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En la Ciudad de Buenos Aires hay una alternativa para evitar abusos en la cadena de comercialización de alimentos. Esta agrupación acerca a los consumidores con los pequeños productores agrícolas a precios accesibles donde todos ganan.

 

Texto Laura Eiranova.

 

Sin intermediarios, sin explotación para el que produce y sin abusos para el que compra. Ese es el lema de Más cerca es más justo (Mcmj), un colectivo que acorta la cadena entre productor y consumidor, salteando los eslabones que encarecen y desvirtúan esa relación.

Es una iniciativa del Instituto para la Producción Popular (IPP) y lleva dos años haciendo circular más digna y justamente los alimentos entre las manos de quienes los producen y aquellos que los consumen.

Mcmj comenzó con un grupo pequeño y hoy es un equipo de operaciones sólido. También su sede creció: empezó funcionando en un garaje y, en la necesidad de expandirse, apareció la posibilidad de operar en una fábrica recuperada.

Donde antes se producían engranajes para la industria automotriz (la Cooperativa Universal de Avellaneda), hoy Más cerca es más justo tiene su base de operaciones, dando trabajo, incluso, a los obreros metalúrgicos que habían quedado desocupados.

Daniel Cacciutto, su coordinador general, explica la modalidad a Tercer Sector: “En lugar de venderle al Mercado Central y seguir la ruta tradicional de los alimentos, los productores arman bolsones de sus productos y les ponen el precio que consideran justo; nosotros los recibimos y acercamos a los vecinos en cien puntos de distribución”.

Parece un circuito lógico, pero no es simple llevarlo a cabo. La razón es lo arraigado del sistema que conduce al consumidor automáticamente al supermercado y le impone sus reglas de mercado a quien es productor.

Fue y es una tarea de hormiga. “Vamos a conocer personalmente a los productores, buscamos su confianza y luego nos toca convencer al vecino de que esta forma alternativa de comprar construye algo diferencial en términos culturales, sociales, económicos y de salud”, detalla Cacciutto.

En comunidades pequeñas, la relación directa productor-consumidor es posible por el beneficio de la cercanía, pero en una gran ciudad, el vínculo se logra gracias a una cadena de voluntades y la ayuda de la tecnología.

 

Modo de uso

Detrás de la artesanal ingeniería que fue construyendo Mcmj, el alma para llegar al consumidor, la gran góndola que expone y vincula, es la web.

Al ingresar al sitio, no hay un changuito sino una proclama: “Nos cuesta advertirlo, pero lentamente hemos ido entregando nuestras necesidades básicas a empresas que sólo tienen como objetivo ganar dinero, definen los precios, determinan qué consumimos, haciéndonos creer que estamos eligiendo”.

Allí se ofrecen los productos y sus precios, por categorías: Frutas y hortalizas (de estación), Almacén (hay fiambres, quesos, aceite, yerba, miel, vinos), Carnes (de todo tipo), Perfumería y también Juguetes.

En un mapa se puede elegir un nodo o punto de entrega: hay almacenes saludables o dietéticas, grupos de vecinos, organizaciones sociales y políticas que se sumaron al proyecto.

Para comprar, en un formulario se marcan los productos deseados y se elige dónde retirarlos. Las órdenes se reciben de lunes a jueves y el sábado es el día de entrega. El consumidor acude al lugar elegido y paga en efectivo.

 

El precio justo

Ana, una chacarera de la Unión de Trabajadores Sin Tierra de Cuyo, asegura: “Cuando vemos los precios en las verdulerías nos agarramos la cabeza. En cambio, esta es una experiencia distinta: somos dueños de nuestro tiempo y nuestro trabajo”.

Los precios parten de un número justo para al productor, que respete el valor de su trabajo, y se completan con los costos que implican los procesos.

“Buscamos que sea una comercialización que no especule ni tenga como meta hacer un negocio, que sea una cadena de trabajo, donde cada uno cobre por el tiempo que insumen la administración, la logística y el transporte”, explica Cacciutto.

La red se afianzó, pero aún hoy el gran desafío es la vinculación. “Hay una dificultad muy profunda en cualquier grupo de trabajo autogestivo, que es vincularse de manera efectiva y sinérgica, dejando egos, celos e historias personales de lado y pudiendo construir en conjunto hacia un objetivo común”, agrega.

Hay productores que lo facilitan. Ignacio, tercera generación de panaderos, dice: “Desde La Cuadra (su emprendimiento) tuvimos mucha suerte porque siempre quisimos trabajar de forma colectiva y, a la hora de acercar nuestro producto a la gente, encontramos a Más cerca es más justo”.

Hay consumidores que lo agradecen. En la página de Facebook de Mcmj hay cientos de opiniones positivas, como la de Laura Gorini: “Es muy importante consumir productos de cooperativas y pequeñas empresas, y aquí están nucleadas para que sea más fácil acceder. Las verduras son riquísimas, los huevos increíbles, los fideos rinden muchísimo y párrafo aparte para las bananas, ¡que son la cosa más rica que comí en mi vida! Los felicito por el esfuerzo que hacen”.

En números

  • 50 los productores que participan.
  • 10 mil kilos, los alimentos que entregan por semana.
  • 100 puntos de distribución en Capital y Gran Buenos Aires.
  • 120 pesos, la paga por hora de trabajo.

 

Cómo conectarse:

Más cerca es más justo: https://www.mascercaesmasjusto.org.ar

 

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