitios públicos, para darle a la gente que no tiene acceso a Internet la posibilidad de participar de Foodsharing”, agrega. Thurn reconoce que “el pilar más fuerte contra el desperdicio de alimentos son más de 12 mil voluntarios, llamados ‘Foodsavers’, que recolectan comida de negocios”.

La austríaca Felicitas Schneider, coordinadora del Encuentro de Científicos en Agricultura del G20 e integrante del Instituto Thunen de Análisis de Mercado, dice: “La redistribución de excedentes de comida tiene ventajas para todos los participantes: las empresas no tienen que tirar productos, las ONG pueden obtener recursos y comida y la gente que la necesita tiene el alimento”.

En ese sentido, otro tipo de experiencias también busca compartir la comida ya elaborada y servida. Por caso, en Brasil, Satisfeito es una iniciativa impulsada por el Instituto Alana y por dueños de restaurantes de San Pablo, mediante la cual, cada cliente puede elegir dos modalidades de plato: la común y el modo “satisfecho”. En esta última paga lo mismo que la primera, pero recibe una porción algo menor. La diferencia en el costo no se la queda el comercio, sino que se destina a una ONG.

También existen otros emprendimientos que combinan la causa contra el desperdicio de comida con cierto criterio comercial. En Italia, la aplicación Last Minute Sotto Casa, impulsada por la Universidad Politécnica de Turín,  permite a los encargados de rotiserías y minimercados avisar qué comida está por vencer, así los usuarios pueden acercarse a los locales y comprar los productos a mitad de precio. En Francia, en tanto, MeetzeChef es otra plataforma en la cual quienes se registran pueden saber dónde hay un plato disponible en una casa en la que sobró comida. Si bien no es en sí gratuito, el servicio establece que no se puede cobrar más de un euro por lo que cada uno se lleva. “Basta con que en la misma ciudad haya dos personas”, resume Laurence Kerjean, la cofundadora de MeetzeChef, para explicar la interacción entre quienes tienen un plato de comida de más en la casa y los que necesitan algo para cenar o almorzar.

Hay un cambio cultural, gradual pero perceptible. De a poco comienza a tenerse más conciencia del despilfarro de comida, en un contexto mundial donde se mantienen profundas desigualdades sociales. La austríaca Schneider, una de las investigadoras más importantes del tema, asegura: “Cuando empecé con esta problemática en 2001, era muy difícil hacerse entender con los empresarios y políticos. Ahora, al menos en Europa, es poca la gente que nunca escuchó hablar de desperdicio alimentario”. De todos modos,  el plato fuerte de la lucha contra el derroche de alimentos se podrá servir cuando el consumo y el acceso a ellos cambien de raíz.

 

En números

  • 1,3 billón de toneladas de comida que se tiran anualmente en todo el mundo.
  • 33% del total de la producción mundial de alimentos se desperdicia.
  • 45% de frutas y verduras en todo el mundo que se desperdician.
  • 20%  el porcentaje de carne que se descarta.
  • 8% del total de pescado que es arrojado nuevamente al mar, ya sin vida o gravemente herido.
  • 286 los millones de toneladas de cereal que se desperdician, sólo en países industrializados.
  • 5.814.000 de toneladas de raíces y tubérculos se desperdician a lo largo de la cadena de consumo, sólo en América del Norte y Oceanía.

Fuente: FAO/ONU

 

Cómo conectarse: Foodsharing: www.foodsharing.de  //  MeetzeChef: www.meetzechef.com  // Last Minute Sotto Casa: www.lastminutesottocasa.it  // Instituto Thuenen: www.thuenen.de

 

FuenteRevista Edición 112
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