Compartir

El trabajo mancomunado de estudiantes de distintas carreras de la Universidad de Buenos Aires, junto con la ONG SOS Aborigen logró desarrollar un sistema que acerca agua a la comunidad Pilagá de Formosa.

Textos: María Sol Abichain

Más de 30 voluntarios de distintas facultades de la Universidad de Buenos Aires (UBA), impulsados por una propuesta de la ONG SOS Aborigen, aunaron esfuerzos y conocimientos para llevar Agua de Esperanza y un futuro más saludable a las familias de la comunidad originaria La Esperanza, en la provincia de Formosa, a través del programa de subsidios Ubanex.

La comunidad pilagá de La Esperanza es una de las tantas poblaciones originarias del norte argentino que enfrenta graves problemas de acceso al agua para cubrir sus necesidades básicas de hidratación, higiene y desarrollo ambiental. Si bien la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja un acceso mínimo de 20 litros diarios de agua por persona y de una fuente que se encuentre a menos de un kilómetro, los habitantes de La Esperanza sólo contaban con 5 litros diarios y debían caminar 30 minutos para abastecerse.

Graciela Harksen es miembro de la ONG SOS Aborigen, que se creó a fines de los años ´90 con el objetivo de disminuir el aislamiento y la marginación de las comunidades originarias del país. Fue así como conocieron La Esperanza y se interiorizaron de sus problemas. “En las visitas que realicé lo que más me impactó fue un día que hacía 40 grados de calor y comenzaron a acercarse unas avispas enormes. Nosotros no entendíamos por qué la comunidad se empezó a asustar, hasta que nos comentaron que el problema era que buscaban el líquido de nuestra transpiración”, relata.

Al detectar que la falta de agua era tan grave como permanente, Graciela golpeó distintas puertas para recibir asesoramiento y poder ayudar. “Cuando me acerqué a la Facultad de Ingeniería de la UBA esperaba que me recomendaran qué hacer y, en lugar de eso, surgió algo fantástico”, destaca Harksen.

La necesidad planteada desde la ONG coincidió con la inquietud de dos estudiantes de Ingeniería Mecánica que estaban redactando su tesis final sobre el medio ambiente y el agua. La dirección de la carrera ofició de nexo con los jóvenes, quienes luego de una primera visita a Formosa para interiorizarse sobre la problemática se dieron cuenta de que “la situación era terrible, mucho peor de lo imaginado”, asegura Lucas Franck, ingeniero mecánico y colaborador de Agua de Esperanza.

Al regresar a Buenos Aires y con la convicción de querer ayudar a paliar el problema, se contactaron con Eduardo Álvarez, responsable del Departamento de Ingeniería Mecánica y actual director del proyecto. Luego armaron un grupo interdisciplinario de investigación con 30 estudiantes voluntarios de diferentes facultades de la UBA, presentaron una propuesta y ganaron el programa de subsidios UBANEX de extensión universitaria, y durante un año buscaron alternativas sustentables y no invasivas para aumentar la disponibilidad de agua en la comunidad La Esperanza.

Ingenieros, médicos, psicólogos, biólogos, cientistas ambientales y trabajadores sociales se unieron y pusieron en práctica sus conocimientos. Martín Ayala, ingeniero químico y participante de Agua de Esperanza, enumera: “Los químicos nos dedicamos a investigar el agua, los civiles el suelo, los industriales buscaron recursos viables y organizaron los viajes a Formosa y los psicólogos y trabajadores sociales generaron el contacto con las comunidades”. Otra integrante, la ingeniera civil Mercedes Traversa, manifiesta con emoción: “Al principio era solo presentar el proyecto, pero cuando lo aprobaron comenzó la enseñanza de cómo arrancar e integrar las distintas formaciones académicas”.

 

Manos en Acción

En sus primeros viajes a Formosa, los estudiantes evaluaron las diversas posibilidades a implementar para solucionar el acceso al agua de la comunidad. “Al analizar las posibles fuentes hídricas coincidimos en que la opción más viable era construir un sistema de recolección, almacenamiento y tratamiento de agua de lluvia, porque asegura agua de calidad, es una práctica que usan otras comunidades de la zona y es sostenible en el tiempo”, explica Martín Ayala.

Con el subsidio entregado por UBANEX, más un aporte realizado por la Facultad de Ingeniería y otro tanto recaudado por los voluntarios en fiestas y recitales o a través de la venta de remeras y prendedores, se reunió el dinero necesario tanto para comprar tanques y cañerías como para transportar a los estudiantes encargados de planificar y construir la obra.

Durante diez días, los voluntarios vivenciaron junto a los habitantes de La Esperanza las dificultades derivadas de la falta de agua, las lluvias excesivas, los caminos barrosos y, juntos, trabajaron por la comunidad. El resultado fue un sistema de recolección y almacenamiento con una capacidad de 80.000 litros de agua y un enorme alivio para un grupo humano que, gracias al cambio, logró tener plantas, cultivos y criar animales.

La experiencia en Formosa no tardó en conocerse y actualmente los estudiantes iniciaron un nuevo proyecto junto al grupo Almas al Cielo para solucionar la problemática del agua en dos comunidades con escuelas rurales de la provincia de Santiago del Estero. ”Estamos esperando la aprobación de este año del programa de subsidios UBANEX de extensión universitaria de la UBA”, explica Melisa Báez Artaza, licenciada en Relaciones del Trabajo y colaboradora de Agua de Esperanza.

 

Cómo conectarse

Agua de Esperanza // Mail: aguadesperanza@gmail.com // Facebook: AguaDeEsperanza

 

FuenteAgua de Esperanza
Compartir

No hay comentarios

Dejar una respuesta