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Con el propósito de reducir la pobreza y la desigualdad, desde hace más de veinte años, la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores y Trabajadores de Comercio Justo impulsa una práctica que ya se desplegó en todo el continente.

 

Texto Florencia Tuchin.

 

Los primeros pasos los dieron los cafeteros en los años ’80, durante la década siguiente se sumaron los apicultores y luego lo hicieron otros sectores, lo que derivó en la creación de la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores y Trabajadores de Comercio Justo (Clac), que ya cuenta con más de veinte años de existencia.

“Creemos que el comercio es un motor fundamental para la reducción de la pobreza, las desigualdades y para lograr un desarrollo sostenible. El comercio justo promueve un cambio en la vida de las personas y las organizaciones. Es capaz de brindar un precio mínimo para los productos y así los productores no dependen de la inestabilidad de los precios. Es una posibilidad para terminar con las brechas de la región”, destaca Xiomara Paredes, directora ejecutiva de la Clac.

El objetivo del movimiento es fomentar la cultura de un consumo responsable para que los ciudadanos entiendan la importancia de comprarles a los pequeños productores y artesanos organizados democráticamente, eligiendo así el modelo de desarrollo que quieren para sus comunidades. “Consumir es elegir qué tipo de desarrollo se quiere”, afirma Paredes.

En la actualidad, la red cuenta con más de 700 organizaciones miembro en 24 países del continente. Se articula a través de coordinadoras nacionales (que aglutinan a los productores de un mismo país pero de diferentes productos), de redes de producto (que nuclean a los productores de un mismo producto pero de los diferentes países del continente) y de una red de trabajadores. La Clac representa a todas las organizaciones certificadas “Fairtrade” de América latina y el Caribe, así como a otras organizaciones de comercio justo; su misión es defender y promover los intereses, el empoderamiento y el desarrollo de sus miembros asociados y sus comunidades.

A su vez, tiene un equipo operativo donde se destaca la presencia en cada país de gestores de fortalecimiento y desarrollo. Estas personas son las encargadas de acompañar a las organizaciones de productores para ayudarlos a mantener la certificación, brindan capacitación y asistencia técnica y también realizan actividades de promoción, difusión e incidencia. La Clac tiene herramientas virtuales para el intercambio de conocimiento y difusión.

 

Una marca global

El sistema Fairtrade International es un paraguas global que aglutina redes de productores y organizaciones nacionales de comercio justo. Actualmente, es el actor de comercio justo más importante a nivel mundial y promociona los productos certificados con la marca Fairtrade. Su creación, en 1997, se debe a la convergencia entre las dos primeras certificaciones de comercio justo: Max Havelaar y TransFair.

“Argentina posee una estructura particular que nos diferencia de gran parte de los países donde opera la Clac. Por un lado, dentro de los productos certificados se destacan dos: la miel y el vino. También, en los últimos años se fueron certificando algunas frutas, como arándanos, manzanas, peras y frambuesas. Al no ser los productos principales del comercio justo, el desarrollo y presencia de Argentina en la Clac y Fairtrade no es tan importante como otros países. Es por eso que este año, luego de la realización de algunos talleres entre las organizaciones, se vio la necesidad de conformar una coordinadora nacional, que hoy no existe aquí. Esto permitirá fortalecer la Clac y el sistema Fairtrade. Actualmente, los países con mayor cantidad de miembros son Perú, Colombia y México y los productos más importantes son el café y el banano”, señala Mariano Salerno, gestor de Fortalecimiento y Desarrollo en Argentina.

Según Salerno, la certificación permite acceder a un sistema comercial diferente, donde se asegura un precio mínimo y se paga una prima adicional. Las relaciones comerciales suelen ser de largo plazo y transparentes. En los lugares de venta se realiza difusión sobre el origen del producto dando visibilidad a las organizaciones certificadas.

En el largo plazo, Paredes ve a la Clac como una red que va a brindar más y mejor servicio a las organizaciones miembro. Hoy, una barrera es el mercado. Si bien año a año las ventas de Fairtrade crecen, los mercados son limitados y no permiten que las organizaciones vuelquen toda su producción bajo este sistema. Esto se relaciona con otro obstáculo, que es el desconocimiento del comercio justo en gran parte de la población.

“En Argentina, el principal desafío que enfrentamos es armar la coordinadora binacional, ya que estaremos incluyendo a Uruguay, donde hay sólo una cooperativa de miel certificada. Tener esta organización facilita la visibilidad y el acercamiento a otros actores públicos y privados. Una de las principales tareas es hacer incidencia para aumentar los apoyos y el consumo de productos de comercio justo. El otro gran desafío planteado es el desarrollo del mercado local. Hoy la certificación Fairtrade está vinculada al mercado de exportación, pero vemos como necesidad desarrollar nuestro propio mercado. Ya existe una bodega que está trabajando en eso y queremos sumar más”, desarrolla Salerno.

 

Cómo conectarse: Clac: clac-comerciojusto.org // comunicacion@claconline.com

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